Cómo gestionar la ansiedad en la vida cotidiana: claves para entender tu propio mapa emocional
La ansiedad se ha consolidado como uno de los problemas de salud mental más extendidos a nivel mundial, una realidad que requiere de herramientas prácticas y accesibles para ser comprendida y gestionada en el día a día.
El mecanismo ansioso no es un fenómeno nuevo, sino una parte intrínseca de nuestra maquinaria biológica que nos ha acompañado desde el inicio de los tiempos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSegún explicó la psicóloga clínica, Marina Mammoliti, en Plataforma Magazine, programa que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1, nuestro cerebro “fue diseñado originalmente para enfrentar amenazas físicas inmediatas, como depredadores en la sabana africana. Sin embargo, el contexto del siglo XXI es radicalmente distinto y, a menudo, hostil para este sistema de respuesta”.
Esta desconexión entre nuestro diseño evolutivo y las exigencias de la vida moderna “provoca que el sistema de alerta se mantenga sobreactivado de forma constante. La sobreinformación y el uso intensivo de dispositivos móviles actúan como catalizadores que intensifican esta sensación de inquietud”, describió.
La especialista enfatizó que, aunque la ansiedad es una experiencia universal, “es fundamental desmitificarla y acercar los conceptos de la psicología al lenguaje cotidiano, sacándolos de los nichos académicos para que cualquier persona pueda aplicarlos a su propia realidad”.
La importancia de trazar un mapa personal
Uno de los puntos centrales de la charla fue la advertencia sobre la inexistencia de "recetas mágicas" que funcionen para todos por igual. Mammoliti subrayó que “cada individuo experimenta la ansiedad de manera única, con disparadores y causas particulares”. Por ello, el primer paso para una gestión efectiva es lo que ella denomina "trazar el propio mapa de la ansiedad".
Este enfoque permite que cada persona identifique qué herramientas son realmente útiles para su situación específica.
"Si yo tengo la ansiedad desbordada en la dimensión existencial, pero voy a yoga y hago ejercicios de relajación, quizás eso no tenga impacto en mi ansiedad porque no estoy usando las herramientas correctas para lo que me pasa"
Entender la raíz del malestar es, por tanto, el paso previo indispensable antes de intentar cualquier técnica de mitigación.
Estrategias prácticas para bajar el cortisol
A pesar de la necesidad de personalización, existen pilares fundamentales respaldados por la evidencia científica que ayudan a reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés. “El primero y más relevante es la higiene del sueño: dormir entre siete y nueve horas diarias es la medicina más probada para regular el sistema nervioso”, indicó la psicóloga.
Otra herramienta clave es el anclaje en el cuerpo a través de la respiración consciente. “Ante momentos de tensión, se recomienda realizar inhalaciones en dos tiempos seguidos de una exhalación más larga. Esta técnica puede aplicarse en cualquier entorno, ya sea laboral o personal, para enviar una señal de calma al sistema nervioso”. Asimismo, agreó, “el contacto con la naturaleza juega un rol determinante: caminar entre 18 y 20 minutos en espacios verdes o en contacto con el pasto reduce drásticamente los niveles de estrés en el organismo”.
Recursos ante situaciones de crisis
Es necesario distinguir entre la ansiedad cotidiana y los episodios de mayor intensidad, como un ataque de pánico, advirtió la especialista.
En estos casos, la intervención requiere de un acompañamiento más directo. Marina Mammoliti destacó que “existen recursos digitales, como audios específicos de asistencia, diseñados para guiar a la persona durante un pico de ansiedad, ayudándola a recuperar la regulación emocional cuando el desborde es inminente.”
En última instancia, el trabajo de divulgación que realiza la especialista busca empoderar a las personas para que dejen de ser espectadoras de su propio malestar y se conviertan en agentes activos de su bienestar.
“La clave reside en la constancia, la autoconciencia y la capacidad de integrar estas pequeñas pausas y hábitos saludables en la rutina, transformando la manera en que nos relacionamos con nuestras propias emociones”, concluyó la psicóloga.