Córdoba propone industrializar el maíz y romper el modelo de exportación primaria
El ministro de Bioagroindustria reafirmó en el congreso Maizar la necesidad de elevar los cortes de biocombustibles al nivel de Brasil y reclamó una baja de retenciones por ley para otorgar previsibilidad al sector frente a los desafíos de la nueva campaña.
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En el marco de una reciente edición del Congreso Maizar, el epicentro del debate sobre la cadena del maíz en Argentina, la provincia de Córdoba volvió a marcar una postura firme y ambiciosa.
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El ministro de Bioagroindustria, Sergio Busso, participó activamente del evento, ratificando la visión estratégica de un distrito que se consolida como el principal productor de maíz del país pero que, al mismo tiempo, enfrenta el histórico desafío de dejar de ser un mero proveedor de materia prima para convertirse en un polo de bioenergía y proteína animal.
Para Busso, la presencia en Maizar es una cita obligada para acompañar a una cadena que calificó como "convocante" y que "atraviesa absolutamente" la realidad cordobesa.
Sin embargo, su discurso no se quedó en la celebración de los volúmenes de cosecha, sino que apuntó directamente a lo que definió como la "asignatura pendiente" de la política agroindustrial argentina: la transformación del grano en origen.
El desafío de la transformación
La premisa de Córdoba es clara: el maíz no debe viajar miles de kilómetros hacia los puertos sin procesar.
"El gran desafío que tenemos del gobierno con los productores es poder transformar mucho más, que el maíz no se va en grano al puerto", sentenció Busso durante el congreso. Esta necesidad cobra una relevancia geográfica particular para la provincia, que por su ubicación mediterránea se encuentra lejos de las terminales portuarias, lo que encarece los fletes y resta competitividad al grano bruto.
En este sentido, cualquier decisión que fomente la transformación local es vista por la gestión cordobesa como una medida de supervivencia y crecimiento.
La apuesta es ambiciosa: pasar de un modelo extractivo a uno de agregación de valor que genere riqueza y empleo en el interior productivo.
La revolución de los biocombustibles
Uno de los pilares de esta transformación es, sin duda, la industria del bioetanol. Busso fue categórico al solicitar un aumento en los niveles de corte de combustibles, proponiendo una convergencia con los estándares del Mercosur, particularmente con Brasil.
"Aumentar el corte de 12 [por ciento] pasar al igual que Brasil a converger con el Mercosur... no hay ningún obstáculo para hacerlo. Es una cuestión de decisión política", afirmó el ministro.
La visión de Busso no es solo teórica, sino que está respaldada por proyecciones económicas concretas sobre el impacto que tendría una nueva legislación.
El ministro puso en números lo que significaría elevar apenas un punto el corte de mezcla: "Un punto de corte que se aumente en la ley sería una Bio4, una planta como la que hay en Río Cuarto, nueva. Eso significa 200 puestos de trabajo directo".
Bajo esta lógica, el potencial de crecimiento es masivo. Si Argentina lograra saltar del actual 12 por ciento a un horizonte del 28, la magnitud de la inversión en provincias maiceras como Córdoba sería inédita. Para Busso, ya no hay margen para las dilaciones: "Ya no hay que hablar más, hay que tomar decisiones... no hay más excusas para no hacerlo", subrayó, vinculando esta decisión no solo al desarrollo económico sino también a la sostenibilidad ambiental y la necesaria migración de combustibles fósiles a bíos.
Una economía circular
El ministro destacó que el maíz es el ejemplo perfecto de una cadena donde nada se desperdicia. Además del alcohol para bioetanol, la industria genera subproductos vitales para otras ramas de la producción.
Busso mencionó el caso de las plantas en Villa María que producen burlanda húmeda y seca, insumos fundamentales para la alimentación de ganadería bovina, porcina y ovina.
Pero la agregación de valor va incluso más allá de lo evidente. El procesamiento del maíz permite capturar hasta el anhídrido carbónico para la industria de las gaseosas.
"El maíz usa todo... todo eso es valor agregado y todo eso es mayor trabajo y eso es lo que tenemos que defender en una Argentina donde necesitamos, sobre todo en el interior productivo, generar estas posibilidades", explicó el funcionario.
Reclamo cordobés
A pesar del entusiasmo por el potencial técnico, Busso expresó una profunda preocupación por la precariedad del marco regulatorio actual. Criticó que, en la actualidad, muchas decisiones clave para el sector productivo dependan de "una simple resolución de un funcionario de la Secretaría de Energía" en lugar de estar regidas por una ley robusta.
El reclamo de Córdoba es por políticas públicas previsibles que vayan más allá de la coyuntura o del ánimo circunstancial de un funcionario de turno.
"Necesitamos una ley de biocombustible que permita fundamentalmente que las inversiones vayan mucho más allá de la coyuntura", reclamó Busso.
El ministro también marcó una contradicción en la política económica nacional, comparando el trato que recibe el sector de alimentos frente a otras industrias. Mientras que sectores como la minería, la energía y el petróleo son estimulados a través de incentivos como el RIGI, el sector agropecuario —al que calificó como el motor que ya está encendido— sigue siendo "castigado" con una carga tributaria excesiva.
Retenciones: El "peso" que frena el potencial
La cuestión impositiva ocupó un lugar central en la entrevista brindada por el ministro. Busso fue tajante al referirse a las retenciones (derechos de exportación) como un gravamen anacrónico: "Las retenciones es un peso que no existe primero en ningún país del mundo, existe acá. Es una excusa".
Si bien valoró que existan anuncios o intenciones de ir hacia una reducción, se mostró escéptico ante la falta de medidas legislativas concretas. Respecto a los recientes anuncios gubernamentales, el ministro señaló que el impacto sigue siendo insuficiente para el bolsillo del productor.
Ejemplificó que, en el caso del trigo, a pesar de los anuncios de baja de aranceles para insumos, el productor todavía debe enfrentar un costo de 50 dólares por tonelada en retenciones, en una campaña marcada por altos costos de combustible y fertilizantes.
En cuanto a la soja, con una carga del 27 por ciento, Busso criticó que la reducción dependa de factores externos o electorales. "Cuando el Presidente en el anuncio dice 'bueno, pero va a depender de la recaudación y va a depender que yo sea reelecto', la verdad que deja de ser poco serio ese anuncio", disparó el ministro.
La solución propuesta por Córdoba es la institucionalidad: "Lo que habría que hacer es el envío de una ley al Congreso de la Nación y que se defina la baja de retenciones por ley. Eso le da previsibilidad y seguridad jurídica a cualquiera que quiere invertir en Argentina".
Para Busso, la recuperación de la economía nacional y la generación de empleo genuino en el interior dependen de que se alivie la carga sobre el campo y se establezcan reglas de juego claras, sostenibles y coherentes con el potencial de una cadena que, como la del maíz, está lista para traccionar el desarrollo del país.
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