“Cada pequeño productor que abandona la actividad es una derrota para el interior productivo”
Bases Federadas remarcó que el Gobierno no se cumple la promesa de reducir impuestos.
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El 8 de septiembre, en el Día del Agricultor, se reunió la comisión directiva de Bases Federadas, ámbito en el que llegó a una penosa conclusión: “Nada hay para festejar y mucho para reclamar”.
A través de un comunicado, la entidad sostuvo que “la promesa del presidente Milei de reducción de impuestos no se cumple para los pequeños productores, pero sí les llega a las grandes multinacionales beneficiadas con el Rigi y Super Rigi”.
Por ese motivo, “desde nuestra entidad queremos expresar públicamente la profunda preocupación y rechazo frente a una presión tributaria que continúa castigando especialmente al pequeño y mediano productor agropecuario”.
Según indicaron, “resulta cada vez más difícil aceptar que se hable de ‘ganancias’ sin contemplar adecuadamente la realidad económica de quien produce”.
Y señalaron que “el productor agropecuario invierte antes de saber cuánto va a cosechar, cuánto va a valer su producción y, muchas veces, ni siquiera si podrá recuperarla. Enfrenta sequías, inundaciones, granizo, enfermedades; aumentos de insumos, combustibles, fertilizantes, semillas, alquileres, maquinaria, repuestos y costos financieros”.
Sin embargo, “después de asumir todos esos riesgos, cuando finalmente obtiene un resultado positivo, aparece el Estado reclamando una parte sustancial mediante el Impuesto a las Ganancias”.
¿Ganancia o capital de trabajo?
Como contrapartida, expresaron que “para un pequeño productor, una parte importante del resultado de una campaña no constituye dinero disponible para consumir ni una verdadera manifestación de riqueza. Es el capital que necesita para volver a sembrar, alimentar su hacienda, reparar una máquina, comprar insumos, afrontar la próxima campaña o simplemente resistir un año malo”.
Por ese motivo, denunciaron que “gravar ese resultado sin contemplar suficientemente esta realidad intrínseca significa, en los hechos, gravar la capacidad del productor de continuar produciendo”.
Desde Bases Federadas advirtieron que “el campo no es una actividad de ingresos constantes y previsibles. Un buen año muchas veces sirve para compensar pérdidas anteriores o para generar las reservas necesarias para enfrentar el próximo ciclo climático adverso” y “sin embargo, el sistema tributario continúa tratando al pequeño productor como si cada resultado positivo fuera una renta disponible”.
La variable de ajuste
Por otra parte, desde la entidad gremial subrayaron que “el pequeño productor no puede seguir siendo la variable de ajuste” y remarcaron que “existe además una enorme diferencia entre una gran empresa agropecuaria y una familia que trabaja una explotación pequeña o mediana”.
Al enumerar lo que las distingue, citaron que el pequeño y mediano productor “no tiene la misma espalda financiera; no tiene la misma capacidad de negociación; no tiene el mismo acceso al crédito; no tiene la misma posibilidad de distribuir riesgos y tampoco tiene la misma capacidad para soportar una presión impositiva creciente”.
En ese sentido, alertaron que “cuando desaparece un pequeño productor no desaparece solamente una unidad económica. Se pierde una familia vinculada al campo, más su impacto en la actividad comercial en los pueblos, empleo, inversión y producción”.
En tanto, evaluaron que “el proceso de concentración productivo también se profundiza cuando el sistema tributario obliga al más chico a desprenderse de capital para pagar impuestos que debería utilizar para continuar produciendo”.
Producir no puede ser un castigo
Como contrapartida, Bases Federadas afirmó que “producir no puede convertirse en un castigo”, teniendo en cuenta que “Argentina necesita productores que inviertan, produzcan más y permanezcan en sus campos”.
Mientras el país “necesita más producción, más empleo y más arraigo”, expusieron que “resulta contradictorio pedir inversión y, al mismo tiempo, quitarle al pequeño productor una parte significativa de los recursos que necesita precisamente para volver a invertir”.
En ese sentido, evaluaron como “totalmente injusto que mientras se intima al pequeño productor a pagar el 35 por ciento de ganancias, se sancione el Rigi y Super Rigi, dándole un trato diferencial -con enormes prebendas y reducción tributaria- a empresas multimillonarias con sede fuera del país, promoviendo así el extractivismo y el saqueo de nuestros recursos naturales”.
En tanto, aclararon que “no estamos pidiendo privilegios. Estamos pidiendo racionalidad” y asentaron que “el sistema tributario debe reconocer las particularidades de la actividad agropecuaria, sus ciclos productivos, su exposición climática y la necesidad permanente de reinversión”.
Reforma urgente
En materia de acciones, desde Bases Federadas precisaron que “solicitamos a las autoridades nacionales y a los legisladores, que impulsen modificaciones que otorguen un tratamiento diferencial y razonable a los pequeños y medianos productores agropecuarios”.
Como una de las medidas, propusieron “un mecanismo que permita proteger la reinversión productiva, contemplar las distintas realidades de los que producen y segmentar las políticas tributarias”.
En ese sentido, remarcaron que “el pequeño productor que reinvierte en su establecimiento no se está enriqueciendo: está intentando seguir produciendo. El Estado debe comprender una realidad elemental: sin capital no hay inversión; sin inversión no hay producción; y sin productores no hay desarrollo posible para el interior argentino”.
Por ese motivo, expresaron que “no podemos continuar aceptando pasivamente un sistema que primero exige producir, invertir y asumir todos los riesgos, y después considera ‘ganancia’ a recursos indispensables para comenzar nuevamente el ciclo productivo”.
En ese camino, precisaron que “defender al pequeño y mediano productor no significa defender un interés sectorial. Significa defender el trabajo, el arraigo, los pueblos del interior y una estructura productiva en la que todavía exista lugar para quienes producen en escala familiar”.
Y afirmaron que “cada pequeño productor que abandona la actividad es una derrota para el interior productivo argentino”, por lo cual “es momento de discutir seriamente un sistema tributario que incentive al que produce y reinvierte, en lugar de castigarlo hasta obligarlo a desaparecer”.
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