Ignacio Segonds: “En 2050 veo una ciudad que me dan ganas de salir a descubrir”
El escritor, poeta y rapero imaginó el Tandil de 2050 y habló sobre cultura, salud mental, redes sociales y creatividad.
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Con apenas 22 años, Ignacio Segonds ya construyó una trayectoria que cruza el rap, la poesía, la escritura y el periodismo.
Bajo los seudónimos Niño Neo y Neo Noir, publicó dos discos y se presentó en escenarios porteños, mientras desarrolla su formación en la Licenciatura en Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes.
Cada domingo, además, sus columnas en Bajo la Superficie, de El Eco de Tandil, ponen en discusión algunas de las preocupaciones que atraviesan a los jóvenes, como la salud mental, la hiperconectividad y el impacto de las redes sociales.
En diálogo con Rodrigo Rotonda para Tandil 2050, Segonds habló de la necesidad de generar y descubrir espacios culturales, del valor del arte como lugar de encuentro y contención y de una juventud que, frente a la multiplicación de opciones y estímulos, puede quedar atrapada en la comparación y la parálisis.
Con el casco de realidad virtual puesto, imaginó una ciudad más grande y diversa, llena de nuevos espacios de encuentro y con un “misterio” renovado para salir a descubrirla.
Pero también advirtió que Tandil todavía puede tomar distintos caminos. Entre el crecimiento urbano y la necesidad de preservar las sierras, entre el centro y los márgenes, planteó como condición para ese futuro la existencia de espacios capaces de reunir a una comunidad cada vez más diversa.
Y, por encima de todo, conservar una de las características que más valora de la ciudad: la posibilidad de caminar por sus calles con tranquilidad.
-Para quienes no te conocen en profundidad, ¿quién es Ignacio Segonds? ¿Qué hace hoy? ¿Qué impacto está generando?
-Yo diría que soy un productor local de capital simbólico como tantos otros. En diferentes disciplinas: En el rap, en la escritura, en la poesía, en las presentaciones en vivo, en la disciplina que sea; producir capital simbólico y hacer que la rueda siga girando.
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-Alguien que en cierta manera impulsa y empuja por la cultura…
-Sí, para que se sigan generando espacios, que se sigan pensando nuevas ideas, que se pongan temas a debatir en la mesa que quizás no se hablan tanto entre los jóvenes. Hacer un poco de puente también, entre mi generación y las generaciones más grandes.
-Sos muy joven, pero considero pertinente preguntártelo igual: ¿Qué considerás que fue lo más valioso que le generaste a Tandil? ¿O qué no tendría Tandil si Niño Neo no existiera?
-No tendría un joven que ejemplifique y que muestre que se puede condensar más de una disciplina y que quizá pertenecer a la cultura del rap o al género urbano no te impide hacer, por ejemplo, una carrera académica o participar en lo que es el diario, en la escritura. Creo que esa versatilidad sirve para que algún joven pueda decir: ‘Bueno, se pueden combinar esas cosas, se puede rapear en un show underground con una capucha y al otro día sentarse en una computadora y escribir una columna’. Se pueden hacer las dos cosas y una no limita la otra.
-¿Y ves en Tandil una comunidad que te acompaña o ves que todavía hay muchísimo por hacer en ese sentido?
-Por supuesto que la comunidad siempre te acompaña. No podría haber hecho nada de lo que hice solo. Pero creo que igual hay ciertas divisiones. Estoy hablando principalmente de la cultura musical o de la cultura de la música urbana, donde hay ciertas divisiones, pero creo que ni siquiera quienes están divididos conocen bien los motivos. Creo que finalmente todos empujamos para el mismo lado.
-¿Qué me estoy perdiendo por no escuchar trap, por ejemplo?
-Rap.
-Bueno, vamos a diferenciar rap de trap. ¿Cuál es la diferencia?
-Voy a hablar de la diferencia hoy en día, no me voy a meter en la diferencia de los orígenes. Hoy en día, para mí, el trap parte más desde ostentar, desde mostrar, desde salir de desde abajo. Creo que también habla más del submundo, de los márgenes, del crimen. El rap también, porque también nace de ahí, pero creo lo que busca no es ostentar o mostrar algo, sino hacer parte al oyente de lo que se está narrando, invitarlo a pensar, a formar parte de esas analogías, de esas metáforas, de todas esas figuras retóricas supercomplejas que tiene el rap. Y el trap, por el contrario, apela más a otras cosas, quizás a la melodía, al flow, al golpe instrumental. El rap me parece en algún punto más ensayístico, más elaborado, aunque sea en la lírica.
