Lado B: Enrique Aracil, el médico que encontró en la pintura su refugio personal
El reconocido patólogo, con una trayectoria de 42 años en la medicina, compartió su faceta menos conocida: la pasión por la pintura y el dibujo, una disciplina que lo acompaña desde su infancia y que se convirtió en su ventana al mundo.
La medicina no fue una elección azarosa en la vida de Enrique Aracil. Según relató, su interés por la ciencia comenzó a temprana edad tras la lectura de "Cazadores de microbios" de Paul de Kruif, una obra que despertó su fascinación por el microscopio y la investigación.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEste entusiasmo lo llevó a montar un laboratorio casero en su niñez, donde realizaba sus primeras observaciones biológicas, un antecedente directo de su futura especialización en patología.
A pesar de haber desarrollado una carrera médica de 42 años, Aracil reconoce que su vida siempre estuvo atravesada por el arte. Durante su infancia, debido a un asma severa que le impedía realizar actividades físicas al aire libre, el dibujo se transformó en su refugio.
"Esa represión por mi salud me hizo que me volcara por el dibujo", confesó el médico, quien recuerda cómo su madre lo cuidaba mientras él observaba el mundo desde la ventana, una imagen que hoy se refleja en su obra pictórica.
El arte como terapia y ventana
El "lado B" de Aracil, como se denomina a esta faceta artística, ha cobrado una relevancia especial en su vida adulta. A pesar de las exigencias de su labor profesional, el patólogo ha logrado canalizar sus emociones a través de la pintura y el dibujo.
Sus obras, que incluyen paisajes urbanos y retratos, destacan por un nivel de detalle minucioso. Sorprendentemente, muchas de sus piezas están realizadas íntegramente con birome negra, una técnica que no permite errores y que requiere una precisión absoluta.
La influencia de su historia personal es evidente en su producción artística. "Si vos lo tenes en una pared, es una ventana que tenes", explicó Aracil al referirse a sus cuadros.
Esta conexión entre su pasado, marcado por el encierro obligado, y su presente creativo, demuestra cómo el arte ha funcionado como una herramienta de resiliencia y expresión personal a lo largo de las décadas.
Paisaje urbano y retratos
Aracil se dedica principalmente a lo que él denomina “paisaje urbano”, capturando escenas de la vida cotidiana como malabaristas, personas en la puerta de una iglesia o niños en la calle.
También destaca su habilidad para realizar retratos detallados y perfectos, incluyendo figuras conocidas como el intendente Miguel Lunghi o el escultor Carlos Allende, utilizando técnicas que van desde la acuarela hasta el dibujo con birome negra.
Para él, pintar estos paisajes y rostros funciona como una “ventana” al exterior, un concepto que lo conecta con su infancia, cuando su condición de asmático le impedía salir a jugar y lo obligaba a observar el mundo a través del vidrio.
El reconocimiento de su entorno
Durante el programa, la figura de Aracil fue celebrada, especialmente, por sus cuatro hijos, quienes enviaron mensajes cargados de afecto.
Juan Antuel, también patólogo, destacó la influencia de su padre en su propia vocación. Por su parte, Eduardo, su hijo mayor y abogado, subrayó la importancia del arte en el desarrollo del alma y la mente, celebrando la visión artística que su padre ha cultivado.
Franco y Tacún (Bernardo) resaltaron diversas facetas que definen su personalidad más allá de la medicina y el arte. Franco puso énfasis en el vínculo deportivo, recordando con admiración las épocas en que su padre era arquero en el club Independiente y destacando su presencia incondicional en cada partido que él mismo disputó. Para él, el rasgo principal de Enrique es su calidad humana, manifestada en la dedicación y pasión que pone en todo lo que hace.
Por su parte, Tacún señaló que las categorías de "lado A" y "lado B" resultan insuficientes para describir a su padre, a quien calificó como un excelente asador, docente, jefe, amigo y compañero de trabajo. Finalmente, ambos coincidieron en su excelencia dentro del ámbito familiar, describiéndolo como un padre y abuelo “diez puntos” que siempre ha estado presente para ellos.
La esposa de Aracil se llama María Elena, es odontóloga y el vínculo entre ambos comenzó hace años cuando se conocieron en el hospital durante la residencia.
Según relató el doctor, Malena, como la llaman, lo ha acompañado incondicionalmente en cada paso de su vida y carrera; aunque a veces pudiera haber alguna protesta de por medio, ella siempre ha estado firme a su lado apoyándolo en todo lo que emprende.
Para Aracil, el equilibrio entre su exigente profesión y su pasión por el arte es fundamental. "No hay almohada más blanda que un corazón feliz y una conciencia tranquila", concluyó el doctor, reafirmando que, a pesar de las dificultades que conlleva la medicina, el apoyo de su familia y sus amigos es el motor que sostiene su trayectoria.