A 50 años del golpe: el cine como memoria viva de la dictadura
Una selección de diez películas argentinas recorre distintas miradas sobre la dictadura, desde la represión y el horror de los centros clandestinos hasta las historias de resistencia, memoria y justicia que aún interpelan a la sociedad.
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Al cumplirse medio siglo del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, distintas expresiones culturales vuelven a ocupar un lugar central en la construcción de la memoria colectiva. Entre ellas, el cine argentino se consolida como una herramienta clave para narrar, denunciar y reflexionar sobre uno de los períodos más oscuros de la historia nacional. En ese marco, una selección de diez películas permite recorrer distintas miradas sobre el terrorismo de Estado y sus consecuencias.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDesde los primeros años de la dictadura, incluso bajo censura, el cine comenzó a dar cuenta del clima de época. Tal es el caso de Tiempo de revancha (1981), de Adolfo Aristarain, que, a través de una historia de venganza en el mundo laboral, logró aludir de manera indirecta al autoritarismo imperante. Con el retorno de la democracia, las producciones comenzaron a abordar de forma más directa los crímenes del régimen.
Una de las obras más emblemáticas es La historia oficial (1985), de Luis Puenzo, que expone el drama de la apropiación de niños durante la dictadura. La película, ganadora del Oscar, se convirtió en un hito al visibilizar internacionalmente las violaciones a los derechos humanos en Argentina.
En la misma línea, otros films profundizan en distintos aspectos del aparato represivo. La noche de los lápices (1986), de Héctor Olivera, reconstruye el secuestro y desaparición de estudiantes secundarios en La Plata, mientras que Garage Olimpo (1999), de Marco Bechis, muestra con crudeza el funcionamiento interno de los centros clandestinos de detención.
El cine también ha explorado las historias de resistencia y supervivencia. Crónica de una fuga (2006), de Adrián Caetano, relata la fuga real de detenidos, evidenciando el horror cotidiano del cautiverio. Por su parte, Infancia clandestina (2012), de Benjamín Ávila, propone una mirada íntima sobre la vida en la clandestinidad desde la perspectiva de un niño.
Más recientemente, películas como Argentina, 1985 (2022), de Santiago Mitre, retoman el proceso de justicia a través del histórico juicio a las juntas militares, un hecho sin precedentes que marcó la transición democrática.
La lista se completa con documentales y ficciones que amplían el enfoque: Juan, como si nada hubiera sucedido (1987), de Carlos Echeverría, investiga la desaparición de un estudiante en Bariloche; Un muro de silencio (1993), de Lita Stantic, reflexiona sobre las dificultades de representar el horror; y Los rubios (2003), de Albertina Carri, reconstruye la memoria desde una perspectiva autobiográfica.
En conjunto, estas producciones configuran un mosaico de relatos que abordan la represión, la apropiación de menores, la militancia política, la vida cotidiana bajo el terror y los procesos de memoria y justicia posteriores.
A 50 años del golpe, el cine no solo actúa como testimonio, sino también como una forma activa de mantener vigente el reclamo de memoria, verdad y justicia. En un contexto donde persisten debates sobre el pasado reciente, estas películas se consolidan como herramientas fundamentales para interpelar a nuevas generaciones y evitar que el olvido vuelva a imponerse.
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