-¿Hay algún espacio cultural que te hubiese gustado impulsar y que hoy no está en Tandil?
-Creo están esos espacios, hay gente que los genera. No creo que falten los espacios, sino más bien creo que lo que falta es que la gente, que la audiencia, salga a descubrirlos. Porque hay lugares que se generan, hay organizadores que forman esos espacios que muchas veces mueren o se marchitan porque no reciben justamente el nivel de audiencia o de público que vaya a descubrirlo y a formar parte. Conozco muchísimos organizadores y organizadoras que han generado los espacios y, sin embargo, han tenido que dejar de hacerlos o moverse a otro lado, a otro ámbito, porque faltan esas ganas de descubrir en la gente, esas ganas de salir a encontrarse, a dejarse sorprender. O ese misterio que quizás ocurre en las ciudades más grandes: Que la gente ya acepta que hay un misterio y que hay cosas que descubrir. Y en Tandil muchas veces la gente -o los jóvenes- tienden a pensar que ya saben lo que está pasando, o que ya saben qué eventos hay, y entonces van directamente a un show, a un evento de alguien que conocen o de alguien que los invitó directamente, y no salen a la calle a caminar y a escuchar música en algún lugar, a pagar una entrada y ver qué está pasando. Eso de dejarse sorprender creo que es lo que falta un poco.
- Ahora estás viviendo Capital.
-Sí.
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-¿Y a eso lo ves en Capital?
-Sí, creo está romantizado. En Capital la gente se va al Soho en Palermo y sale a caminar sin ningún plan porque sabe que va a tener un barcito al lado de un centro cultural, al lado de otro barcito y en el medio no van a ningún lugar puntual, sino que van a -justamente- esa experiencia de descubrir algo, de encontrarse con un artista que no conocen, con una banda o una Jam. Y reitero, quizás en Tandil sí está la Jam, sí está el evento, pero no está la persona que salga a descubrirlo.
-¿Y a eso lo ves como algo de entretenimiento o un evento o suceso cultural al que, cuando uno accede o visita, se lleva una experiencia enriquecedora en cuanto a conocimiento? Porque hablaste mucho del rap.
-Creo que el rap no es entretenimiento, esa es la gran diferencia. Las canciones de rap más potentes y que más te hacen pensar no pueden sonar de fondo. Yo no puedo poner una de esas canciones de rap y ponernos a charlar arriba o a bailar porque hay que escucharla y hay que enfrentarse a esa experiencia artística. Y creo que estos espacios tienen un montón de valor político, de pensamiento, y político no partidario. Político en cuanto al pensamiento crítico, a las nuevas ideas. Es enriquecedor, uno se va con algo, no va solo a entretenerse. Me parece algo muy diferente al entretenimiento.
-Ahora bien, por ahí enlazando un poco tu realidad actual con la columna Bajo la Superficie, que está en todas las plataformas de El Eco. ¿Cuáles son tus principales preocupaciones con respecto a la salud mental de los jóvenes? ¿Cómo ves esta problemática en Tandil, puntualmente?
-No dejo nunca de pensarlo, y de más está aclarar que yo no soy un experto ni de Psicología ni de Sociología. Hablo de lo que veo. Creo que lo que hay es una saturación, en todos los aspectos: Una saturación de información, una saturación de discursos y de opciones que acaba por paralizarte, más que por brindarte más caminos. Yo me referí varias veces a las pantallas y a las redes sociales como un espejo infinito. Uno puede verse a uno mismo o ver su realidad replicada infinitas veces en formas alternativas. Yo hago rap y puedo agarrar mi celular y ver a cinco mil personas que están haciendo rap en este momento, que tienen mi edad, que les va mejor, que les va peor, que viajaron acá, que viajaron allá. Creo que esa saturación de imágenes y de vidas posibles, primero, genera una comparación que termina siendo siempre deprimente. Aparte el algoritmo no te muestra todo lo lindo que tenés, sino que te muestra todo lo que te falta, en general; lo que te está mostrando es al que tiene lo que estás buscando o al que ya consiguió lo que te interesa. Entonces siempre es desde la falta lo que uno ve; es lo que le falta o lo que cree que le falta. En esa saturación y en ese abanico, en la columna me refería a un panel de mil botones. Hay tantas opciones que quizás en otra época no había -opciones de ‘humo’, porque no son opciones reales, son opciones que uno puede ver y que son un espejismo- y en esa gran cantidad de opciones, finalmente lo que uno hace es no elegir ninguna, esperar el momento perfecto, esperar la opción perfecta, diseñar el proyecto rimbombante que va a destacar. Uno espera destacarse y, finalmente, creo que esa cantidad de opciones te paraliza más de lo que te facilita a elegir. A veces cuando hay opciones más acotadas, uno tiene que elegir con cosas que no le gustan tanto, pero tiene que tomar una decisión. Pienso en mis viejos: Estudiar o trabajar. Y hoy estás entre estudiar, trabajar, tener un emprendimiento de esto, de lo otro o hacer una carrera académica; se vuelve muy difícil elegir y, aunque uno elija, se vuelve muy difícil, después de tomar esa decisión, no compararse con las otras opciones que no eligió. Vivimos como en esa falta constante o en esa comparación constante y creo que es uno de los principales motivos de jóvenes que entran en una depresión o en una parálisis de no ir para ningún lado, de estar esperando el momento perfecto.
