Entre la medicina y la música: el lado B de Walter Ponce
El reconocido médico oncólogo compartió su historia de vida y su profunda pasión por la música en una emotiva entrevista, donde reflexionó sobre la importancia de la empatía en la medicina y cómo el arte se convirtió en su refugio personal.
La trayectoria de Walter Ponce es una historia de vocación, esfuerzo y sensibilidad. Nacido en Lomas de Zamora y criado en Villa Cacique, el médico recordó con emoción sus años de formación, marcados por la distancia y el sacrificio de sus padres para garantizarle una educación de excelencia.
Desde muy temprana edad, Ponce supo que su destino estaba ligado a la salud, una vocación que, según sus propias palabras, nació de manera paralela a su amor por el arte.
Durante su participación en Plataforma Magazine, programa que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1, el especialista en oncología destacó que la medicina no puede entenderse sin un componente humano fundamental.
"La medicina, si no tiene su punto humanístico, no es medicina. Difícilmente podamos llegar al paciente si no lo escuchamos, no aprendemos a conocerlo, no lo tocamos, no lo examinamos", afirmó Ponce, subrayando que su enfoque profesional siempre ha sido ponerse en el lugar del otro, una práctica que mantiene desde sus inicios en el servicio de cirugía del Hospital de Niños de La Plata.
La música como terapia y conexión
Si bien la medicina ha sido el eje central de su vida, la música ha funcionado como su "lado B", un espacio de expresión que retomó con fuerza en 2013. Ponce recordó sus inicios en el estudio de la guitarra a los 10 años, y cómo esa disciplina temprana lo llevó a recorrer conservatorios y escenarios. "La música cura el alma", coincidieron varios de sus allegados a través de mensajes enviados al programa, destacando la calidez con la que el médico integra su pasión artística con su labor diaria.
El proyecto musical Bandidos, que Ponce conformó junto a amigos y colegas, se ha transformado en un espacio de encuentro y celebración. El grupo, integrado por Daniel Román, Leo Mera, Guillermo Irigoyen, Lucas del Río y Norberto Santoro, representa para el oncólogo mucho más que una banda: es un grupo de buenas personas con las que comparte la vida. "Cuando uno conforma un grupo, más allá de que sean buenos músicos, lo que uno prevalece es que sean buenas personas", explicó.
El impacto en la comunidad y el reconocimiento
La entrevista estuvo marcada por constantes muestras de afecto de pacientes, amigos y familiares. Voces como las de Zulma, Eduardo Vistali, Néstor López y el doctor Gonzalo Mandiola —a quien Ponce definió como un hijo y un discípulo—, dieron cuenta de la huella que el médico deja en quienes lo rodean. La emoción fue compartida por su hija Ailén y su esposa Marita, quienes acompañan este camino donde la música y la medicina se entrelazan.
Al ser consultado sobre cómo logra equilibrar la complejidad de su especialidad con la alegría del escenario, Ponce fue contundente: "Hoy, por los años que tengo, hago lo que tengo ganas. Le pongo pasión. Si lo hago bien o mal, ya no importa. No tengo nada que demostrar, solo lo hago por amor". Esta filosofía de vida, que prioriza la autenticidad y el vínculo humano, es la que define su práctica profesional y su faceta artística.
El cierre del programa fue un momento de alta emotividad, donde el médico, fiel a su estilo, no dudó en tomar la guitarra para dedicar una canción a su esposa.
Este gesto sintetizó el espíritu de la charla: un hombre que, tras décadas de servicio en la oncología, sigue encontrando en la música y en el afecto de su comunidad el motor necesario para seguir adelante, celebrando la vida en cada una de sus facetas.