Claves para proteger la producción y la sanidad del tambo durante un año Niño
El sector agropecuario argentino se prepara para enfrentar un escenario climático complejo en la segunda mitad del año. Un especialista del Inta plantea como anticiparse para reducir los efectos en el tambo.
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De acuerdo con las previsiones del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la consolidación del fenómeno de El Niño traerá aparejado un incremento de las lluvias, temperaturas más elevadas y una mayor humedad relativa ambiente.
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Ante este panorama, el médico veterinario Guillermo Suárez, especialista del Inta Rafaela, advirtió sobre la urgencia de anticiparse a los efectos de esta fase climática, la cual posee un gran potencial para generar y amplificar severas problemáticas sanitarias y productivas en los rodeos lecheros del territorio nacional.
La combinación de altas temperaturas y persistente humedad ambiental desencadena de forma inmediata cuadros de estrés calórico intensificado en las vacas lecheras.
Este desequilibrio fisiológico tiene un impacto directo sobre la productividad y la sanidad general del tambo. En primer lugar, se observa una drástica reducción en el consumo voluntario de materia seca por parte de los animales, lo que se traduce de manera casi instantánea en una marcada caída de la producción láctea diaria.
Pero las consecuencias de este estrés térmico no se limitan a la balanza del tanque de frío; el plano reproductivo del rodeo es uno de los más afectados.
Bajo estas condiciones de elevada temperatura y humedad, las vacas experimentan una menor tasa de detección de celos y una consecuente caída en la tasa de concepción.
Asimismo, se incrementa la pérdida embrionaria y la posibilidad de ocurrencia de abortos espontáneos.
Adicionalmente, el calor extremo induce un estado de inmunosupresión generalizada en los animales, provocado por un aumento fisiológico en la liberación de cortisol. Esta hormona del estrés debilita el sistema inmune, dejando a las vacas expuestas y con mayor susceptibilidad a contraer diversas enfermedades.
El barro y las moscas
Las abundantes lluvias pronosticadas para esta campaña favorecen la acumulación y persistencia de barro en los callejones, los corrales de alojamiento y los patios de alimentación del establecimiento.
La presencia constante de barro, combinada con la acumulación de materia orgánica y las altas temperaturas, aumenta la persistencia en el ambiente de los agentes patógenos como las bacterias. En conjunto con el hacinamiento y el estrés de los animales, esta situación predispone fuertemente al desarrollo de mastitis ambientales y enfermedades podales en las vacas.
Asimismo, en las categorías de crianza, eleva notablemente la incidencia de diarreas neonatales y neumonías de los terneros.
Por otro lado, la combinación de lluvias, calor y humedad favorece la proliferación de la mosca común o doméstica, la mosca brava y los tábanos. Además de las molestias y el estrés que causan en el rodeo, estos insectos actúan como vectores de enfermedades de gran impacto productivo, como la anaplasmosis y la tripanosomosis, dos patologías que se diagnostican con una frecuencia cada vez mayor en los tambos de nuestra región.
A esto se debe sumar el constante riesgo de contraer leptospirosis, una enfermedad zoonótica que, además de afectar seriamente a los animales, también puede afectar de forma muy grave a las personas.
Amenaza invisible
El exceso de humedad ambiente durante la primavera y el verano no solo deteriora las condiciones físicas del suelo y el confort del ganado, sino que también atenta contra la calidad higiénica de los recursos forrajeros guardados.
Las raciones y alimentos conservados en ambientes húmedos pueden presentar hongos y micotoxinas que impactan directamente en la salud y la productividad de las vacas.
La ingesta continua de alimentos contaminados con estas toxinas fúngicas provoca cuadros de micotoxicosis que alteran la función ruminal, disminuyen la eficiencia alimenticia, causan caídas inexplicables en la producción láctea y agravan el estado de inmunosupresión sistémica del rodeo.
De esta manera, los forrajes mal conservados se convierten en una vía indirecta que potencia el impacto negativo del fenómeno climático sobre la salud de los rodeos lecheros.
La estrategia para ganarle a El Niño
Ante este complejo diagnóstico, Suárez enfatiza que la prevención y la planificación anticipada constituyen las mejores herramientas para proteger la rentabilidad y la sanidad del establecimiento lechero.
Desde el Inta se propone abordar la contingencia a través de un paquete integral de recomendaciones estratégicas aplicadas a cada punto crítico del sistema de producción.
En primer lugar, es crucial prepararse para mitigar el impacto del estrés térmico. Para ello, se debe prever el acondicionamiento de las instalaciones del tambo mediante la colocación de sombras eficientes, la instalación de bebederos adicionales y la incorporación de sistemas de aspersores de agua y ventiladores en los corrales de espera previos al ordeño.
Asimismo, para el manejo del barro, es fundamental diseñar y planificar de antemano corrales de contingencia que permitan redistribuir a los animales durante los picos de lluvias prolongadas, reduciendo la carga y la densidad de vacas en los sectores más vulnerables.
Esto debe acompañarse con una mayor frecuencia en las tareas de mantenimiento de la higiene de las instalaciones, como el raspado de corrales, y la realización de mejoras en el drenaje de los callejones para favorecer la salida del agua.
El plan sanitario
La gestión eficiente del riesgo climático requiere de herramientas de medición objetivas. Suárez aconseja realizar un monitoreo diario del Índice de Temperatura y Humedad (ITH), un indicador agrometeorológico clave que permite predecir cuándo los animales entrarán en estrés térmico, facilitando la activación oportuna de los sistemas de enfriamiento. En el plano de la sanidad animal, es indispensable trabajar codo a codo con el médico veterinario de confianza para planificar acciones preventivas conjuntas.
Esto incluye el diseño de protocolos de pediluvios para reducir la incidencia de enfermedades podales y el reforzamiento de los planes sanitarios y esquemas de vacunación en las diferentes categorías, haciendo foco en prevenir leptospirosis, afecciones respiratorias y diarreas.
Por último, resulta estratégico capacitar al personal del tambo en la detección temprana de los problemas sanitarios y vigilar de cerca los indicadores de salud individuales de los animales para reaccionar a tiempo.
La prevención junto a la planificación posibilitarán contener los perjuicios y resguardar el bienestar de todo el rodeo.
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