Un tandilense llegó al sacerdocio después de una vocación que nació a los 19 años
Pablo Guerrero, oriundo de Tandil, fue ordenado sacerdote el pasado 17 de agosto en la Catedral de Azul. Tiene 49 años y su camino hacia el sacerdocio comenzó cuando todavía cursaba sus estudios secundarios en la Escuela Técnica N° 1.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/pablo_guerrero.webp)
Tandil quedó ligada a una nueva historia de vocación sacerdotal. Pablo Guerrero, nacido en la ciudad, fue ordenado sacerdote el pasado 17 de agosto durante una celebración realizada en la Iglesia Catedral Nuestra Señora del Rosario de Azul, en una ceremonia presidida por el obispo de la Diócesis de Azul, monseñor Hugo Salaberry.
Guerrero recibió la ordenación junto a Mauro Duclós, en una jornada que reunió a sacerdotes, diáconos, seminaristas, referentes pastorales y fieles de distintas comunidades de la diócesis. El rito estuvo marcado por la imposición de manos, el rezo de las letanías y la unción de las manos, signos propios del comienzo del ministerio sacerdotal.
La Diócesis de Azul confirmó la incorporación de ambos como nuevos sacerdotes. En su homilía, Salaberry destacó que el llamado de Dios es irrevocable y pidió fidelidad y confianza para afrontar la misión pastoral.
Pero detrás de esa ceremonia hubo una historia que comenzó muchos años antes, en Tandil.
Una vocación que nació en Tandil
En una entrevista realizada por El Tiempo de Azul, Pablo Guerrero contó que su vocación sacerdotal comenzó cuando tenía apenas 19 años y todavía cursaba sus estudios en la Escuela Técnica N° 1 “Ingeniero Felipe Senillosa” de Tandil.
“La vocación nació cuando tenía 19 años estando todavía en el colegio”, recordó el flamante sacerdote en diálogo con el diario azuleño.
Por entonces participaba de los grupos de oración de la parroquia Nuestra Señora del Carmen. Fue en ese espacio donde comenzó a descubrir qué era aquello que lo atraía especialmente dentro de la vida religiosa.
“Yo estaba en los grupos de oración de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, viendo qué me gustaba. Al final resultaron ser la misa y la prédica”, relató.
Según explicó, detrás de aquella inquietud había también un encuentro personal con la fe que fue creciendo con el paso de los años. “Eran los puntos fundamentales que me atrajeron para pensar en algún momento sobre la vocación, obviamente inspirado por una relación con Dios, un encuentro personal con Dios que me fue enamorando y me fue llevando. Son muchos años, pasa de todo en la vida”, señaló en la entrevista.
El camino, sin embargo, no fue inmediato. Guerrero fue construyendo su formación durante años y estudió Teología como laico, además de Filosofía y Psicología.
Después de terminar la escuela secundaria en Tandil, se trasladó a Buenos Aires para comenzar sus estudios de Teología. Entre 1998 y 2010 vivió en Chile, donde estudió Filosofía. Luego regresó a su ciudad natal, donde trabajó durante dos años.
En 2012 volvió a Buenos Aires para retomar y finalizar la carrera de Teología, que cursó paralelamente con Psicología.
Desde hacía dos años se encontraba radicado en Azul, donde desarrolló parte de su actividad pastoral y educativa. Allí se desempeñaba como vicedirector del Colegio Sagrada Familia.
“Hay que invertir tiempo en el otro”
En la entrevista con El Tiempo de Azul, realizada luego de su ordenación, Guerrero no solamente repasó su historia personal. También se refirió a algunas de las problemáticas que observa en la sociedad y, particularmente, en los vínculos familiares.
Desde su experiencia en el ámbito educativo, señaló que una de las dificultades que observa está relacionada con el tiempo que las familias pueden dedicar a sus propios vínculos.
“Las familias están con mucho trabajo tanto los padres como las madres lo cual genera, naturalmente, una dificultad en los vínculos”, explicó.
Para el sacerdote tandilense, la respuesta pasa en buena medida por recuperar la capacidad de escuchar.
“A los chicos hay que darles tiempo, hay que escucharlos”, sostuvo.
Y resumió su mirada con una frase que atraviesa buena parte de su reflexión: “Hay que invertir tiempo en el otro”.
Para Guerrero, esa dificultad no se limita a las relaciones familiares. También alcanza a las parejas, las amistades y los propios vínculos dentro de la Iglesia. La falta de tiempo para los demás, sostuvo, también puede estar relacionada con una dificultad para detenerse y mirarse a uno mismo.
La importancia de detenerse
Otro de los ejes de su reflexión fue la necesidad de recuperar espacios de silencio, oración y escucha en una sociedad caracterizada por la velocidad y la inmediatez.
“Hay que detenerse un poquito y pensar cómo viene la vida, las cosas, ver, meditar”, planteó.
En ese sentido, consideró que la oración cumple un papel central porque permite detener el ritmo cotidiano y generar un espacio para la escucha.
También vinculó esa capacidad de escucharse con los vínculos con los demás. Para Guerrero, el encuentro con otra persona permite descubrir aspectos de uno mismo que difícilmente podrían aparecer en soledad.
“Siempre en el encuentro con el otro es donde brota el descubrimiento de sí mismo”, afirmó durante la entrevista.
Su aporte como sacerdote
Al ser consultado sobre qué espera aportar desde su nuevo rol, Guerrero ubicó en el centro de su respuesta dos sacramentos: la Eucaristía y la confesión.
Explicó que una de sus principales aspiraciones es poder presidir las celebraciones eucarísticas y vivirlas junto a la comunidad.
También destacó el valor de la confesión, vinculándola directamente con la escucha y con la posibilidad de que cada persona pueda encontrarse con sus propias fragilidades desde una perspectiva de misericordia.
Pero su mirada sobre el sacerdocio excede el ámbito estrictamente religioso.
“Creo que lo que puedo aportar es a Dios. A hacer presente a Dios en el mundo”, sostuvo.
Al mismo tiempo, consideró que su formación profesional también forma parte de aquello que puede ofrecer a los demás. Su experiencia como psicólogo y su trabajo en educación, explicó, constituyen herramientas que espera poder poner al servicio de su nueva misión.
Una mirada sobre los vínculos en tiempos de inmediatez
Guerrero también reflexionó sobre los denominados “vínculos líquidos” y sobre la dificultad creciente para asumir compromisos duraderos.
En ese punto, relacionó la situación con una cultura marcada por el consumo, que incluso puede trasladarse a las relaciones personales.
Para el sacerdote nacido en Tandil, comprometerse implica “hacerse cargo del otro”. Y allí ubicó uno de los principales desafíos de la sociedad contemporánea: recuperar la capacidad de poner, aunque sea por momentos, las necesidades de otra persona por encima de las propias.
También sostuvo que la Iglesia debe mirar la cultura en la que desarrolla su misión, sin abandonar sus enseñanzas centrales, pero intentando comprender los cambios que atraviesan a la sociedad.
“Hay que saber desarrollar la capacidad de trascendencia, la espiritualidad es eso, es salir de vos mismo”, fue una de las reflexiones con las que cerró su diálogo con el medio de la ciudad vecina.
Más de 144 años escribiendo la historia de Tandil