Tandil en crecimiento o desarrollo, el dilema que definirá a la urbe del futuro
La mirada del arquitecto Pablo Bonavetti advierte sobre los límites de la infraestructura por la contracción del Estado, en camino a una ciudad justa y sostenible. En materia de planificación, defendió el urbanismo participativo para pensar la ciudad que viene.
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¿Cómo será Tandil en 2050? ¿Una ciudad más grande o una ciudad mejor? La pregunta, que atraviesa el aniversario y obliga a proyectar el futuro, encuentra en la mirada del arquitecto Pablo Bonavetti una definición tan clara como incómoda: “Veo una ciudad que crece, pero que no se desarrolla”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa diferencia no es semántica. Es estructural. Para el arquitecto, crecimiento y desarrollo no son equivalentes, y confundirlos puede condicionar el modo en que se vive la ciudad. “El crecimiento lo capta un sector; del desarrollo nos beneficiamos todos. El crecimiento es volumen construido. El desarrollo es para todos”, sintetizó.
En ese marco, advirtió que Tandil atraviesa un proceso sostenido de expansión que no necesariamente se traduce en mejoras equitativas. La ciudad suma construcciones, densidad y nuevos emprendimientos, pero eso no garantiza, por sí solo, mejores condiciones de vida para el conjunto.
Una ciudad no se puede desarrollar sin infraestructura
“No hay desarrollo sin infraestructura. Una ciudad no se puede desarrollar sin infraestructura”, insistió, al tiempo que vinculó ese déficit con el acceso desigual a servicios básicos, vivienda y suelo urbano.
Infraestructura: la base invisible
Para Bonavetti, el desarrollo urbano tiene un punto de partida concreto: la inversión estatal. Agua, cloacas, pavimento, pero también salud, educación y espacios públicos forman parte de una red que sostiene la vida urbana y define su calidad.
“El desarrollo mejora la calidad de vida de todos. El crecimiento, en cambio, puede aumentar la densidad o el volumen construido, pero no necesariamente beneficia a toda la población”, explicó.
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En ese esquema, el mercado inmobiliario aparece como un actor central, pero con límites evidentes. “El mercado se apropia de una situación previa -por ejemplo, un cambio en la densidad o en los indicadores-, pero ese beneficio no lo captan todos los habitantes, sino un grupo reducido”, planteó.
La consecuencia es una ciudad que crece de manera desigual, donde las oportunidades no se distribuyen de forma homogénea y donde el acceso a la vivienda y a los servicios sigue siendo un punto de tensión.
Dos modelos en tensión
Para bajar esos conceptos a tierra, el arquitecto recurrió a ejemplos concretos de Tandil, donde se pueden ver con claridad dos lógicas distintas.
Por un lado, la avenida Actis, que definió como un caso de desarrollo urbano. “Ahí hubo planificación, una fuerte inversión en infraestructura por parte del Estado y, a partir de eso, se generó crecimiento: viviendas, comercios, servicios. Había un plan”, aseveró.
Recordó que hace dos décadas ese sector era prácticamente inexistente: “Era una línea de tierra, no había nada. La avenida se hizo, y a partir de esa decisión política se estructuró el desarrollo”.
La síntesis fue directa: “Brasil crece, Actis se desarrolla”.
En contraste, mencionó lo ocurrido en la zona de avenida Brasil y Avellaneda, donde -según su mirada- predominó otra lógica. “Ahí hay un cambio en el Código de Edificación. La infraestructura ya estaba. Entonces, crece”, señaló.
La síntesis fue directa: “Brasil crece, Actis se desarrolla”.
El contraste permitió entender dos formas de construir ciudad: una basada en la inversión pública y la planificación previa; otra, en cambios normativos que habilitan mayor densidad sin que necesariamente se acompañar de nuevas obras estructurales.
El límite de la infraestructura
Esa diferencia no es solo conceptual. Tiene efectos concretos. Bonavetti advirtió que, sin inversión sostenida, la infraestructura existente empieza a mostrar sus límites.
Como ejemplo, mencionó situaciones donde las obras quedan incompletas o no alcanzan a acompañar el crecimiento. Barrios con redes instaladas pero sin conexión efectiva, o desarrollos que avanzan más rápido que los servicios que deberían sostenerlos.
“Cuando aparecen estos roces, muchas veces es porque el Estado no puede, no llega o no tiene los fondos para invertir en infraestructura”, explicó.
En ese sentido, enmarcó la situación local en un contexto más amplio: “Ningún municipio tiene la capacidad de sostener grandes obras por sí solo. Se necesita el acompañamiento de Provincia y Nación”.
La ciudad que se decide
Pero más allá de cómo crece o se desarrolla, el arquitecto puso el foco en una pregunta de fondo: quién decide la ciudad. Ahí apareció el segundo gran eje de su mirada: el urbanismo participativo.
