Las figuritas que se fueron una tarde
El pequeño porche de una casa que aún existe lleva al columnista hacia una experiencia vivida durante su niñez, cuando las figuritas eran una parte importante de la vida de los chicos.
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Por: Pablo Dal Dosso
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailHay una casa sobre la calle 9 de Julio al 300, muy cerca de la esquina con Belgrano, que tiene un pequeño porche de entrada. Al menos así lo veo ahora. Pero cuando tenía 8 ó 9 años, no parecía tan pequeño. De hecho lo veía bastante largo y profundo. Ahí, en esa casa, vivía la familia Berrozpe, que tenía el kiosco Rey Arturo en un local que estaba justo al lado. Y fue ahí, en ese porche, que un día Esteban, uno de los hermanitos Berrozpe, me dio una emblemática paliza jugando a las figuritas.
No sé cómo fue que ambos terminamos en ese rectángulo embaldosado con nuestra pila de cartoncitos futboleros. Tampoco recuerdo cuántas tapaditas, espejitos y cara y seca, duró aquella puja vespertina. Pero sí me acuerdo de que Esteban se quedó, justicieramente, con casi todas mis figuritas.
