El bioetanol es un remedio frente a la escasez de naftas y la pérdida de divisas
La reciente crisis de abastecimiento de combustibles fue el mercado en el cual la cadena del maíz planteó al bioetanol como una herramienta muy importante y revalorizó su rol. El tema fue profundizado en un nuevo podcast de El Eco Campo.
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Pedro Vigneau, presidente de Maizar (Asociación Maíz y Sorgo Argentino), fue el protagonista de un nuevo podcast dedicado a conocer detalles del aporte que realiza el maíz no solo en cuestiones económicas sino también ambientales y laborales, con un futuro muy auspicioso.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPrimeramente, y sobre el tema bioetanol, cuestionó “la falta de criterio que tienen los tomadores de decisiones de la política argentina” y recordó que el país adhirió al Acuerdo de París y que los 17 objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas rigen desde hace mucho. “Sabemos que el mundo vira rápidamente de lo fósil a lo renovable y que tenemos que mejorar considerablemente nuestras emisiones, amén de que como país tengamos una participación muy pequeña en el mundo en cuanto a emisiones. Pero podemos mejorarlo y por nuestros hijos. Es el camino que tenemos que andar”.
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Vigneau consideró como una “locura” lo que ocurre en un país “que tiene una de las cuencas fotosintéticas más eficientes del mundo y un empresariado agrícola con un productor muy bien formado, joven, capaz de tomar tecnologías rápidamente, con capacidad instalada para producción de etanol, ya sea y sobre todo de maíz y de caña… Podemos satisfacer una demanda muy grande, pero Argentina en años normales está exportando el 70 por ciento del maíz que produce en grano sin agregarle valor”.
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Contrasentido
Paralelamente “el año pasado importamos más de 1.000 millones de dólares de nafta y otro tanto de gasoil. Parece una locura en un país que no tiene dólares, que necesita generar fuentes de trabajo federales e inclusivas; que tiene maíz en una cantidad de provincias alejadas que es donde más eficiente es esa transformación de maíz, no solo en etanol”.
Vigneau mencionó también “la burlanda y otros subproductos que también se utilizan en lo que se llama la economía circular. Pueden potenciar -por ejemplo- la producción de carne vacuna, porcina, leche, aviar: una cantidad de cosas que van de la mano en esta falsa dicotomía entre alimentos y energía”.
El productor señaló que “hay soluciones que están al alcance de la mano. Pero para eso hace falta tener claro cuál es el rumbo que tenemos que tomar como país” y cuestionó los vaivenes que se han dado en el último tiempo en cuanto a los porcentajes de corte de combustibles fósiles con biocombustibles.
Al comparar con lo que sucede en la región, Vigneau dijo que “hoy Brasil tiene e27 (27 por ciento de biocombustibles) de corte. A partir de los motores Flex, hay estaciones de servicios donde hay surtidores que son 100 por ciento bioetanol. Los motores Flex lo aceptan y son los motores que hoy se incorporan en los vehículos que se producen en Argentina y se exportan a Brasil No es que tengamos que cambiar la matriz productiva de las automotrices argentinas”, aclaró.
Mano de obra y arraigo
Pedro Vigneau destacó lo que implica el cultivo de maíz en materia de mano de obra y arraigo, y puso como ejemplo lo que lo que está sucediendo en lugares como Villa María y Río Cuarto. “El etanol es una parte, porque hay subproductos muy buenos para la producción de proteínas de origen animal. Esas industrias suben el precio del maíz en esa zona y les conviene a todos, porque esa planta tiene un buen negocio y le permite pagarle un peso más a un productor, que seguramente va a estar lejos del puerto y al que el flete le comería mucho de esa producción. Es algo bien federal e inclusivo, porque genera puestos de trabajo de distinta calificación, desde muy alta hasta muy baja”.
Con entusiasmo, el presidente de Maizar dijo que la cadena del maíz genera “impactos fabulosos: arraigo, divisas, empleo, un cluster en una zona donde todos ganan, porque el maíz vale más; se produce más carne, hay más flete para camiones, hay una cantidad de externalidades a partir de eso. Eso se llama desarrollo”, sentenció.
Menor huella ambiental
Durante el diálogo, Vigneau señaló que estaba partiendo para Chubut y destacó que se produce maíz “desde Chubut hasta Jujuy y desde los Andes hasta el mar”.
Enfatizó luego que el maíz argentino es el que menor huella ambiental tiene a nivel mundial, al mencionar mediciones del Inta y del Inti, con parámetros del IPCC (Panel Internacional para el Cambio Climático).
“Nosotros estaríamos sumando biocombustibles con la menor huella ambiental del mundo. Por lo tanto, cada proceso industrial que consuma naftas o gasoil con esos biocombustibles estaría bajando considerablemente su huella de carbono y haciéndose muy competitivo para un mundo que necesita eso”.
De allí que concluyera en que “nos falta estrategia y planificación, porque esto está al alcance de la mano”.
Añadió que “otra gran oportunidad son los biocombustibles para la aviación. Pero si estamos peleando qué precio va a tener, cuál va a ser el corte, que lo suben, que lo bajan… ¿quién va a hacer una inversión -amén de la economía- para una planta de biocombustible para la aviación? Si la tuviéramos, sería la menor huella ambiental del mundo y tendríamos la producción comprada por los próximos 20 años”.
Por todo eso es que convocó a “parar la pelota y ver estas oportunidades. Hay muchos argentinos que la están pasando muy mal, que no llegan a fin de mes y las oportunidades de desarrollo están al alcance de la mano. Falta ponerse de acuerdo, nada más”.
Un amplio abanico
En otro tramo del podcast, Vigneau se refirió a usos impensados que tienen los derivados del maíz.
Mencionó como ejemplo que abrió el Congreso Anual de Maizar “con un traje hecho con una tela que surge de una fermentación de almidón de maíz con Escherichia Coli, y me puse unas zapatillas de una marca norteamericana fabricadas en China, cuya suela está hecho con biopolímeros de maíz”.
Hizo referencia además a que hay “más de 4.000 usos para el maíz y todos los días aparecen nuevos. Lo estratégico y lo que hay que entender es que el mundo vira rápidamente de lo fósil a lo renovable” reiteró.
Agregó que “el maíz es una fuente de moléculas de valor renovables y además tiene una característica especial que se diferencia de la mayoría de los vegetales: es mucho más eficiente en la fotosíntesis. Por lo tanto, con las mismas variables -el mismo suelo, los mismos nutrientes, la misma agua- produce mucha más biomasa que otros vegetales. Esa biomasa es -ni más ni menos- carbono que le quita a la atmósfera y lo devuelve al suelo. En definitiva, es de lo que estamos preocupados como comunidad mundial, y el maíz es un vector para solucionar este problema”.
Por otra parte, “el modelo productivo argentino es con baja fertilización” dijo y acotó que “los mayores vectores de emisiones del proceso productivo tienen que ver con la fertilización nitrogenada. Gracias a nuestros suelos y a la capacidad técnica -y también de alguna manera a la falta de financiamiento- la cantidad de fertilizante -nitrógeno- que nosotros aplicamos en nuestros planteos dista bastante de lo que aplican nuestros competidores, como los brasileños y los norteamericanos, que son importantes en el comercio mundial de maíz”.
La consecuencia es, “por ejemplo, que el bioetanol que fabrica ACA en Villa María, pueda entrar a la Unión Europea por que certifica 72 por ciento menos de emisiones que la nafta fósil y la Unión Europea dice que hay que certificar por lo menos 70 por menos de emisiones. No entra el bioetanol brasileño y tampoco el americano. porque no llegan a esos umbrales”.