“Las ciudades no pueden ser planificadas por alguien encerrado en una oficina, como en las décadas del 60 y 70. Hace falta participación, pero también espacios reales de participación”, sostuvo.
Hace falta participación, pero también espacios reales de participación
Aunque reconoció que existen herramientas institucionales, advirtió que hoy funcionan de manera limitada. “La Comisión de Gestión Territorial se reúne una vez por mes y el día a día la pasa por arriba. En la práctica, se usa casi siempre para tratar excepciones”, señaló.
A su entender, el desafío es ampliar esos ámbitos e incorporar más actores: vecinos, organizaciones sociales, instituciones intermedias y sectores que hoy no tienen representación directa. “Si la ciudad es de todos, la pensamos entre todos”, resumió.
Herramientas que existen, pero se usan poco
Pablo Bonavetti destacó que Tandil cuenta con instrumentos que podrían fortalecer ese enfoque participativo, aunque hoy están subutilizados.
Entre ellos, mencionó las audiencias públicas y las comisiones de gestión previstas por la normativa vigente. La Comisión de Gestión Territorial, ya en funcionamiento, y la Comisión de Gestión del Hábitat, contemplada en la Ley de Hábitat pero que nunca conformada.
“Son herramientas muy buenas para la participación ciudadana. Hay que usarlas más e insistir en que se abran a la comunidad y no se conviertan en ámbitos meramente burocráticos”, planteó.
Al mismo tiempo, subrayó que la participación requiere un doble compromiso: de la ciudadanía, que debe organizarse e involucrarse, y del Estado, que debe generar y sostener esos espacios.
Ciudad justa y sostenible
El horizonte que propone no es abstracto. Bonavetti se pronunció a favor de construir una ciudad “justa y sostenible”.
Justa, en tanto garantice el acceso de toda la población a servicios básicos, vivienda, infraestructura y espacios públicos. Sostenible, en términos ambientales, pero también económicos en el largo plazo.
En ese punto, volvió sobre el rol del Estado frente al mercado. “El Estado piensa en el desarrollo. El mercado tiene intereses individuales y busca rentabilidad”, expuso.
Por eso, consideró que el desafío es generar un marco que oriente la inversión privada sin dejar la planificación en manos de lógicas parciales.
Un momento bisagra
En el ejercicio de imaginar el Tandil de 2050, el arquitecto se definió como optimista, aunque advirtió que el presente configura una etapa decisiva.
“Estamos en un momento bisagra: o el desarrollo lo planifica la ciudadanía, con el aporte económico del Estado, o se lo dejamos a los desarrolladores inmobiliarios”, alertó.
Lejos de posiciones cerradas, insistió en la necesidad de construir consensos amplios. “Es difícil dejar a todos contentos, pero las decisiones son mejores cuando se suman más voces. Para eso hay que sentarse con voluntad y sabiendo que algo se va a ceder”.
Pensar antes de que ocurra
A casi dos décadas de la aprobación del Plan de Desarrollo Territorial (PDT), Bonavetti consideró que es necesario revisarlo y actualizarlo.
“El plan existe y se aplica. Pero fue pensado para otra ciudad. Tandil cambió y va a seguir cambiando. Hay que actualizarlo, y hacerlo de manera participativa”, propuso.
La reflexión final volvió al punto de partida. El Tandil de 2050 no será solo el resultado de su crecimiento, sino de las decisiones que se tomen hoy.
Crecer o desarrollarse. Planificar o dejar hacer. Incluir o segmentar. En esa tensión, se definirá no solo la forma de la ciudad, sino la manera en que se va a vivir en ella.
Actis vs. Brasil y Avellaneda: dos formas de hacer ciudad
Desarrollo planificado
-Hace dos décadas, el sector era prácticamente inexistente: una traza mínima de tierra, sin urbanización consolidada.
-Hubo una decisión política de impulsar el crecimiento hacia esa zona.
-Se realizó una fuerte inversión estatal en infraestructura (apertura de la avenida, servicios, conectividad).
-A partir de esa base, llegaron viviendas, comercios y actividades.
-Resultado: un crecimiento acompañado por planificación, con impacto más amplio en la ciudad.
-Síntesis: primero la infraestructura y el plan; después, el crecimiento.
Crecimiento sin desarrollo
-El corredor de Avellaneda y Brasil ya contaba con infraestructura previa.
-El cambio principal fue normativo: modificaciones en indicadores urbanos (altura, densidad).
-Eso habilitó un mayor volumen constructivo sin una inversión equivalente en infraestructura.
-Una decisión administrativa del Estado municipal le dio impulso a los desarrolladores privados.
-El beneficio se concentra en sectores específicos y no necesariamente se distribuye en toda la ciudad.
Síntesis: primero el crecimiento; la infraestructura queda igual.