-¿Ves que a Tandil le haga falta algo en el sentido preventivo, hay algo para ir trabajando? Porque esto que vos estás planteando es un diagnóstico que es válido y que está sustentado en datos.
-Como te dije al principio, yo no soy un experto en el tema. Sí hay un montón de expertos, hay un montón de cosas que creo que se pueden mejorar. Hay colegios que hoy en pleno 2026 no tienen un gabinete psicopedagógico, que me parece fundamental y más en la edad del colegio, en la secundaria, que es una edad recontra-dura para la comparación; ni hablar para integrar todo este nuevo bombardeo de redes sociales, de la tecnología en general. Y sobre los espacios de contención, yo te puedo hablar personalmente de los que yo he visto: Están en el arte. Parece trillado decirlo, pero creo que el arte y los espacios artísticos le han salvado la vida a un montón de personas. Lo he visto con mis propios ojos, más allá de que parezca una frase hecha. He visto gente perdida en la droga, perdida en drogas duras, en situaciones super marginales que a partir de ir a un espacio artístico, por ejemplo, del rap, y a partir de empezar a rapear, se ha salvado su vida por completo. Han encontrado gente que tiene sus mismos intereses, una cultura donde la gente piensa igual, un espacio donde ir a expresarse, una forma en la cual contar lo que les pasa. Después podemos hablar de las clínicas de salud mental, que es cuando ya el problema está. Pero creo que antes hay un montón de gente que se ha salvado sin llegar a una clínica de salud mental. Se ha salvado por encontrar una tribu, como se dice a veces.
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-Vos sos una persona muy creativa. ¿Crees que las nuevas tecnologías, o en este caso la inteligencia artificial, viene a atentar contra tu creatividad o viene a potenciarla?
-No, no creo que venga a atentar. Creo que generadores automáticos han existido siempre. Si bien ahora la inteligencia artificial es más rápida, siempre ha habido formas de automatizar los procesos creativos. No me parece algo nuevo, y sí creo que es un riesgo, en tanto aumenta la saturación y esa sobreproducción artística que hay, cuando de diez cosas que vos ves, nueve están hechas con inteligencia artificial y una no, distinguirlo se vuelve más complicado. Entonces la gente empieza a refugiarse en lo que verdaderamente se nota humano, como puede ser algo roto, algo sucio. Pasa en la música y pasa en el arte visual también. Creo que nos estamos alejando de todo lo que es prolijo, aséptico, de todo lo que puede producir la inteligencia artificial. Creo que hay un rechazo desde la creatividad, pero como decías vos, me parece que la creatividad no es algo que se tenga o no se tenga. Creo que es inherente a cualquier ser humano. Todos la tenemos. Cuando yo hablo de lo artístico pareciera ser que es algo que aplica solo a los artistas y, de hecho, se ha hablado de comparar a un estudiante de Ingeniería con un estudiante de Arte. Creo que no hay que hacer esa división entre artistas o no artistas porque me parece sin sentido pensar que el arte no subyace a todas las otras actividades. Eso lo dijo Vanesa Pafundo, mi profesora, y desde entonces lo pienso decir: El arte en realidad está en todas las otras cosas, está en el ingeniero, está en el médico, está en el arquitecto, está en cualquiera de las otras cosas que se planifiquen y que se hagan. Creo que el arte o la creatividad funcionan, capaz que sin ese nombre, pero todos somos un poco artistas.
-Ahora te voy a invitar a que te pongas el casco. Acá está el Tandil del 2050. ¿Qué ves?
-Veo una ciudad muchísimo más grande, con mucha más gente; sobre todo una ciudad con caras nuevas. Una ciudad en la que salimos a la calle o salimos al centro y no necesariamente nos saludamos con conocidos. Y es hermoso porque los conocidos siempre están al alcance de la mano, pero ahora hay tanta otra gente y tantos otros espacios que ahora sí veo eso que te decía antes del misterio. En el 2050 veo una ciudad que me dan ganas de salir a descubrir. Creo que vuelve ese misterio lindo de salir a descubrirla sin saber con lo que uno se va a encontrar, o sin creer que uno sabe lo que se va a encontrar.
-Ahora te voy a llevar puntualmente a la plaza del centro. Vas a estar mirando por Yrigoen hacia España. ¿Qué ves?
-Veo una cantidad de barcitos y espacios de encuentro social, bares, cafeterías. Veo gente y veo lugares que no vi nunca, por supuesto. Y veo un lugar de encuentro, una zona céntrica con muchas puertas, una al lado de la otra, que no son necesariamente casas, sino lugares a los que uno puede entrar y encontrarse con algo.
-¿Es un lugar que te gusta?
-Me encanta.
-Ahora vamos a ir a un teatro, el que vos quieras.
-La Confraternidad.
-¿Qué hay? ¿Qué ves?
-Veo una obra que nunca me hubiese imaginado que podía ser teatro. Veo alguna nueva clase de vanguardia que si hoy me llevas en tanto tiempo hacia el futuro, no tengo ni siquiera la idea de que eso puede ser teatro. Veo un nivel de sorpresa en esa vanguardia y un nivel de ruptura de lo que hoy creemos que es teatro, lo que hoy creemos que es arte, que me parece fascinante. Creo que me llevaría varios minutos caer en la cuenta de que estoy viendo una obra de teatro.
-Y ahora la última. Te vas a ir a la cima del Parque Independencia y vas a mirar la ciudad. Si tenés que sintetizarla en una frase o una palabra. ¿Cuál es?
-Veo que la mancha iluminada avanzó mucho más, se expandió como si fuese aceite derramado. Y veo que la mancha iluminada intentó subirse un poquito por las sierras hacia al lado del sur. Intentó subirse un poquito a las sierras, pero no pudo. Y veo que las sierras siguen siendo sierras, siguen siendo verdes por suerte. Y para el lado del norte veo que hay luces hasta donde se me pierde la vista.
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-Ahora sácate el casco. Ese Tandil que describiste es un Tandil ideal, un Tandil muy ameno para una persona como vos. ¿Crees que, por como estamos haciendo las cosas hoy, es un Tandil posible?
-Creo que es posible. No estamos en un punto irreversible, para nada. Siempre es posible. Creo que hay que tomar las decisiones necesarias para que sea así y para que no se convierta en otra cosa. Así como no es una situación irreversible para que sea como me lo imagino idealmente, también estamos a tiempo para que se convierta en algo que no me guste, en algo feo. También esas sierras se pueden transformar en la misma mancha de luz y de ciudad. También esa cantidad de gente que va a llegar quizás nunca se llegue a unir. Es decir, hay espacios como cafeterías, como bares a los que la gente entra y ocurren eventos. Yo sueño con que pase para eso. Tienen que ocurrir un montón de cosas porque también puede ser que toda esa gente que llegue no logre integrarse y quedemos siendo una ciudad heterogénea con distintos centros y con distintos lugares. Y también con distintas idiosincracias adentro de la misma ciudad. Y cuando una ciudad se divide de esa forma, se vuelve cada vez más difícil que el centro y el margen se unan.
-Si Tandil tiene tuviese una sola cosa que te gustaría conservar. ¿Cuál es la primera que se te viene a la cabeza?
-Poder caminar por la calle a cualquier hora sin miedo que pase nada. Poder salir ahora de acá, irme caminando como lo voy a hacer, y caminar por cualquier barrio sin que un barrio tenga una fama de algo y otro barrio tenga una fama de otra cosa, como pasa en las ciudades grandes. Que todo tenga un mismo nivel de tranquilidad, que no haya inseguridad en un lado sí, y en un lado no. Que al final nunca es así, que la inseguridad está en un lugar y en el otro no, pero sí se ganan esa fama los lugares o los barrios y eso es lo que me gustaría que no pase: Conservar esa tranquilidad, que es compartida y colectiva, y que es para cualquier lugar de Tandil donde uno se encuentre.
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