De los sueños de los pioneros al desafío del 2050, el ADN de Tandil en la mirada de Néstor Dipaola
El historiador repasó los hitos que marcaron el desarrollo, desde los pueblos originarios hasta la gesta de la Usina.
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El historiador Néstor Dipaola propuso un ejercicio de memoria colectiva como piedra angular para proyectar el futuro de la ciudad. Con la mirada puesta en el horizonte del 2050, seleccionó momentos emblemáticos que recorren desde los tiempos previos a la fundación oficial hasta el desarrollo industrial y comercial del siglo XX.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl eje de su relato se centró en la idea de que la identidad tandilense fue forjada por visionarios que soñaron una ciudad pujante mucho antes de que las herramientas del progreso estuvieran disponibles.
"Sin duda que el Tandil que vendrá, vendrá porque algo pasó antes", sostuvo el cronista, estableciendo un puente necesario entre el pasado y el porvenir.
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El recorrido histórico comenzó en las Sierras Altas de Vela, donde se identificaron las primeras señales de organización social y comercial. Dipaola explicó que en aquel entonces, miles de indígenas provenientes de la Patagonia se daban cita para intercambiar artesanías y ganado con comerciantes porteños y españoles. "Ahí empieza realmente el comercio en Tandil y el emprendimiento a nivel de artesanía", afirmó.
Sin duda que el Tandil que vendrá, vendrá porque algo pasó antes
Casi medio siglo después de aquel auge comercial en el campo, surgió la figura de Martín Rodríguez. Dipaola destacó la estatua que rinde homenaje al fundador en el Parque Independencia, inaugurada en 1923, por la particularidad de su postura. El monumento muestra a Rodríguez mirando hacia el casco urbano con una certeza profética. En el acta de fundación de 1823, el entonces gobernador no habló en potencial, sino que aseguró que Tandil sería "algún día ciudad populosa y rica". Esa capacidad de imaginar una urbe donde solo había horizonte virgen fue, para el historiador, el motor que permitió que la pequeña aldea militar se transformara en el polo regional que es hoy.
La continuidad del recorrido se centró en 1916 y la figura del intendente Antonio Santamarina, quien ese año cumplió con una directiva nacional para celebrar el centenario de la independencia dejando una obra duradera para la comunidad. Fue él quien imaginó un parque en un cerro virgen. Aunque no llegó a inaugurarlo, su gestión permitió que, con el apoyo de la colectividad italiana y la española, se construyeran la portada y el castillo, respectivamente. Estos hitos arquitectónicos, finalizados para el centenario de la ciudad en 1923, consolidaron el perfil turístico y recreativo de la zona serrana.
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Otro nombre fundamental en este esquema de previsión fue Juan Fugl. Dipaola se detuvo en la emblemática construcción de Maipú y 9 de Julio, que en 1872 se convirtió en la primera vivienda de dos plantas en Tandil. El inmigrante danés, más afecto a la vida de campo cerca de su molino harinero, demostró con este edificio una "visión de futuro" inusual para la época. Construir hacia arriba cuando el suelo sobraba fue una declaración de intenciones sobre la densidad y la elegancia que la ciudad debía alcanzar en sus manzanas centrales.
Del Banco Comercial a la Usina Popular
El desarrollo económico de finales del siglo XIX y principios del XX estuvo marcado por personalidades que provocaron el progreso. Uno de los casos más notables, y según Dipaola "no reivindicado como merece", fue el de Jean Marie Dhers. Este francés construyó en 1865 el hotel “De la Piedra Movediza” en la esquina de 9 de Julio y Pinto, una apuesta de lujo extremo en una época donde el ferrocarril todavía no asomaba en el horizonte. "¿Cómo el tipo invierte tanto dinero apostando al turismo cuando no había tren?", se preguntó el historiador, calificando a Dhers como el verdadero pionero del turismo local.
La llegada del tren, precisamente, tuvo su propio héroe civil: el doctor Eduardo Fidanza. En 1880, ante la demora de la extensión ferroviaria, fundó el periódico “El Ferrocarril” con el único objetivo de presionar a las autoridades y a la empresa prestadora. Su lucha fue tan dirigida y específica que, una vez que la primera locomotora arribó a la estación en 1883, Fidanza cerró el diario por considerar cumplida su misión.
El sector financiero también tuvo un origen netamente local. En 1902 se creó el Banco Comercial, una institución nacida en las reuniones del hotel Roma y financiada íntegramente con capitales tandilenses. Dipaola subrayó que no hubo necesidad de aportes externos para crear una entidad de semejante envergadura, lo que demuestra la solidez económica que ya poseía la ciudad a principios de siglo. Simultáneamente, la industria metalúrgica comenzaba a dar sus primeros pasos de la mano de los hermanos Barifi en 1918, estableciendo una fundición de "alta escuela".
El sentido de pertenencia y la defensa de lo propio tuvieron su punto máximo en 1936 con la creación de la Usina Popular. Dipaola recordó las multitudinarias manifestaciones, que reunieron a más de cuatro mil personas en el centro de la ciudad para exigir que el Municipio autorizara el funcionamiento de una cooperativa eléctrica local. La comunidad se opuso férreamente a los servicios "caros y malos" de los capitales privados ingleses de la época. Aquella gesta popular permitió que Tandil gestionara su propia energía.
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Proyecciones demográficas hacia 2050
Al abordar el futuro cercano, Dipaola se mostró incrédulo con las proyecciones que vaticinan una ciudad de 300 mil o 400 mil habitantes para mediados de siglo.
Basándose en las estadísticas de los censos nacionales, el historiador señaló que el crecimiento de Tandil ha sido constante pero no explosivo.
En el 2010 el aumento fue del 14,6 por ciento, mientras que en el relevamiento de 2022, tras 12 años entre censos, el crecimiento fue del 17,5 por ciento, alcanzando un total de 145 mil habitantes en todo el partido.
"El 2050 apenas vamos a pasar los 200 mil habitantes, si es que se llega", arriesgó el periodista, basándose en la tendencia histórica de crecimiento de entre ocho y diez mil personas por década.
Para Dipaola, esta moderación demográfica no es una noticia negativa, sino una oportunidad para planificar el desarrollo con mayor eficiencia. Advirtió que la "futurología" desmedida puede llevar a errores de planificación y que lo importante es centrarse en la calidad de vida y en la infraestructura necesaria para acompañar ese incremento poblacional.
La "futurología" desmedida puede llevar a errores de planificación
En cuanto a la fisonomía de la ciudad que vendrá, el historiador destacó la belleza arquitectónica que ya define al casco céntrico. Elogió la coexistencia de edificios de más de un siglo con construcciones modernas de diez pisos que, a su juicio, mantienen una inmejorable arquitectura. Según su visión, el crecimiento edilicio y la transformación hacia una "ciudad inteligente" no tienen techo, siempre y cuando se respete el patrimonio que hace única a la localidad.
Finalmente, Néstor Dipaola reflexionó sobre la evolución de las costumbres cotidianas. Aunque reconoció que la modernización es inevitable, expresó su deseo de que los medios de comunicación tradicionales conserven su lugar. "Espero que sigan existiendo el diario de papel y las radios", manifestó con nostalgia y esperanza.
Para el cronista, el desafío del Tandil de 2050 no solo reside en sus números o en sus edificios, sino en la capacidad de las nuevas generaciones de mantener vivos los espacios de encuentro, como los cafés y los medios locales, que han sido el tejido social de la ciudad desde sus orígenes.
