No todo es literatura
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Hoy se cumple un aniversario de la muerte de Rainer Maria Rilke. Seguramente, alguno de nosotros habrá leído sus poemas.
Como ocurre con algunos escritores, no recordamos sólo su obra sino también la forma —real o imaginada— en que murió. En su caso, la anécdota persiste: una espina de rosa, una herida mínima, una belleza que lastima. Los biógrafos discuten los detalles médicos, pero la imagen quedó. Y quedó porque parece escrita por él.
A partir de ese final, podemos abordar uno de sus pensamientos: “Cada ser humano es el responsable de darle contenido a su diario vivir, y aunque no sea por entero dueño de los acontecimientos que le suceden, sí lo es de la actitud con que los vive, y de la iniciativa con que se dispone a extraer lo mejor de tal o cual suceso, para revestir su propia existencia a través de las anécdotas que harán parte de su vida y que acabarán constituyendo parte de su memoria”.

