Menos cunas, más vecinos: el camino para que Tandil sea la mejor ciudad del mundo
Los datos son claros: en Tandil nacen menos chicos, los hogares son cada vez más chicos y la población envejece. Si la ciudad quiere desarrollarse, ese desarrollo ya no vendrá de la natalidad sino de quienes la elijan para vivir. En esta columna planteo por qué Tandil debe pasar de ser una ciudad que crece (y debe desarrollarse) a una ciudad que atrae (aún más), qué debería encontrar quien llega y cómo preparar los servicios para una población distinta.
A lo largo de esta serie de columnas hablamos de infraestructura, de suelo industrial, del centro, de la escala regional y de la arquitectura institucional necesaria para que un plan no vuelva a guardarse en un cajón.
Hoy quiero detenerme en algo que atraviesa todos esos temas y que, sin embargo, casi no aparece en la discusión pública: quiénes van a vivir en el Tandil de 2050.
Hace unas semanas, Nicolás Guadagna se preguntó en una columna publicada en otro medio si nuestra ciudad puede ser la mejor ciudad del mundo. Celebro la pregunta y la tomo como punto de partida.
Creo que la respuesta puede ser afirmativa, pero con una condición: entender que el Tandil que viene no se va a parecer, demográficamente, al que conocemos.
Los números que no podemos ignorar
Mauricio Acosta, a través de su ciclo "Datos que cuentan", puso sobre la mesa cifras que deberían estar en el escritorio de cualquiera que piense la ciudad.
Según el Censo 2022, el 56% de los hogares tandilenses tiene una o dos personas, y apenas el 18% está integrado por cuatro. De acuerdo con el Registro Civil bonaerense, los nacimientos mensuales pasaron de entre 140 y 150 en 2020 a entre 50 y 80 en la actualidad. Y la matrícula de nuestros jardines de infantes cayó de 6.700 alumnos en 2018 a 5.000 en 2025.
No es motivo de alarma, como bien advirtió Acosta. Pero sí es motivo de planificación.
Porque esos datos dicen algo muy concreto: si Tandil quiere desarrollarse —sostengo que vamos hacia la escala del medio millón de habitantes—, ese desarrollo no vendrá de los que nacen acá. Vendrá de los que eligen venir.
Y eso cambia la pregunta de fondo. Ya no se trata solamente de cuánto crece Tandil, sino de a quién atrae y por qué.
De ciudad que crece a ciudad que atrae
Tandil ya vivió un anticipo de esto. Como me contó el intendente Miguel Lunghi en nuestra charla para Tandil 2050, después de la pandemia la ciudad "se abrió totalmente": llegaron familias buscando verde, sierra y tranquilidad y profesionales que trabajan para Buenos Aires desde su casa en Tandil.
Ese fenómeno fue espontáneo. La propuesta es convertirlo en estrategia.
Las ciudades que hoy encabezan los rankings de calidad de vida no esperan a que la gente llegue: salen a buscarla. Compiten por talento, por estudiantes, por emprendedores, por familias jóvenes y también por adultos que eligen dónde vivir su segunda etapa.
Tandil compite —lo sepa o no— con Córdoba, con Mendoza, con Bariloche y, cada vez más, con ciudades de otros países a las que un trabajador remoto puede mudarse con una computadora bajo el brazo.
Cambiar la matriz de la ciudad significa dejar de pensar el desarrollo como una suma de obras para una población que crece sola y empezar a pensarlo como una propuesta de valor para quien todavía no vive acá.
Qué encuentra el que llega
Pongámonos en el lugar de una familia de Rosario, de un programador de Bogotá o de un matrimonio jubilado de Buenos Aires que evalúa mudarse. ¿Qué mira?
Primero, trabajo. El polo tecnológico y la universidad son nuestra mejor carta. Pero la oferta tiene que actualizarse. Sandra Mordentti se preguntaba en esta serie por qué Tandil no tiene una carrera como Negocios Digitales teniendo un polo informático. Atraer talento exige formar talento y formar talento exige revisar la oferta.
Segundo, vivienda. El mercado ya lo registra: buena parte de los departamentos que se ofrecen son de uno o dos ambientes. Pero también hacen falta alquileres accesibles, viviendas pensadas para adultos mayores y barrios con servicios completos, no solo lotes.
Tercero, servicios. Salud de calidad —Tandil ya es referencia regional—, educación bilingüe, conectividad digital y física con el resto del país y del mundo y un transporte público que funcione.
Cuarto, calidad de vida. Ignacio Segonds lo dijo con una claridad que me quedó resonando: en Tandil los espacios culturales existen, pero muchas veces se apagan porque falta un público que salga a descubrirlos. La ciudad que atrae es la que tiene "misterio", la que invita a recorrerla sin saber qué se va a encontrar.
Y quinto, algo que no figura en ningún folleto pero que mencionaron casi todas las personas que entrevisté: poder caminar de noche por cualquier barrio sin miedo. Elías El Hage y Segonds coincidieron en eso. La tranquilidad es nuestro principal activo y, a la vez, el más frágil.
Los servicios de una ciudad que envejece
Atraer gente no reemplaza la otra cara del cambio demográfico. Tandil será una ciudad con más adultos mayores. Eso exige ampliar los servicios de cuidado, adaptar la movilidad y el espacio público, y pensar la salud con otra escala.
Pero también abre una oportunidad. Las aulas que vayan quedando vacías en los jardines pueden reconvertirse en centros de cuidado, espacios comunitarios o sedes de formación. La economía del cuidado puede ser una fuente de empleo calificado. Y quienes eligen Tandil para su segunda etapa traen consigo ahorro, consumo y, muchas veces, una experiencia profesional que puede volcarse a la comunidad.
Lo mismo con los jóvenes. Si queremos que se queden y que otros vengan, tenemos que atender lo que hoy les preocupa. Segonds habló de la saturación y la comparación permanente que generan las redes; Fabio Molinero, del consumo problemático. Ambos coincidieron en algo: hacen falta espacios de contención y prevención antes de que el problema llegue.
Atraer sin desbordarnos
Hay una advertencia que se repitió en varias entrevistas: no queremos parecernos a Mar del Plata. Molinero la nombró como el espejo en el que no mirarnos: una ciudad que creció rápido, con barrios deteriorados y una inseguridad que hoy condiciona todo lo demás.
Por eso, atraer población sin planificar sería un error. Hoy nuestras plantas de cloacas ya trabajan al límite. Una ciudad que invita a vivir tiene que poder garantizar agua, cloacas, conectividad y seguridad a quienes llegan y también a quienes ya viven en los barrios que todavía esperan esos servicios.
Y hay un desafío cultural. En columnas anteriores hablé de la trampa del "yo llegué primero". Si queremos ser una ciudad que atrae, el que llega no puede ser visto como una amenaza sino como un vecino que suma. Segonds lo planteó como riesgo: que la gente que llegue no logre integrarse y terminemos siendo una ciudad con distintos centros y distintas idiosincrasias. Integrar también es planificar.
Finalmente, nada de esto se financia solo. Lunghi lo dijo con claridad: sin autonomía municipal y sin otra distribución de los recursos, el Municipio seguirá dependiendo de la Provincia y de la Nación para cada obra de escala. Una ciudad que aspira a atraer necesita discutir también con qué herramientas cuenta para hacerlo.
Medir para atraer
Como dijo Molinero, no se puede trabajar a ciegas.
Propongo que la estrategia de atracción se apoye en indicadores concretos: cuántas personas llegan por año, de dónde, a qué se dedican, dónde se instalan y cuántas se van. Ese seguimiento es una tarea natural para el Equipo Ejecutivo del Ente Autárquico de Gestión que propusimos, en articulación con la Universidad y con los datos públicos disponibles.
A partir de ahí, la ciudad puede diseñar herramientas concretas: una oficina de radicación que acompañe a quien llega, una propuesta clara para empresas y trabajadores remotos, y metas medibles para cada uno de los seis ejes de Tandil 2050.
Ser la mejor ciudad del mundo
"Ser la mejor ciudad del mundo" no es una frase de marketing. Es una vara. Significa medirnos contra los mejores y no contra nuestra comodidad. Significa que quien llega encuentre lo mismo que valoramos los que ya estamos: escala humana, sierras, universidad, tranquilidad y una comunidad que lo recibe.
Siempre digo que Tandil tiene un presente complaciente. La pregunta es si vamos a usarlo para descansar o para prepararnos.
Este será uno de los temas que vamos a trabajar en nuestro próximo encuentro en el marco de FLAMA, el lunes 26 de octubre, a las 15 horas, en el Espacio INCAA Unicen del Centro Cultural Universitario. Allí daremos inicio a la Etapa II de Tandil 2050: el Plan Estratégico Participativo.
Quiero hacerte una invitación personal. Si naciste en Tandil, si llegaste hace poco o si estás pensando en venir; si sos estudiante, emprendedor, docente, jubilado o simplemente alguien a quien le importa esta ciudad, tu mirada hace falta en esa mesa. El plan que viene no se escribe desde un escritorio: se construye con quienes viven la ciudad todos los días.
Para participar, anotate en luma.com/3z1cbtv0.
Tu idea suma
¿Qué debería encontrar alguien que elige Tandil para vivir? ¿Qué te hizo quedarte, o qué te haría volver?
Ingresá a www.tandil2050.com, sumá tu propuesta y sé parte de este equipo.
Hasta la próxima columna.
Director de Grupo Rotonda. Impulsor de Tandil 2050.