Tandil ante su prueba más difícil
En el marco del Aniversario de Tandil y la mirada que propuso El Eco Multimedios con distintas voces que permitan imaginar con hechos la ciudad del 2050, el analista Javier Pianta sostiene: "Las ciudades también corren un riesgo cuando les va bien: creer que eso alcanza para siempre".
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Por Javier Pianta*
Tandil cumple 203 años con un activo poco frecuente en la Argentina. La gestión encabezada por Miguel Lunghi logró consolidar continuidad, identidad y una forma reconocible de entender la ciudad. En un país donde la improvisación suele arrasar cualquier horizonte, haber construido estabilidad, legitimidad social y una marca local consistente no es un dato menor. Es, de hecho, una rareza.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailNada de eso fue casual ni espontáneo. Detrás de esa experiencia hubo visión política, planificación, acuerdos amplios y decisiones concretas de gestión que le dieron a Tandil algo poco común: capacidad de pensar el largo plazo sin desatender la urgencia.
Pero todo ciclo exitoso enfrenta, tarde o temprano, su examen más delicado: demostrar que no solo supo ordenar una etapa, sino que también es capaz de abrir la siguiente.
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Ese es el punto central del Tandil que viene.
La discusión no pasa solamente por nombres nuevos, edades más bajas o recambio de figuras. Pasa por algo más profundo: la aparición de nuevas preguntas. Porque una generación no irrumpe de verdad cuando cambia una cara. Irrumpe cuando cambia la manera de leer los problemas de una época.
Y eso ya empezó a pasar.
El Tandil que viene no puede pensarse solo desde las respuestas que consolidaron la ciudad actual. Tiene que pensarse también desde tensiones nuevas: cómo crecer sin perder identidad, cómo sostener calidad de vida sin clausurar oportunidades, cómo generar condiciones para que los jóvenes imaginen su proyecto en la ciudad y no necesariamente fuera de ella, cómo procesar con inteligencia los conflictos entre desarrollo, ambiente, vivienda, producción, innovación y pertenencia.
Nada de eso cuestiona lo construido. Lo pone a prueba.
Porque una ciudad madura no es la que se limita a celebrar su recorrido. Es la que convierte sus logros en plataforma para una conversación nueva. El verdadero valor de un legado no está solo en lo que deja, sino en su capacidad para no transformarse en un cerrojo. Toda experiencia larga corre ese riesgo: confundir fortaleza con conservación intacta. Pero las ciudades no se sostienen congelándose. Se sostienen cuando logran renovarse sin perderse.
Por eso el relevo generacional no debería leerse como amenaza ni como gesto decorativo. Debería leerse como un indicador de vitalidad. Una ciudad muestra su madurez no cuando evita el recambio, sino cuando sabe procesarlo con inteligencia. Cuando la experiencia no desprecia lo nuevo. Cuando lo nuevo no descalifica automáticamente lo anterior. Cuando la continuidad no deriva en inercia y la renovación no se vuelve capricho.
Ahí está, probablemente, la discusión de fondo.
No se trata solo de quién viene. Se trata de qué tipo de dirigencia, qué tipo de sensibilidad pública y qué tipo de conversación política necesita Tandil para atravesar la próxima etapa.
Porque el futuro de la ciudad no dependerá únicamente de obras, presupuestos o planes. Dependerá también de su capacidad para formar relevos con espesor. Relevos que no lleguen solo a ocupar lugares, sino a interpretar una época. Que puedan leer demandas nuevas sin romper con la historia local. Que entiendan que gestionar una ciudad no consiste solo en administrar prestaciones, sino también en construir un horizonte compartido.
Hoy buena parte de los problemas públicos ya no se resuelven únicamente con respuestas técnicas. Exigen escucha, lectura social, articulación y visión. Exigen dirigentes capaces de moverse en una ciudad más compleja, con demandas más fragmentadas, ciudadanos más informados y menos dispuestos a aceptar respuestas automáticas.
En el fondo, de eso habla Tandil 2050. De si la ciudad será capaz de transformar su fortaleza histórica en una transición inteligente. De si podrá enlazar una tradición de gestión sólida con una nueva generación preparada para discutir, corregir, ampliar y proyectar esa experiencia.
Porque, en última instancia, un estadista no es solo quien administra con eficacia el presente, sino quien deja a una comunidad mejores herramientas para pensar, proyectar y construir su futuro. Eso supone inteligencia estratégica, capacidad de proyección y creatividad para anticipar una etapa nueva sin perder el rumbo.
El Tandil que empezó a consolidarse en 2003 y que hoy puede proyectarse con ambición hacia 2050 tiene en Miguel Lunghi a su principal artífice político. Buena parte de ese activo remite a una conducción con visión, constancia y sentido de dirección, capaz de entender que el desarrollo no es obra exclusiva del Estado ni de un liderazgo individual, sino el resultado de una articulación más amplia y sostenida en el tiempo.
También remite a la construcción de un equipo de gobierno que, con matices y recambios, ayudó a sostener una dirección, una metodología y una forma de gestionar. Hacia adelante, uno de los desafíos centrales será precisamente ese: ver si de esa experiencia colectiva surge una continuidad con capacidad real de interpretar una etapa nueva.
En esa trama también cuentan un sector privado dinámico e innovador, con inversión y arraigo; una universidad nacional pública que, desde la gratuidad y la calidad, forma talento, produce conocimiento y amplía oportunidades; y una oposición política que, salvo excepciones, ha sabido estar a la altura de las circunstancias para marcar disidencias cuando correspondía y acompañar coincidencias cuando la ciudad lo necesitaba. En ciudades como Tandil, la ideología importa, la cercanía ayuda, pero son las buenas decisiones las que terminan ordenando la legitimidad y, muchas veces, también las elecciones.
Porque ninguna ciudad asegura su futuro repitiéndose. Lo asegura cuando es capaz de transformar su mejor herencia en punto de partida.
*Periodista, docente, y director de PDM Argentina
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil