Descubrieron una placa para mantener viva la memoria de Mili Quenaipe
Familiares y amigos de la joven se concentraron en la esquina de Rodríguez y Uriburu para descubrir una placa.
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A un año de la muerte de Milagros Quenaipe, familiares, amigos y vecinos se reunieron este lunes por la tarde en la esquina de Rodríguez y Uriburu Sur, enfrente del lugar del hecho, para descubrir una baldosa conmemorativa. El homenaje, atravesado por la emoción y el pedido de justicia, busca dejar una huella en el espacio público para recordar a la joven de 18 años.
En la vereda de la plaza, el espacio montado para la presentación de la baldosa, sumó banderas blancas y flores. Allí estuvieron presentes sus padres, hermanos y amigos. También acompañaron los familiares de Iván González, que se acercaron en un gesto de solidaridad entre familias atravesadas por la tragedia. La secretaria de Desarrollo Humano y Hábitat, Juliana Teerink, y el director de Ceremonial y Protocolo, Matías Martínez Marini, formaron parte de la convocatoria.
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Para las 18, estaba todo listo. El personal de la Dirección de Control Urbano Vehicular dispuso un corte de tránsito sobre Yrigoyen y Uriburu para permitir la concentración, aunque la circulación por la calle Rodríguez no se interrumpió. Conos ubicados en paralelo a la vereda y la presencia de agentes municipales sirvieron para contener al grupo de personas que, algunos con remeras blancas con mensajes de pedidos de justicia por Mili y globos, se acercó a recordar a la joven.
A las 18.05, César Quenaipe, tomó el micrófono para dirigirse a los presentes. Con la voz entrecortada, pero firme, expresó su gratitud por el apoyo recibido durante estos 12 meses.
“Estoy muy agradecido por el acompañamiento en este momento tan doloroso como lo es la pérdida de un hijo”, manifestó el hombre, que también destacó la labor del personal de tránsito y el apoyo institucional del Concejo Deliberante para la autorización del uso del espacio público que le permitió a la familia colocar la placa. “No tengo camiseta de ningún partido político, me siento apoyado por todos”, agregó y mencionó la ausencia del jefe comunal: “Me hubiese gustado que el Intendente esté acá”.
Un gesto de la comunidad
El momento más emotivo fue cuando el padre de Milagros llamó a la madre de la joven y a sus hermanos para destapar la placa. En ese momento, definió la conmemoración como un “gesto de la comunidad de Tandil” y recordó el derecho que le fue arrebatado a su hija. “Mili no era nadie porque no la dejaron ser; tenía todo el derecho a la vida”, sentenció ante una concurrencia que guardó un respetuoso silencio.
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Para la familia, este espacio cedido en la vía pública representa un consuelo frente a la pérdida. “Al primer año no es ningún festejo, es una conmemoración. Son años de tristeza e infinito agradecimiento”, confesó César, visiblemente afectado por el recuerdo del 31 de agosto de 2025.
Memoria y pedido de justicia
A las 18.10, los padres de Mili, César y Andrea, y sus hermanos, fueron los que finalmente quitaron el velo que cubría la baldosa, que continuó con un cerrado aplauso.
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Ester, una amiga cercana de la familia, leyó un extenso texto en el que agradecieron el apoyo de la comunidad de Tandil y renovaron el pedido de justicia.
Para el cierre, el padre de Mili convocó a los presentes al centro de la plaza para la suelta de globos. Con la mirada puesta en el cielo y el grito de justicia, despidieron la jornada a un año del hecho que cambió a una familia y conmovió a la sociedad.
Un año sin Milagros
Uno de los momentos de la jornada fue la lectura del documento redactado por su entorno más íntimo. En sus palabras, expresaron que Mili sigue estando presente en sus afectos, en quienes la conocieron y en aquellas personas que, aun sin haber tenido la oportunidad de tratarla, decidieron acompañar el reclamo de justicia.
Admitieron que este primer año fue uno de los más difíciles de sus vidas, teniendo que “sacar fuerzas de donde ya no sabíamos que quedaban para pedir algo tan básico y tan necesario como justicia por Mili”.
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La transición de vivir un duelo a tener que aprender sobre expedientes, audiencias y procedimientos judiciales fue uno de los puntos incluidos durante el discurso. Los familiares relataron cómo tuvieron que familiarizarse con términos técnicos y trámites de fiscalía cuando lo único que deseaban era “llorar a nuestra hija, hermana y amiga”.
“Tuvimos que marchar, tuvimos que salir a la calle, tuvimos que hablar cuando muchas veces no teníamos fuerzas ni para levantarnos”, señalaron ante la mirada atenta de los presentes, reafirmando que Mili “nunca fue un nombre dentro de una causa”.
El significado de una baldosa por la memoria
Para los allegados de la joven, este recordatorio en la vía pública trasciende lo material. Explicaron que la iniciativa no se trata de una placa en una vereda, sino que es “una forma de decir que Mili estuvo acá, que vivió, que fue querida y que tuvo una familia y sueños”.
El objetivo es que, con el paso del tiempo, cualquier transeúnte pueda detenerse ante la inscripción, leer su nombre “y preguntarse quién fue esa chica”. Entonces, de ese modo, "Mili va a vivir en una historia contada”, permitiendo que su historia vuelva cada vez que alguien la nombre.
En este sentido, hicieron referencia al apoyo institucional que permitió concretar el homenaje. Según manifestaron, hubo momentos en los que pensaron que el pedido de la baldosa “podría quedar solo en un deseo”, pero que encontraron en los representantes locales una cuota de “humanidad” para atravesar el proceso administrativo.
La mirada puesta en el proceso judicial
En otro párrafo, expresaron su agradecimiento al fiscal Damián Borean por el trabajo realizado durante la etapa de investigación, y a la doctora María Fernanda Menéndez, que los representó en el camino judicial.
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“No queremos venganza, queremos justicia”, sentenciaron con claridad. La expectativa de la familia está puesta ahora en que “el juez pueda valorar todas las pruebas presentadas” y el “dolor causado para dictar una pena justa”.
Al finalizar la lectura, los presentes compartieron un aplauso cerrado que rompió el silencio de la jornada. La baldosa, ubicada ahora en la esquina de Rodríguez y Uriburu Sur, se presenta como un testimonio que busca trascender al olvido.
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