La comunicación fuera de los libros y del aula
El grupo de estudiantes de 6to año de la Orientación en Comunicación del Colegio Ayres del Cerro realiza reseñas sobre las visitas a El Eco Multimedios. En el marco de la materia Taller de Producción de Lenguajes, elaboran artículos en los que recuperan la experiencia de la visita y reflejan las curiosidades que les genera tomar contacto con un medio de comunicación.
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Por Victoria García
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl Eco siempre fue de esos espacios que están, existen y vemos, pero no nos imaginamos todo lo que hay detrás. Para nosotros como estudiantes de Ayres del Cerro de la orientación comunicación, la ida a El Eco no fue solamente una salida, fue ver a la comunicación desde un lugar distinto fuera de los libros y del aula.
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Las luces nos iluminaban las caras, las cámaras nos apuntaban y en el lugar había un silencio como si detrás de las paredes no hubiera nada más. Nos sentamos, todavía curiosos por todo lo que estábamos viendo, y sin aviso, ya estábamos al aire. Claudio Andiarena, con una tranquilidad que nosotros no teníamos, empezó a hacernos preguntas sobre la orientación que elegimos, qué nos gustaba, qué esperábamos y también hizo una pequeña nota con nuestra profesora María Victoria, quien nos acompañó durante todo este proceso.
Cuando se cortó la transmisión, nos entró esa curiosidad con la que habíamos llegado, ahora las preguntas eran para Claudio: ¿Cómo llegó a donde está ahora? ¿Cómo son sus días trabajando en El Eco? Interrogamos sobre su vida personal y un interés particular sobre su encuentro con el Papa Francisco. La atención seguía dispersa por el espacio, nos sorprendía estar dentro del lugar que antes solamente veíamos desde el otro lado de la pantalla.
Mariana Mansilla nos siguió acompañando por el edificio, llegamos al lado de la palabra escrita, hablamos con editores de las redes sociales que nos mostraron su trabajo, nos presentaron su espacio y respondieron nuestras preguntas una por una. Mostraron que su trabajo no era sólo escribir, era qué contar y cómo hacerlo.
Entre las risas y las distintas charlas nos llevaron a un lugar donde el tiempo parecía haberse frenado, los diarios amarillentos, con esa luz tenue y con esas páginas que guardaban un pedazo de historia. ¿Cómo era la ciudad en ese momento? ¿Qué pasaba? Las preguntas nos llevaron a donde se originaron: impresoras gigantes, con archivos de nuestra ciudad, como testigos de los cambios desde hacía 143 años.
Todo eso hasta el presente, máquinas más nuevas, con rollos de papel gigante, colores, un taller con vida que seguía funcionando para los lectores del diario en papel.
La visita terminó donde había empezado. Antes de irnos recibimos diarios, un regalo que después de todo el recorrido ya los veíamos desde otro punto con todo lo que tenía detrás.
No fue solo un medio, no fue una sola forma de comunicar, fueron muchas, se adaptaron al panorama actual con reformas, posteos en redes, streaming, radio, para llegar más lejos de lo que fue su comienzo.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil