En e Día del Periodista, Hugo Alconada Mon con El Eco: "El periodismo local es clave"
Una extensa charla con el destacado periodista de investigación del diario La Nación.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/hugo_alconada_mon_06_06_26.webp)
Hugo Alconada Mon es uno de los periodistas de investigación más destacados de los últimos años. Con motivo de su visita a Tandil –donde brindó una charla a sala llena en la Cámara Empresaria-, y en coincidencia con el Día del Periodista, el prosecretario de La Nación dialogó con El Eco: sobre la tensión entre periodismo y poder, sobre nuevas tecnologías, sobre los cambios en el oficio, sobre el rol de los medios de enfoque local y sobre la posible derogación del Estatuto de la profesión. Todo en el marco de cambios profundos por el avance de la Inteligencia Artificial, y un contexto político en el que el propio presidente de la Nación suele repetir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email“El periodismo local es clave. Primero porque hay múltiples zonas, no digo pueblos, digo regiones enteras de Provincias en las que no hay periodistas. No periodistas de investigación, sino periodistas. Hay zonas enteras donde no hay nadie que escriba o averigüe sobre el intendente, los gastos de la ciudad o los gastos del Concejo Deliberante. Y la calidad de la información que hay en esa zona decrece de una manera sustancial. Pueden aumentar los riesgos de corrupción, pero no es solamente es eso. No hay nadie que provea de información a la comunidad, y ahí baja la calidad”, planteó en el programa Diálogos.
Como parte de La Nación, Alconada Mon trabajó en casos de gran impacto público –Ciccone, Odebrecht, y más cerca en el tiempo, en el caso Libra-, pero también es autor de novelas históricas –La cacería de hierro-, y entre muchos otros libros, el reciente “Topos, La historia real de los espías rusos que tomaron Buenos Aires como base de operaciones”. Uno de los ejes centrales de su trayectoria es el vínculo entre periodismo y poder, y desde ese lugar partió la entrevista con El Eco.
“No odiamos lo suficiente a los periodistas”
-Toda tu trayectoria profesional ha estado vinculada a esa tensión constante entre periodismo y poder. La pregunta inicial es ¿Hay una tensión particular entre medios y poder, o siempre estuvo latente y hoy está más expuesta?
- Hugo Alconada Mon: Creo que cada etapa ha tenido sus chisporroteos y la relación entre prensa y poder siempre ha tenido esta cosa tensa. A lo largo de las décadas ha sido así no solamente desde el retorno de la democracia, ni te digo durante tiempos de la dictadura.
Hay un muy buen académico, Fernando Ruiz, que ha dedicado todo su trabajo profesional a abordar la relación entre periodistas y gobiernos. Y cruje, todo el tiempo cruje.
Desde el retorno a democracia hemos tenido momentos más calmos, en tiempos de Menem se derogó el desacato, pero después estuvieron evaluando una Ley Mordaza, mataron a José Luis Cabezas, y el kirchnerismo tenía los retratos de unos cuantos colegas en Plaza de Mayo para que la gente fuera a escupirlos.
La característica especial de este gobierno es esta impronta de “no odiamos lo suficiente a los periodistas”, ya como grupo, como como sector. Es un concepto ya por lo menos complejo. Si vas por el lado de la ironía, como dice Carlitos Pagni, “¿Después que viene? ¿No vamos a odiar lo suficiente a los plomeros, o a todos los barrenderos municipales?” Ya empieza mal la relación, ya arranca mal.
-Y además, esto viene de un contexto global, no es tampoco un invento argentino…
-Tal cual, ni siquiera es original, es un plagio. Esto viene replicado de Estados Unidos, con un matiz. Donald Trump allá habla de “We don't hate the media enough” es decir no odiamos lo suficiente a los medios de comunicación, a las empresas periodísticas.
Acá en cambio Javier Milei excluye a los medios de comunicación o a las empresas, o a los empresarios dueños de medio y se concentra en los periodistas. Y carga más las tintas sobre determinados periodistas. De manera muy astuta, creo que carga las tintas y los dardos sobre aquellos periodistas que pueden hablarle al electorado que eventualmente podría votar por él en una elección, sea en primera o en segunda vuelta.
De la máquina de escribir a la IA
-¿Cómo ha cambiado a lo largo de los años la trayectoria, el trabajo periodístico?
-Yo empecé en la redacción que todavía había computadoras y todavía había colegas veteranos que escribían con dos dedos, en máquinas de escribir, y fumando. Y no para cargar una medalla, sino simplemente porque se me dio, la primera nota que se escribió con un teléfono inteligente en la historia de La Nación fue mía.
Yo vivía en los Estados Unidos, estaba como corresponsal ante la Casa Blanca. Tenía uno de los primeros teléfonos que se podía escribir y era un acto de campaña en Denver, Colorado, de Barack Obama.
Escribí el texto completo en mi telefonito y lo mandé. Ahora ya estamos en la fase de inteligencia artificial. Esto yo no lo tomo ni como el final de los tiempos, ni nada, es parte del recorrido. Es un proceso al cual tenemos que adaptarnos y que hay que aprovecharlo. Y yo lo uso de manera intensiva en mi trabajo.
- Pensando en el periodismo de investigación ¿Qué pesa más hoy? ¿El uso de determinadas herramientas de IA, o tomarse un café con una fuente?
-Es la combinación. Por un lado, la importancia del teléfono. Por otro, como dijo Bob Woodward, el legendario periodista de Washington Post que investigó el caso Watergate cuando le preguntaron por un consejo para un periodista joven, él dijo “Get good shoes”, es decir conseguite buenos zapatos, empezá a caminar.
Ahora, por ejemplo, para el procesamiento de grandes volúmenes de datos, si yo tuviera que abordar como hemos tenido que abordar en nuestro trabajo, volúmenes como lo que fue Wikileaks o Panamá Papers o Pandora Papers, lo abordaría muy distinto.
De hecho es lo que me pasa en algunas investigaciones en desarrollo. Por ejemplo la justicia ordena el secuestro de todos los teléfonos celulares de todos los investigados y les descargan todo el contenido de todos los WhatsApp. Hay una cantidad de material inmenso.
En lo de Novelli (Libra), tuvimos que conseguir un disco externo porque no podías meter todo el material en un pendrive. Si después tuvieras que ver uno por uno todos los documentos, no terminás nunca. Ahí es donde la inteligencia artificial te permite ir buscando, indagando, procesando, buscando patrones. Cuando hay algo que salta, eso sí lo revisas de manera manual. Se te puede escapar la tortuga, pero es menos probable que se te escape la tortuga que si fueras a revisar uno por uno los documentos.
-¿Trabajan en equipo los casos de esas dimensiones?
-Hacemos un juego muy flexible. Hay investigaciones que Nicolás Pizzi tiene por su lado, Ignacio Grimaldi por otro, y yo por mi lado. Pero después hay investigaciones que por volumen o por complejidad, nos vamos sumando.
Por ejemplo AFA. Fue también uno de estos trabajos donde accedimos a mucho material bancario y eran decenas de miles de transferencias bancarias. Ahí nos pusimos los tres, más Ricardo Brom que es el primer ingeniero en sistemas que pasa a trabajar adentro de la redacción tiempo completo. De hecho su escritorio está frente al mío.
-Qué bueno que haya medios que permitan eso, que el periodista no sea un mero redactor que tiene que sacar volumen, sino que le da espacio y tiempo a las investigaciones. De ahí sale el periodismo de calidad…
-Sí. Por supuesto que es una situación de frazada corta. Me van a decir “Hugo ¿Frazada corta en La Nación, que son 400 tipos?”, y me dirán que con esa cantidad de gente no puede ser una frazada corta. Pero después hay una elección presidencial y no importa si vos trabajás en deportes o en espectáculos. Todo el mundo va a la redacción a procesar Excels, a poner infografías, a poner el hombro. Y cuando hay algo muy sensible, yo dejo de costado mi trabajo y pregunto en qué ayudo. Me he puesto a llenar cajas como cualquiera, es parte del trabajo.
Pero también coincido en que cuando tenés la oportunidad, hacés la diferencia, ese valor añadido. Una vez estuve charlando con el director y dueño del New York Times, Arthur Sulzberger. Justo ellos acababan de ganar un Pulitzer a la mejor cobertura en profundidad, y era porque habían destinado un periodista a seguir la vida de los colibríes del estado de Florida durante un año.
En la charla, él me hablaba de la calidad y del valor añadido. Y me salió del alma decirle que podía decir eso porque podía destinar un tipo a seguir los colibríes. Se empezó a reír y me dijo que ellos tenían 1800 personas trabajando. Pero que lo que hacían era no hacer lo que hacían todos.
En ese momento Bush estaba en China y acababa de tener una conferencia de prensa. Ningún periodista del New York Times estaba en esa conferencia. Los cuatro que habían mandado estaban del otro lado de la cortina, hablando con funcionarios chinos y norteamericanos, extrayendo información. Porque lo que estaba diciendo Bush lo podían tomar de agencia de noticias, o desde Nueva York por televisión. Por eso, a veces la frazada es corta, o a veces se están colocando mal los recursos.
