Educación inclusiva: cómo los estudiantes neurodivergentes pueden aprender un nuevo idioma con éxito
Un informe de la organización educativa Pearson derriba el mito de que aprender una segunda lengua es inaccesible para alumnos con dislexia o TDAH, y propone transformar las aulas tradicionales para potenciar sus fortalezas únicas.
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Durante décadas, se consolidó la creencia errónea de que los estudiantes con dislexia, Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) u otras condiciones cognitivas no poseían la capacidad real para aprender un segundo idioma de manera efectiva. Sin embargo, la mirada de la educación inclusiva actual ha dado un giro rotundo sobre esta problemática. Nuevas investigaciones demuestran que el verdadero obstáculo no reside en las capacidades de los alumnos neurodivergentes, sino en los métodos de enseñanza tradicionales que dominan las aulas actuales, los cuales suelen ser rígidos y poco adaptables.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl debate cobra fuerza a partir del informe titulado "Removing Barriers, Raising Expectations: Inclusive Strategies for Neurodiverse Classrooms", elaborado por la prestigiosa entidad educativa global Pearson. Este documento revela que el sistema educativo actual está diseñado casi en su totalidad para un "aprendiz típico", es decir, un estudiante capaz de procesar largas instrucciones verbales, mantener la atención de manera sostenida durante horas y demostrar sus conocimientos casi exclusivamente a través de la escritura. Este esquema rígido margina inevitablemente a quienes procesan la información de maneras alternativas.
Desde Pearson señalan la importancia de un cambio de paradigma urgente en la formación docente y el diseño curricular.
“El aprendizaje de idiomas no debería depender de una única forma de atención, memoria o expresión. Cuando incorporamos recursos visuales, oralidad, apoyos multimodales y distintas maneras de demostrar conocimiento, más estudiantes logran participar y progresar. La inclusión no implica bajar expectativas, sino eliminar barreras para que todos puedan acceder al aprendizaje”, explican desde la organización especializada en educación.
El informe detalla que los alumnos neurodivergentes se enfrentan a un desgaste cognitivo invisible y masivo antes de asimilar cualquier contenido nuevo. Acciones cotidianas como seguir una secuencia de instrucciones, filtrar los ruidos del aula, procesar estímulos sonoros o recordar consignas complejas consumen una gran parte de su energía mental diaria. Para mitigar esta sobrecarga, los especialistas sugieren implementar estrategias que combinen indicaciones visuales y orales, fragmentar las tareas en pasos sencillos, utilizar soportes gráficos, videos, diagramas y ofrecer evaluaciones mucho más flexibles que permitan demostrar el conocimiento adquirido sin la presión de los formatos tradicionales.
Fortalezas cognitivas y el impacto emocional en el aula
Lejos de asociar la neurodivergencia con una limitación intelectual, el estudio de Pearson subraya que condiciones como la dislexia no guardan relación alguna con un menor coeficiente intelectual. Por el contrario, muchos de estos estudiantes poseen habilidades cognitivas excepcionales y sumamente valiosas para el proceso de aprendizaje de lenguas extranjeras, tales como una gran creatividad, un pensamiento visual altamente desarrollado, una notable capacidad para el reconocimiento de patrones y la facilidad para entrar en estado de hiperfoco en temas de su interés particular.
En este sentido, la enseñanza de una segunda lengua, como el inglés, experimenta una mejora sustancial cuando las dinámicas de clase se flexibilizan y se adaptan a los diferentes perfiles cognitivos en lugar de exigir un molde único. El objetivo final es transformar el aula en un espacio de pertenencia real.
“Hoy el desafío no es solamente enseñar inglés, sino lograr que todos los estudiantes puedan desarrollar habilidades para el futuro en entornos donde se sientan incluidos y reconocidos. Las escuelas pueden transformar las aulas, pasando de ser espacios donde solo los estudiantes con un perfil determinado tienen éxito, a comunidades de pertenencia, donde cada estudiante, independientemente de su perfil neurológico, es reconocido no por sus carencias, sino por las fortalezas únicas que aporta”, destacan desde la entidad.
Otro aspecto crucial que aborda el informe es la relación directa entre el bienestar emocional y el rendimiento académico de los alumnos. El estrés, la frustración y la presión constante actúan como bloqueadores del aprendizaje. Cuando un alumno experimenta niveles elevados de ansiedad, sus funciones ejecutivas básicas, como la memoria de trabajo y la capacidad de razonamiento lógico, se ven severamente disminuidas. Por ello, las nuevas corrientes pedagógicas recomiendan la incorporación de pausas activas, técnicas de regulación emocional, el movimiento físico dentro del aula y la creación de un entorno seguro donde el error sea visto como parte del proceso y no como un motivo de castigo o burla, reduciendo así la barrera emocional que impide el desarrollo cognitivo.
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Finalmente, los expertos aclaran que la educación inclusiva no busca reducir el nivel de exigencia ni simplificar los contenidos curriculares. La meta es mantener expectativas elevadas para todos los alumnos, pero diversificando las metodologías y los caminos pedagógicos para alcanzar esos objetivos. Pearson trabaja activamente en el desarrollo de soluciones integrales que abarquen tanto el proceso de aprendizaje diario como las instancias de evaluación y certificación internacional. La conclusión es contundente: los niños neurodivergentes tienen la plena capacidad de dominar otro idioma, siempre y cuando las aulas dejen de planificarse bajo la premisa de un único molde cerebral, abriendo las puertas a un futuro con mayores oportunidades de comunicación global para todos por igual.
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