Tandil 2050: el tejido social como motor de una ciudad en transformación
En un nuevo aniversario de la ciudad, el foco no solo se posa sobre el pasado, sino sobre el futuro. Referentes del Banco de Alimentos y de Mesa Solidaria trazan una hoja de ruta hacia una Tandil que crece, pero que deberá sostener su identidad en la fortaleza de su entramado social.
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El 4 de abril invita, una vez más, a mirar Tandil en perspectiva. No solo desde su historia, sino desde el horizonte que se proyecta para las próximas décadas. En ese ejercicio emerge una certeza compartida por distintos actores sociales: el desarrollo económico, por sí solo, no alcanza. El verdadero desafío reside en sostener una comunidad integrada, solidaria y con oportunidades para todos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDe cara al 2050, Tandil se perfila como una ciudad en expansión, con un fuerte desarrollo tecnológico, un crecimiento inmobiliario sostenido y una consolidación como polo regional. Sin embargo, esa misma proyección convive con tensiones que obligan a repensar el modelo de ciudad.
Las voces del Banco de Alimentos y de Mesa Solidaria permiten asomarse a ese futuro posible, anclado en una historia donde la solidaridad no fue un recurso ocasional, sino una construcción colectiva.
Crisis que construyen: el origen de una red solidaria
El entramado social de Tandil tiene raíces profundas en momentos de crisis. Lejos de fragmentarse, la comunidad encontró en esas situaciones un punto de partida para organizarse.
El Banco de Alimentos comenzó a gestarse en 2001, en medio de una profunda convulsión económica y social. “Recordábamos esa primera etapa de cuando arrancó el banco, se empezó a organizar en el año 2001”, repasó su director ejecutivo, Mario Bañiles, al reconstruir aquellos inicios, marcados por la devaluación y el trueque.
Impulsado por el Padre Raúl Troncoso, el proyecto surgió como una respuesta concreta a una realidad que ya existía, pero que la crisis puso al descubierto. “Eso dio visibilidad a una problemática que ya existía”, explicó Bañiles, y detalló que el objetivo fue “encontrar como una herramienta, un canal, un puente” para vincular el excedente de alimentos con quienes lo necesitaban.
El modelo, inspirado en experiencias internacionales, permitió estructurar una red que, con el tiempo, se profesionalizó y consolidó. Hoy, el Banco de Alimentos no solo distribuye recursos, sino que articula voluntades en toda la comunidad.
En paralelo, Mesa Solidaria nació en 2008, también en un contexto de incertidumbre económica. Claudia Caballero recordó que su origen estuvo vinculado a la necesidad de anticiparse a una posible crisis: “Era un grupo de gente que nos juntábamos alrededor de una mesa y planteábamos distintas necesidades y cómo podíamos entre nosotros dar respuesta”.
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Ambas experiencias comparten un mismo ADN: frente a la incertidumbre, Tandil responde fortaleciendo sus vínculos.
Una ciudad que crece, pero con desafíos persistentes
La Tandil que se proyecta hacia el 2050 es, en muchos aspectos, una ciudad pujante. El crecimiento urbano, la llegada de nuevos habitantes y el desarrollo de sectores como el tecnológico la posicionan como una de las ciudades intermedias más dinámicas del país.
Sin embargo, ese crecimiento no elimina las desigualdades. La demanda de asistencia alimentaria y social continúa presente.
La demanda de asistencia alimentaria y social continúa presente
“Se dice que Tandil es una isla, pero estamos dentro de un país que es Argentina”, advirtió Bañiles, al contextualizar la realidad local. En esa línea, remarcó que los problemas estructurales del país impactan también en la ciudad.
Remigio Iglesias, presidente del Banco de Alimentos, aportó otra mirada sobre el rol de la institución en este escenario: “El Banco de Alimentos es un lugar adonde se llega y se vuelve… tiene seriedad y transparencia”.
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Esa confianza construida a lo largo de más de dos décadas explica, en parte, la capacidad de sostener la red solidaria. El desafío hacia el futuro es evitar que la brecha entre crecimiento y vulnerabilidad se amplíe. En ese sentido, las organizaciones sociales cumplen un rol clave.
“El alimento es un canal”, explicó Bañiles, al detallar que su trabajo no se limita a la asistencia directa, sino que busca fortalecer instituciones educativas, deportivas y sociales. Este entramado es el que sostiene, en definitiva, la calidad de vida de la comunidad.
El giro demográfico: una ciudad que envejece
Uno de los cambios más profundos que se proyectan para las próximas décadas tiene que ver con la demografía. El descenso de la natalidad y el envejecimiento de la población ya son fenómenos visibles.
Iglesias lo expresó con preocupación: “Hay lugares donde ya no hay niños, veo mucha más comida para los perros y mucha menos comida para nuestros hermanos”.