¿Qué es lo que hace distintivo a un periodista de Tandil? Aquello que pueda abordarlo de un modo que ningún otro periodista pueda abordar.
-Recorrés el país, y volviendo también sobre este marco general de redes sociales, ¿Qué lugar crees que tiene el periodismo local hoy?
-Es clave. Primero porque hay múltiples zonas, no digo pueblos, digo regiones enteras de Provincias en las que no hay periodistas. No periodistas de investigación, sino periodistas. Hay zonas enteras donde no hay nadie que escriba o averigüe sobre el intendente, los gastos de la ciudad o los gastos del Concejo Deliberante. Y la calidad de la información que hay en esa zona decrece de una manera sustancial. Pueden aumentar los riesgos de corrupción, pero no es solamente es eso. No hay nadie que provea de información a la comunidad, y ahí baja la calidad.
Entonces es clave y a su vez, esto no pasa muchas veces por una cuestión de súper esfuerzos. En un momento pude hacer un entrenamiento especial que duró semanas en Estados Unidos. Fui a entrenarme en periodismo de investigación con gente del New York Times, del Wall Street Journal, del Chicago Tribune. Ese año el premio Pulitzer a la mejor investigación lo había ganado el Willamette Week, un semanario gratuito de Portland, Oregon. Me fui a verlos.
Le ganó al New York Times que tiene 1800 tipos, porque los tipos obtuvieron el dato de que al parecer el intendente de Portland tenía un caso de abuso de una muchacha que había sido baby sitter, que había cuidado de sus hijos. Cuando empiezan a averiguar y a tirar de la cuerda, había un antecedente. Tiraron de la cuerda y para cuando publicaron, lo tumbaron.
Entonces ahí vos tenés la relevancia de un diario local, de un semanario local que a su vez expone algo de interés público, de relevancia pública, con pocos recursos. Les tomó más tiempo, pero lo hicieron.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/hugo_alconada_mon_en_tandil_1.webp)
Periodismo sobre periodismo
-Hiciste mención a 678. ¿Qué mirada tenés, no de 678, sino de que el periodismo también aporte su mirada o su perspectiva sobre las cosas que pasan, sobre la vida periodística?
-Mientras que se divida qué es información y qué es opinión… Siempre y cuando tu mirada, tu visión, tu sesgo ideológico, tu afinidad partidaria, no te nuble y no te lleve a ocultar información. Y que vos estés en condiciones de contarla completa.
Yo soy de Estudiantes de La Plata, voy a la cancha, me encanta Estudiantes. Pero cuando hablo de Estudiantes lo hago con el corazoncito. Ahora si después me encuentro con algo desagradable, y tengo una de dos, y una es decir que no estoy en condiciones de opinar porque mi corazón es de Estudiantes y me compromete.
Incluso ahora con lo de mi cuñada, yo no estoy en condiciones de poder hablar de una manera correcta, y que a su vez el otro tenga la seguridad de que yo estoy siendo imparcial, prolijo, y aportando otra información. Por respeto a los que me están viendo, cierro el pico.
En Argentina se ha puesto en tela de juicio al periodismo, y me parece genial. ¿Por qué vamos a quedarnos nosotros exentos de las críticas como sector, como oficio? Más de una vez somos injustos, y más de una vez hablamos con ligereza. Lo he vivido cantidad de veces del otro lado del mostrador. Han escrito sobre mí y yo digo, “Eso no es verdad”.
Cuando han hecho periodismo sobre nosotros nos hemos dado cuenta que se han cometido errores. Entonces también nosotros tenemos decir, mirando para el otro lado decir ¿Qué error pude haber cometido? ¿Qué debería corregir? ¿Qué debería mejorar?
En el diario La Nación había una máxima, una de las mayores del diario, en un cartelazo. Que decía “Siempre que vayamos a escribir sobre alguien tenemos que llamarlo”, y con mayúsculas y subrayado, la palabra “ANTES".
La derogación del Estatuto del Periodista
-¿Qué mirada tenés sobre la derogación del Estatuto del Periodista?
-Para mí es peligroso. Por supuesto que hay una necesidad, y creo que es necesario modernizar la legislación laboral argentina sin duda. Tenemos una legislación que tiene más de 70 años. No existen las redacciones de hace 45, 50, o 60 años, eso es cierto.
Al mismo tiempo aquí la pregunta que yo también me hago es si las reformas que se están haciendo son para mejor, y si se han hecho previa consulta con las personas que saben, o las han hecho de una manera, bien intencionada no lo dudo, pero sin la información suficiente para tomar las decisiones correctas. ¿A quiénes les preguntaron?
Me da la sensación que se apuran más por el título que por la verdadera reforma.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil