Pulso Tierra abordó el desafío de transformar la tecnología en decisiones rentables y sostenibles
La reciente jornada Pulso Tierra, organizada por la Federación Agraria Argentina (FAA) en la provincia de Córdoba, se consolidó como un espacio fundamental para debatir el presente y el futuro de la producción agropecuaria nacional.
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En un contexto marcado por la aceleración digital, el panel dedicado a la "Digitalización del campo y agricultura inteligente" capturó la atención de los asistentes, contando con la disertación central del ingeniero agrónomo Sebastián Muñoz, jefe de la agencia del INTA Río Cuarto y vicepresidente de la Mesa de Buenas Prácticas Agrícolas de dicha localidad.
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Acompañado por referentes como Luz Fuentes, coordinadora de información geoespacial de Idecor, y Marcos Blanda, secretario de agricultura y recursos naturales del Ministerio de Bioagroindustria, Muñoz planteó una visión disruptiva pero pragmática sobre el rol de la tecnología en el lote.
Para el especialista, el concepto de "Agricultura Inteligente" no debe abordarse únicamente desde la frialdad de los algoritmos, sino desde la mirada del asesor agrónomo que utiliza estas herramientas para optimizar sistemas vivos.
El factor humano
Uno de los ejes centrales de la ponencia de Muñoz fue la desmitificación de la tecnología como un fin en sí mismo. Ante un auditorio colmado de productores y profesionales, el ingeniero fue tajante: “Las herramientas para el agro son herramientas; poniendo en el centro a la persona, el asesor utiliza todo esto”.
En un mundo donde conceptos como Big Data e Inteligencia Artificial (IA) parecen dominar la agenda, Muñoz advirtió que no subirse a esta "ola" puede ser perjudicial, pero que su uso debe ser siempre crítico y con una bajada directa al territorio.
Esta perspectiva se alinea con el trabajo que Muñoz coordina dentro del programa AgTech, donde el objetivo primordial es facilitar que la tecnología "baje a tierra" y sea incorporada efectivamente por la enorme cantidad de productores que nuclea la Federación Agraria. La definición de AgTech que resonó en el encuentro fue clara: “Aplicación de herramientas, métodos y procesos para mejorar la eficiencia productiva”, buscando siempre achicar la brecha entre lo que se logra hoy y lo que se desea alcanzar.
La calidad del dato
Muñoz introdujo una advertencia histórica que sirve como cable a tierra para el sector. Recordó que hace 30 años, en 1995, el INTA Manfredi instaló el primer monitor de rendimiento en el país. Sin embargo, tres décadas después, la industria sigue enfrentando problemas básicos en la generación de mapas de rendimiento de calidad.
“Tenemos mucha tecnología, pero tenemos que ir al inicio, a la base, a la generación del dato y que ese dato sea de calidad”, subrayó Muñoz. La lógica es implacable: si el dato inicial es erróneo, cualquier proceso de ingeniería o inteligencia artificial posterior arrojará resultados equivocados.
Actualmente, una maquinaria agrícola moderna cuenta con más de 200 sensores capaces de captar información de todo tipo, pero existe un "gran desaprovechamiento" de este volumen informativo. En la visión del INTA, el aprovechamiento de estos datos no solo sirve para la producción inmediata, sino que es la llave para la trazabilidad y certificación de calidad que hoy exigen los mercados internacionales.
Agricultor inteligente
En un ingenioso juego de palabras, Muñoz propuso reinterpretar las siglas de la Inteligencia Artificial (IA) para convertirlas en el "Agricultor Inteligente". Este concepto refuerza la idea de que debe ser el agrónomo quien utilice las herramientas para dar valor agregado a la producción.
El desafío actual para el asesor es traducir el comportamiento de un "ser vivo" (la planta) en un ecosistema de datos que abarque desde la siembra y la fertilización hasta la pulverización y la cosecha.
Este proceso genera un círculo virtuoso: los buenos datos de una cosecha permiten realizar prescripciones más precisas para la próxima campaña, bajando la tecnología al nivel del metro cuadrado. Muñoz destacó que, especialmente en el sur de Córdoba, la heterogeneidad de los ambientes es una constante. “En un mismo lote tenemos una variabilidad de intralotes y esa variabilidad es bueno medirla y conocerla”, explicó, siempre con la rentabilidad económica y productiva como norte.
La brecha productiva
El impacto de la tecnología se vuelve tangible cuando se analizan las brechas de rendimiento. Según los datos presentados, en zonas como Río Cuarto, el promedio de rinde de maíz puede situarse en los 8.000 kilos por hectárea, mientras que el rendimiento potencial -aquel que se alcanza cuando todos los componentes de radiación, temperatura, genética y nutrientes están alineados- podría llegar a los 16.000 kilos.
Para Muñoz, la tecnología es la "cuña" que permite a los profesionales acortar esa distancia. No se trata simplemente de "apilar capas" de información temática, como se hacía en 2010, sino de realizar un abordaje integral. Hoy, un asesor puede integrar sensores remotos (satélites, drones) con mapas de rendimiento, sensores directos, balances hídricos y sensores proximales para tomar decisiones con criterio humano. “¿Por qué dentro de un mismo ambiente el cultivo se comporta diferente? Eso no lo va a pensar la IA, es el asesor humano quien con criterio interpreta estas cosas”, sentenció el especialista.
Casos prácticos: El beneficio de la dosis variable
Para ilustrar estos conceptos, Muñoz presentó resultados de ensayos realizados en Marcos Juárez, donde se comparó el manejo de dosis fija frente a dosis variable por ambientes.
La implementación de tecnología de precisión permitió cuantificar beneficios en cuatro ejes fundamentales.
El beneficio Productivo por efecto de la optimización de los rendimientos alcanzados; el beneficio económico, con rentabilidad medida a través del ahorro de insumos y mejora en el margen bruto; el beneficio ambiental por el Uso eficiente de recursos y reducción del impacto por aplicaciones innecesarias; y el beneficio Social, al asegurar la sostenibilidad en la producción de alimentos y el cumplimiento de Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA).
En los ciclos productivos analizados, la cuantificación de cada paso (presiembra, siembra, fertilización de base y refertilización) demostró que la gestión inteligente de los ambientes no solo es posible, sino necesaria para que la tecnología no "caiga por su propio peso" por falta de implementación.
Un futuro integrado
La jornada Pulso Tierra dejó en claro que la digitalización del campo ya no es una promesa a futuro, sino una realidad que requiere de profesionales capacitados para liderarla.
Sebastián Muñoz cerró su intervención agradeciendo el espacio brindado por la Federación Agraria, reafirmando que el camino hacia una agricultura más eficiente y sostenible depende de la capacidad del sector para generar datos de calidad y, sobre todo, para tener asesores con el criterio suficiente para transformarlos en conocimiento aplicado al lote.
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