Claves científicas y estrategias para maximizar rendimientos de la soja ante un “Niño” extremo
Durante la JAT de Donmario Semillas, la doctora Adriana Kantolic (Fauba) analizó el escenario climático y advirtió sobre anegamiento, estrés térmico e importancia del monitoreo del canopeo.
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La campaña de soja se perfila bajo un escenario que genera tanto optimismo como alertas técnicas. En la Jornada de Actualización Técnica (JAT) de Soja de Donmario Semillas, la doctora Adriana Kantolic, ingeniera agrónoma y docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba), detalló el funcionamiento del cultivo ante las condiciones extremas previstas, aportando claves científicas para capturar ventajas hídricas y mitigar riesgos.
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"Estamos en presencia de un año Niño de alta intensidad, un Niño muy fuerte", comenzó señalando Kantolic. Explicó que los pronósticos trimestrales indican una probabilidad superior al 90 por ciento de enfrentar este fenómeno en la primavera, el cual se atenuará recién hacia el final del verano.
La especialista enfatizó la naturaleza probabilística de los pronósticos: "Dije cincuenta veces la palabra probabilidad porque en realidad pasa por ese lado. Hay un noventa por ciento de probabilidad de que pase y un diez por ciento de que no sea tan así". No obstante, advirtió que "este año se prevé un Niño que tiene más de un sesenta por ciento de probabilidades de ser el más fuerte o intenso de los últimos sesenta años", lo que anticipa un panorama complejo.
Históricamente, el fenómeno tiene mayor impacto en la región este de la Argentina (Mesopotamia, región pampeana y NEA). Las implicancias prácticas radican en lluvias torrenciales y tormentas de alta intensidad, acompañadas de elevada humedad atmosférica, nubosidad y temperaturas superiores al promedio.
Brecha productiva y frontera hídrica
Aunque la abundante provisión de agua inicial en los suelos es una excelente noticia agrícola, Kantolic relativizó la idea de que más lluvias significan linealmente más rinde. La investigadora mostró que los rendimientos reales en años húmedos son dispersos debido a ineficiencias del sistema y brechas productivas.
"La soja tiene la capacidad de producir más o menos diez kilos por hectárea por milímetro de agua transpirada, que es la que absorben las raíces y se pierde por las hojas", explicó.
El resto del agua se pierde por evaporación directa, escurrimiento o consumo de malezas. Para acortar esta "brecha de rendimiento" respecto de la frontera hídrica, el productor debe optimizar el manejo de fechas de siembra, genotipos y densidad.
Kantolic expuso que la biomasa del cultivo depende de la radiación incidente y de la eficiencia del canopeo para interceptarla. Para alcanzar rendimientos potenciales, se debe maximizar la radiación capturada luego de la floración, en la etapa de fructificación y llenado de granos.
"Si yo quiero tener condiciones de rendimiento potencial, además de no tener estrés hídrico, lo que tengo que hacer es maximizar la radiación que incide en estos momentos posteriores a la floración", puntualizó. En esta línea, citó estudios de Marcos Murgio (Inta Manfredi) y Claudia Vega, que demuestran que el 75 por ciento de la variabilidad del rinde potencial se explica por una única función vinculada a la radiación interceptada en posfloración (R1 a R7) para diversos genotipos y fechas de siembra.
Murgio determinó que la radiación incidente posfloración depende del momento en que ocurre el estado R5 (comienzo del llenado). Al demorarse este estado hacia el otoño, la radiación ambiental disminuye drásticamente, reduciendo las expectativas productivas. Kantolic recomendó emplear la plataforma "Cronosoja" de la Fauba para predecir con precisión la fenología de cada lote.
Potencial contra estabilidad
Los máximos rendimientos potenciales se registran en fechas de siembra tempranas, pero estas presentan una gran variabilidad interanual. "Las fechas tempranas, si bien tienen alta potencialidad, son las más variables; hay que encontrar el rango de fechas tempranas más seguras para cada lugar", aconsejo la agrónoma.
Esta inestabilidad ocurre porque la posfloración en siembras tempranas coincide con momentos de máxima demanda transpiratoria.
Incluso en años Niño, suelen registrarse semanas consecutivas sin precipitaciones que, en suelos de baja retención, provocan estrés hídrico severo durante el período crítico.
El riesgo del anegamiento
El exceso hídrico proyectado plantea el anegamiento como una amenaza física concreta. Definido como la saturación prolongada del suelo (más del 20 por ciento por encima de capacidad de campo), disminuye el oxígeno disponible, acelera la senescencia foliar y provoca la muerte de nódulos, afectando la fijación biológica de nitrógeno.
Basándose en una revisión de la investigadora Rocío Ploschuk, Kantolic puntualizó que los mayores perjuicios se registran en la posfloración con pérdidas promedio del 57 por ciento, mientras que en etapas vegetativas promedian el 42.
No obstante, anegamientos tempranos (estados V1 a V4) pueden dejar secuelas fisiológicas permanentes que impiden el crecimiento normal del cultivo en el periodo crítico.
El termómetro del canopeo
Por otra parte, la docente advirtió sobre el impacto del estrés térmico por temperaturas superiores a los 30°C, que causa daños bioquímicos y membranosos que disminuyen la fotosíntesis.
En posfloración, el calor provoca fallas de fecundación, muerte de vainas y un llenado de grano lento y liviano.
La especialista expuso trabajos de Guillermo Barberis que asocian el rendimiento de soja en 18 departamentos durante 17 años con variables climáticas extremas. El rinde correlaciona fuertemente de forma negativa con la cantidad de días con temperaturas máximas extremas (percentil 90) durante la posfloración.
El descubrimiento fundamental es que la correlación es muy superior al evaluar la temperatura del canopeo mediante satélites en vez de la del aire de la casilla meteorológica. "Las correlaciones son mucho más altas cuando uno mide la temperatura del canopeo", detalló. Esto ocurre porque el canopeo se desacopla de la temperatura ambiente: si la planta tiene agua en el suelo, transpira y se refrigera; si el agua escasea, cierra estomas, se calienta y sufre un estrés metabólico severo que afecta directamente la productividad.
Opciones para mitigar riesgos
Como cierre, la especialista de la Fauba instó a los productores a adoptar estrategias proactivas. Para capturar la alta radiación y el potencial de rinde del año Niño, sugirió manejar minuciosamente la estructura del cultivo seleccionando fechas de siembra, variedades y modificando la densidad y el espaciamiento entre hileras para lograr una rápida intercepción de luz.
En cuanto a la mitigación de excesos y estrés térmico, Kantolic resaltó que, si bien el clima es inmodificable, el productor puede regular el agua y la temperatura del canopeo. "No podemos cambiar la temperatura del aire, pero sí podemos manejar la temperatura del canopeo a través de nuestro manejo del agua", concluyó.
Esto implica conservar la cobertura vegetal del suelo para evitar la evaporación directa, minimizar el escurrimiento superficial, combatir la compactación física del lote y controlar estrictamente las malezas que consumen los recursos destinados al cultivo.
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