Crece el malestar en las fuerzas de seguridad por los bajos salarios y la crisis en las obras sociales
Efectivos de Gendarmería Nacional y otras fuerzas federales reclaman una recomposición salarial urgente ante la pérdida del poder adquisitivo y el deterioro de las prestaciones médicas.
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La situación de las fuerzas federales y armadas atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años, con reclamos que ya no se disimulan y que comenzaron a tomar forma visible en el corazón operativo del país. Esta semana, la concentración de efectivos de distintas fuerzas en el edificio Centinela, sede de la Gendarmería Nacional en Retiro, encendió una señal de alarma que no pasó inadvertida.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl trasfondo del conflicto radica en promesas incumplidas de recomposición salarial y un marcado deterioro del poder adquisitivo. Según trascendió, los sueldos iniciales se ubican en torno a los 650 mil pesos en Gendarmería Nacional y 853 mil pesos en Prefectura Naval Argentina, cifras que los efectivos denuncian como insuficientes para cubrir sus necesidades básicas.
El malestar no distingue uniformes: la Policía de Seguridad Aeroportuaria y la Policía Federal comparten el mismo diagnóstico. Sin embargo, el cuadro se agrava con una situación crítica en el sistema de salud que asiste a las fuerzas. El histórico Hospital Churruca, emblema del bienestar policial, atraviesa hoy una realidad preocupante, con faltantes de medicamentos y dificultades para sostener prestaciones básicas, lo que golpea directamente a los efectivos y a sus familias.
En las Fuerzas Armadas el panorama es igualmente complejo. La base de la pirámide, integrada por suboficiales y oficiales jóvenes, enfrenta condiciones económicas que los ubican, en muchos casos, por debajo de la línea de pobreza. Esta realidad tensiona la estructura y compromete la operatividad de las instituciones encargadas de la defensa nacional.
Ante la escalada del conflicto, el presidente Javier Milei reconoció públicamente la deuda salarial con el sector y la necesidad de avanzar en una recomposición. Asimismo, el mandatario admitió la crisis estructural de la obra social militar y planteó un proceso de reorganización para priorizar la cobertura médica y reducir gastos administrativos. No obstante, las respuestas aún no llegan con la velocidad que la situación exige, mientras crecen las versiones sobre posibles operaciones inmobiliarias con activos del Estado en el ámbito del Ministerio de Defensa.
El reclamo, en definitiva, se ha vuelto más visible. Las fuerzas piden lo esencial: salarios dignos, cobertura de salud garantizada y condiciones acordes a la responsabilidad que implica su función. En un contexto de incertidumbre financiera, el estado de las fuerzas de seguridad deja de ser un tema sectorial para convertirse en una cuestión estratégica para el país.
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