Franco Grammatico y el oficio invisible del intérprete médico
En una nueva entrega de "Altos Oficios", Franco Grammatico contó su experiencia como intérprete médico.
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"Pujae, puje, puje". Durante más de media hora, esa fue la única palabra que Franco Grammatico repitió una y otra vez. Del otro lado de la línea telefónica, un médico en Estados Unidos le decía a una futura mamá latina "push, push, push", y él, desde su casa en la Argentina, se convertía en la voz que guiaba uno de los momentos más intensos en la vida de una persona. Esta es solo una de las postales de su antiguo trabajo como intérprete médico, un "alto oficio" que trasciende el simple manejo de un idioma.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailFranco, hoy parte del equipo de Alto Día, programa que se emite todos los sábados de 11 a 13 por El Eco Streaming, Eco TV y Tandil FM 104.1, se desempeñó como intérprete de inglés-español para empresas que, especialmente después de la pandemia, comenzaron a contratar personal remoto de todas partes del mundo.
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Comúnmente, suele confundirse al intérprete con el traductor. Por ello, Franco explicó su diferencia: “El intérprete interpreta en la oralidad, el traductor es quien traduce un texto. El carácter principal del intérprete médico son siempre llamadas médicas”.
El mecanismo es un puente vital en el sistema de salud de países con alta población migrante. "Imaginemos un hospital en Estados Unidos al que llega una mamá mexicana con su hijo y en la guardia no hay nadie que hable español. El enfermero levanta el teléfono, llama a la empresa y esta deriva la llamada al intérprete que esté disponible", detalló.
A partir de ese momento, el intérprete se convierte en un participante crucial de una llamada de tres vías, junto al profesional de la salud y al paciente. Su trabajo, medido en minutos de llamada, puede variar enormemente. "Hay llamadas que duran el promedio de 10 a 15 minutos, pero la del parto duró más de una hora y media", recordó.
El espectro de situaciones es tan amplio como la medicina misma. Desde una consulta de rutina para varios niños de una misma familia hasta el ya mencionado parto. En esa ocasión, su tarea no era solo la de repetir una palabra, sino también la de transmitir con precisión preguntas delicadas en un momento de alta vulnerabilidad. "El doctor me dice 'pregúntele del uno al 10 qué tanto dolor siente'. La chica obviamente sumida en dolor, casi sin poder hablar... y uno intenta comunicar lo más fielmente posible lo que necesita saber el doctor para poder continuar", relató.
“No sabía en qué idioma estaba hablando”
La historia de cómo Franco Grammatico se convirtió en intérprete médico no comenzó en un instituto especializado ni en una embajada, sino en una pensión de Tandil durante 2023. "Estaba en la típica de tirando currículum, más en el mundo gastronómico que otra cosa", recordó. El giro llegó a través de una amiga de la infancia: "Me dijo 'Che, armate un perfil de LinkedIn, fíjate que yo estoy haciendo un entrenamiento para ser intérprete'".
La oportunidad era para una empresa estadounidense, lo que la hacía doblemente atractiva. "La oferta era muy atractiva porque el pago era en dólares y desde la comodidad de tu computadora en tu casa", reconoció.
Sin embargo, para acceder a ese puesto tuvo que superar un riguroso entrenamiento intensivo de un mes, ocho horas por día. "Las primeras dos semanas testean tu nivel de inglés: fluidez, pronunciación, gramática. Y las dos semanas siguientes son totalmente de vocabulario técnico. Tuve que aprender mucha terminología, muchas drogas", detalló. Durante ese tiempo, le enseñaron técnicas de taquigrafía y le proveyeron diccionarios y herramientas para poder consultar términos complejos en tiempo real.
Superado el entrenamiento, comenzó el trabajo real, una experiencia que describió como agotadora y mentalmente desafiante.
"Llegó a un punto en el que no sabía en qué idioma estaba hablando. Por ahí no te sale una palabra en español o gramaticalmente ordenaba la frase como si fuera en inglés. Me parecía que tenía algún grado de dislexia", confesó.
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El trabajo lo expuso a situaciones de una crudeza impactante, especialmente en llamadas de salud mental. "He escuchado cosas terribles. Cuando cortás la llamada y recapitulás lo que estuviste diciendo, decís 'wow, no puede ser'", expuso.
Y recordó un caso particular: "He tratado con pacientes con esquizofrenia que te dicen 'Tengo un señor al pie de la cama que me está pinchando los pies'. Y yo comunicándole eso al médico... En el momento no te das ni cuenta porque estás en esa tarea de traducir, y cuando cortás la llamada decís 'Uh, qué fuerte'".
La presión aumentaba al tratar con niños muy pequeños. Fue en una de esas llamadas donde la tensión le jugó una mala pasada. "Por los nervios de no querer mandarme un moco, me mandé un moco. Fue contraproducente", admitió con honestidad.
"La doctora me dijo que el nene no podía tomar agua y yo le dije a la madre que podía hacerlo", contó. Afortunadamente, la reacción de la madre fue la clave para enmendar el error. "La misma madre se sorprendió y dijo '¿Cómo, agua?'. Yo le dije 'Sí, sí, pará que chequeo con la doctora'. Le volví a preguntar y efectivamente no podía, era un niño de un par de meses", concluyó.
"Tenés 24 horas para pagar o los matamos a todos"
Muchas veces, el trabajo de un intérprete trasciende la barrera de lo médico. Así lo reveló Franco Grammatico al recordar una de las llamadas más tensas de su antiguo oficio: ser la voz de un hombre que escapaba de las amenazas de narcotraficantes.
"Había muchas llamadas de personas que estaban buscando obtener la green card o la ciudadanía", contó. Aunque la rutina podía hacer que muchas historias se desvanecieran, algunas, como la de un solicitante de asilo de Perú, eran imposibles de olvidar.
"Él tenía que contar toda esa historia y justificar por qué estaba buscando el asilo político", comenzó narrando. La historia trascendió en un pueblo rural de Perú, "un territorio completamente dominado por los narcos", donde los trabajadores debían pedir permiso a las guerrillas para poder entrar.
El hombre contó que, al finalizar un turno de 15 días, el convoy de vehículos en el que viajaba fue emboscado. Los narcos se subieron y lanzaron la primera advertencia: "Vamos a secuestrar a todos los supervisores; tienen que pagar determinada cantidad de dinero para volver a trabajar acá. Si vuelven dentro de 15 días sin el dinero, los vamos a matar".
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Pese a la gravedad de la amenaza, el hombre no le dio importancia y regresó a su puesto dos semanas después. La pesadilla se hizo realidad. "Cuando volvió, los narcos lo volvieron a agarrar y le dijeron 'Si no vuelven con el dinero en 24 horas, los vamos a matar a todos'", recordó Franco, reviviendo la tensión de la llamada.
Fue el punto de quiebre. El hombre, desesperado, fingió que iría al pueblo a buscar el dinero del rescate para poder escapar. "Se fue, compró un pasaje, se fue a Estados Unidos y levantó el teléfono y me llamó a mí", completó Franco.
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