Más allá del carácter provocador de la frase, el planteo apunta a una transformación social de fondo. La ausencia de niños aparece como un dato que obligará a repensar las políticas públicas y el trabajo comunitario.
En ese escenario, la asistencia tenderá a orientarse cada vez más hacia los adultos mayores. “Vamos a ser más adultos y adultos mayores que niños y adolescentes”, anticipó Iglesias.
La asistencia tenderá a orientarse cada vez más hacia los adultos mayores
Mesa Solidaria ya comenzó a trabajar en esa línea, impulsando congresos y espacios de formación en gerontología. La Tandil del 2050 deberá adaptarse a esta nueva realidad, con infraestructura y redes de contención acordes a una población más envejecida.
Del asistencialismo a la promoción: un cambio de paradigma
El modelo de intervención social también está en transformación. La lógica del asistencialismo puro, centrada en la entrega de recursos, va dejando paso a estrategias orientadas a la promoción y el desarrollo de capacidades.
Caballero lo explicó con claridad: “Antes el asistencialismo era ir y dejar el bolsón de ropa o de comida en su momento estuvo bien, pero ahora está mejor”. La mirada actual apunta a romper los ciclos de vulnerabilidad. “Hay que sacar o apuntalar esa familia para que la historia no se vuelva a repetir en la otra generación”, sostuvo.
En ese marco, el Jardín Maternal 2 aparece como un ejemplo concreto de este cambio de enfoque. El proyecto, impulsado por organizaciones sociales con acompañamiento estatal, permitió generar oportunidades a madres jóvenes.
“Queríamos ayudarlas a reinsertarse, a completar su escolaridad o conseguir trabajo”, recordó Caballero sobre los orígenes de la iniciativa, que hoy funciona como una institución consolidada. La experiencia marca el camino hacia el futuro: la articulación entre el Estado, el sector privado y las organizaciones es clave para generar oportunidades reales.
Un tercer sector protagonista
El crecimiento y la profesionalización de las organizaciones sociales es otro de los rasgos que definirán el Tandil del futuro. Mesa Solidaria pasó de ser un espacio de articulación informal a constituirse como una federación, con personería jurídica y con capacidad de planificación. “Hoy podemos planificar acuerdos, establecer vínculos, y que existan empresas que te acompañen”, explicó Caballero.
Actualmente, la red vincula a más de 50 organizaciones, lo que da cuenta de su alcance y del impacto en la comunidad. De cara al 2050, el objetivo es profundizar en ese rol. Caballero fue clara al plantear su aspiración: “El trabajo del tercer sector debería estar participando de lo que tiene que ver con la agenda política y social de una ciudad”.
Esa participación, aclaró, no debe darse en la confrontación, sino en la construcción colectiva. “Nada se hace por la fuerza, la sinergia tiene que ser otra”, sostuvo.
Solidaridad, democracia y comunidad
Más allá de las estructuras, hay un elemento que aparece como central en la identidad de Tandil: la cultura solidaria. Para muchos, el trabajo en organizaciones es también una forma de ejercer la democracia. “Es otra forma de hacer democracia, una manera de involucrarse y participar en la comunidad”, señaló Bañiles.
Ese compromiso se traduce en acciones concretas, muchas veces invisibles. Caballero lo sintetizó con una reflexión que combina experiencia y convicción: “La mayoría de las cosas que hacemos en Mesa Solidaria no hay plata de por medio… se hace sobre la base de conexiones”.
Ese entramado de vínculos, confianza y cooperación es el que permite dar respuestas rápidas en momentos críticos. Así ocurrió durante la pandemia, periodo en el que —según destacó— hubo organizaciones que “no solo llevaban mercadería, sino que prestaban el oído, llamaban por teléfono, escuchaban”.
El trabajo en organizaciones es también una forma de ejercer la democracia
La solidaridad, en este sentido, no es solo una práctica, sino también una forma de entender la vida en comunidad. “Creemos que no solo hacemos el bien, sino que nos hacemos bien a nosotros”, afirmó Caballero, en una definición que describe el espíritu de quienes sostienen estas redes.
El futuro de Tandil se construye sobre una base sólida, pero no exenta de desafíos. La ciudad deberá encontrar un equilibrio entre crecimiento económico e inclusión social.
La articulación entre el Estado, el sector productivo, la universidad y las organizaciones sociales es la clave para lograrlo. “Si nos salvamos, nos salvamos todos juntos”, resumió Caballero, en una frase que sintetiza la lógica que atraviesa el entramado solidario local.
De cara al 2050, la visión es clara: Tandil puede convertirse en un modelo de ciudad intermedia, no solo por su desarrollo, sino por su capacidad de sostener una comunidad integrada. El desafío es, entonces, profundizar ese camino. Porque, como lo demuestra su propia historia, en Tandil el futuro no se construye en soledad. Se construye en red.
