El idioma de las piedras: el taller que mantiene viva la tradición picapedrera de Tandil
En un galpón de la estación de trenes, entre polvo de granito, herramientas y mates compartidos, un grupo de escultores y picapedreros mantiene vivo uno de los oficios que forjaron la identidad de Tandil. Jorge Fodor cuenta la historia de un taller donde la piedra, el tiempo y la comunidad dialogan a través de una propuesta contrahegemónica que desafía a la cultura del descarte y la inmediatez.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/taller_escultores_21.webp)
Jorge Fodor tiene las manos sucias; su trabajo en el Taller Municipal de Picapedreros y Escultores hace que resulte imposible mantenerlas limpias. Los anillos relucen en sus manos y se entrelazan con el mate que ofreció en una mañana de otoño inusualmente soleada. Jorge recibió a Perspectivas en el espacio montado en la estación de trenes en el que se esparcen esculturas, piedras, herramientas, polvo, una salamandra y un gato bicolor que duerme al lado. Un lugar que resiste al tiempo y a la lógica de producción capitalista gracias a un oficio ancestral. El hombre, las manos, la piedra, las formas ocultas. Golpear, cincelar, cortar para que sea algo. Tandil también es esto: su tradición picapedrera y el legado de los hombres que entendieron que podían trabajar a su favor tanta naturaleza sólida que había a su alrededor.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Cómo se gestó este espacio?
-Este espacio se gesta en la cabeza de Eduardo Rodríguez del Pino, que fue profesor mío y con quien también di los primeros pasos con la piedra. Y por el año 2000, más o menos, según me contó, en una charla con Rubén Betbeder (entonces director de Cultura municipal) pensaron que estaría bueno un lugar para mantener el oficio. Y después pasó el tiempo y Eduardo del Pino, con algunos de los últimos canteristas y picapedreros que quedaban, gestionaron un espacio, pero era como una iniciativa privada para mantener el oficio. Eduardo del Pino daba unas cuestiones más estéticas y de oficio, pero muy volcado a lo que era el trabajo más ancestral.
