Elisa Delia Masán fue premiada por su labor rural en Tandil
La tandilense recibió el Premio Lía Encalada por su trayectoria rural, entre 200 postulantes de todo el país.
La historia de Elisa Delia Masán es un testimonio vivo de la resiliencia y el trabajo constante en el ámbito rural. Recientemente, su trayectoria fue puesta en valor a nivel nacional al recibir el Premio Lía Encalada, una distinción que busca visibilizar el aporte fundamental de las mujeres que han dedicado su vida al campo.
En una entrevista exclusiva para Plataforma Magazine, programa que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1, la protagonista compartió detalles sobre este reconocimiento que la tomó por sorpresa y que hoy celebra junto a toda su familia.
La postulación de Elisa Delia Masán fue una iniciativa de una de sus hijas, quien decidió inscribirla sin previo aviso para reconocer su incansable labor. Al respecto, la mujer recordó con emoción aquel momento: "Ni sabía nada. Me dice: 'Tengo una sorpresa, te anoté'. Yo no sabía nada". Esta revelación dio paso a una experiencia inolvidable en Mar del Plata, donde se realizó la ceremonia de premiación. Allí, Elisa Delia Masán tuvo la oportunidad de encontrarse con otras mujeres de distintos puntos del país, compartiendo vivencias y realidades que, aunque geográficamente distantes, guardan puntos en común en cuanto al sacrificio y la dedicación.
Al reflexionar sobre los motivos que pudieron llevar al jurado a seleccionarla entre 200 candidatas, Masán destacó la importancia de haber visibilizado su recorrido. "Por lo que había estado en el campo, por lo que había trabajado, porque no había tenido un reconocimiento en mi vida", expresó con sencillez. Este premio no solo celebra su historia personal, sino que funciona como un espejo de las miles de mujeres rurales que, durante décadas, han sostenido la vida productiva y familiar en los entornos más alejados de los centros urbanos, muchas veces sin recibir una distinción formal por su esfuerzo cotidiano.
Su historia de vida
La infancia de Elisa Delia Masán transcurrió en Tandil, en el seno de una familia numerosa compuesta por 13 hermanos. Siendo la quinta en el orden de nacimiento y la mayor de las mujeres, asumió desde muy pequeña responsabilidades significativas en el hogar, colaborando estrechamente con su madre. Aquellos años, marcados por la austeridad, se desarrollaron en un contexto donde la tecnología era inexistente: sin electricidad, la familia dependía de faroles para iluminarse, cocinaba a leña y se informaba a través de una radio a batería.
El camino hacia la educación formal también fue un desafío. Para asistir a la Escuela 8 de Arroyo Seco, ella y sus hermanos debían realizar el trayecto caminando diariamente. A pesar de las dificultades, guarda un recuerdo afectuoso de esa etapa, describiéndola como "una infancia muy linda". Sin embargo, en su memoria permanece un anhelo que no pudo concretar: su deseo de ser maestra. Tenía todo preparado, incluso el uniforme y los libros, pero el destino le impuso una pausa cuando su padre le solicitó que permaneciera en el hogar para asistir a su madre en las tareas domésticas.
Aquel episodio, que ella misma definió con la frase "se me vino el mundo encima", marcó un punto de inflexión en su vida. A pesar de la frustración inicial, Elisa Delia Masán continuó adelante con su camino, forjando un carácter resiliente. Más tarde, contrajo matrimonio y regresó a la vida rural junto a su marido, quien también se dedicaba a las labores del campo. Allí, la pareja formó su propia familia y tuvo cuatro hijos, enfrentando los desafíos de la crianza en un entorno que, con el correr de los años, comenzó a modernizarse con la llegada de servicios básicos como la electricidad.
La vida de Masán ha sido una constante superación de obstáculos. Tras el fallecimiento de su marido hace casi 12 años, decidió radicarse en la ciudad de Tandil. A sus 74 años, disfruta de su jubilación rodeada del cariño de sus hijos y nietos. Su nieta Ema fue una de las personas que la acompañó en este proceso y celebró con orgullo el reconocimiento recibido por su abuela, destacando la importancia de este homenaje en la etapa actual de su vida.
La familia, en su conjunto, ha vivido este premio como un acto de justicia. Una de sus hijas, quien impulsó la candidatura, manifestó su profunda emoción al ver que el esfuerzo de su madre era finalmente valorado a nivel nacional. "Nos emocionó un montón a todos. Es un halago grande para mamá, que la viene peleando hace mucho tiempo", comentó, subrayando el valor simbólico de este galardón para alguien que ha trabajado incansablemente durante décadas lejos de los grandes escenarios y los homenajes públicos.
Elisa Delia Masán, por su parte, aprovechó la oportunidad para destacar la fortaleza necesaria para sostener la vida rural. Según su visión, las mujeres del campo enfrentan una realidad compleja que requiere de una gran entereza para sobrellevar las jornadas laborales, las inclemencias del clima y el aislamiento geográfico. Para ella, el premio Lía Encalada es una forma de poner en valor esa trayectoria construida con esfuerzo, permitiendo que su historia, y la de tantas otras mujeres, sea escuchada y respetada por la sociedad.
Hoy, Masán reparte sus días entre la tranquilidad de Tandil y sus ocasionales visitas al campo, manteniendo siempre el vínculo con sus raíces. Este reconocimiento no es solo un trofeo, sino la validación de una vida dedicada al trabajo y a la familia. Al cerrar esta etapa de su trayectoria con un premio de alcance nacional, se consolida como un referente de la mujer rural argentina, cuya historia de vida, marcada por la superación y el compromiso, continúa inspirando a quienes la rodean y a su comunidad.