Más que un Centro de Convenciones: el "plan de suscripción" que Tandil necesita
¿Elegimos la tranquilidad estática de la ciudad de hoy o nos animamos a diseñar la infraestructura predecible de los próximos 25 años? Un análisis sobre por qué Tandil debe migrar del turismo tradicional de “picos” a un flujo constante de riqueza, descentralizando su crecimiento estratégico en corredores clave como la Avenida Fleming.
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Quienes vienen siguiendo este espacio sabrán que desde Tandil 2050 —el proyecto que elijo impulsar con la convicción innegociable de planificar el desarrollo estratégico de nuestra ciudad a 25 años— hay una premisa que nos mueve a diario: la obsesión por mantener la relevancia y trascender.
Y vale volver a aclararlo de entrada, ante el escepticismo de muchos: no impulso Tandil 2050 para armar un partido político ni para postularme a ningún cargo público, como muchos aún creen o buscan encasillar. Tampoco lo impulso para la foto del momento ni para la palmadita en la espalda de unos pocos.
Lo hago movido por dos objetivos sumamente claros y concretos:
Primero, la responsabilidad de dejarles a mis hijos un Tandil mejor del que recibí, buscando contagiarles esa misma llama para que ellos también mantengan vivo este hilo de proyección a futuro. Y segundo, por la necesidad de seguir construyendo una ciudad próspera, moderna y con escala, donde pueda seguir desarrollando proyectos y negocios exitosos.
Desde esa mirada de largo plazo que promulgamos en Tandil 2050, vemos cómo en los últimos tiempos volvió al centro del debate la necesidad de que Tandil cuente con un Centro de Convenciones para posicionar a la ciudad, aún más, en el centro de la escena artística, cultural, corporativa y popular de la provincia y, por qué no, del país.
Pero la pregunta que surge de inmediato en la mesa de café, en las reuniones entre amigos o en la charla entre vecinos es casi intuitiva: ¿Está Tandil verdaderamente preparada para esto?
Considerando que la ciudad es la sumatoria de las relaciones de sus aproximadamente 150.000 habitantes en el partido, a mí me surge otra duda: ¿El tandilense quiere eso? ¿Quiere tener todos los fines de semana un caos vehicular y peatonal, como sucede cada Semana Santa o como ocurrió en las históricas visitas del Indio Solari?
Creo firmemente que la pregunta del "querer" o "no querer" es una trampa.
Evaluar el desarrollo de un territorio basándonos únicamente en la respuesta intuitiva del deseo individual (o de algunos) termina siendo un planteo egoísta y, muchas veces, contradictorio con lo que la estructura urbana de la ciudad realmente necesita para progresar.
Ahí está el punto de quiebre que debemos animarnos a discutir: Tandil necesita que la economía local esté "explotada" de gente. Lo necesita el comerciante, el gastronómico, el artista, el prestador de servicios, el profesional independiente y el propio vecino que se beneficia del empleo indirecto.
Sé que al plantear esto sumo de inmediato a los primeros detractores de la idea: "Como estoy, estoy bien. ¿Por qué voy a querer más gente que me moleste o me modifique el día a día?".
Y para ellos (o la mayoría, al menos) tengo una respuesta: opinamos sobre lo que conocemos —o creemos conocer—, pero raras veces nos animamos a opinar sobre lo que estamos por conocer.
El "atestamiento" y la descentralización
La palabra "explosión" o "atestamiento" genera de inmediato una imagen mental negativa y condicionada por la experiencia del pasado.
Dependiendo de la rutina diaria de cada lector, esa frase lo habrá posicionado mentalmente en el tránsito colapsado, en las largas filas para conseguir mesa en un restaurante o en el alguna otra "pérdida de tiempo valioso".
Es la sensación de que nuestra querida "ciudad de los 15 minutos" —concepto que profesionales del urbanismo local también defienden, como Guadagna o el mismo Lafosse— queda vulnerable en manos de turistas que “toman” la ciudad por unos días.
Pero mi visión, a la cual te invito a sumarte para construirla desde la acción, intenta ir un paso más allá de esa foto estática.
Es cierto que ese atestamiento o colapso temporal ocurre, indudablemente, por la llegada masiva de gente. Pero se convierte en un problema porque la ciudad no está diseñada ni preparada para absorber ese volumen en momentos puntuales.
Y acá es donde el debate sobre el dónde se vuelve central.
Un emplazamiento en zonas como la avenida Fleming está absolutamente bien y es estratégicamente correcto.
Y no es una ubicación al azar: hablamos de una arteria natural de salida de la ciudad, un corredor de paso hacia el Campus de la Unicen, a pocos metros del Tandil Golf Club y enmarcada en un entorno paisajístico verdaderamente hermoso.
Que hoy no sea percibido como un lugar "céntrico" tradicional es la gran virtud. Los proyectos transformadores no se encajan en los cascos urbanos consolidados que ya están al límite de su capacidad, sino que se ubican en estos corredores capaces de absorber la nueva escala y de traccionar el crecimiento urbano hacia adelante (Fleming lo tiene todo por hacer).
Esa descentralización estratégica es, precisamente, la que nos permite salir de la trampa estacional. No se trata de enamorarnos del turismo “de picos” o de fines de semana largos que saturan el centro, sino de dotar a la ciudad de nodos capaces de recibir visitantes durante todo el año de forma orgánica.
Necesitamos preparar nuestra infraestructura para esa potencial ciudad de 500.000 habitantes hacia el 2050, absorbiendo un flujo constante sin poner en riesgo nuestra calidad de vida cotidiana.
Estándares globales, predios feriales y "esperar al Estado"
Acá es donde debemos ampliar la mirada sobre qué tipo de infraestructura nos falta.
Hablar únicamente de una "sala de conferencias" queda corto. Tandil necesita una infraestructura flexible: un concepto de predio ferial o de Arena multiuso que permita albergar tanto un congreso médico de 1.500 personas como una exposición agroindustrial de escala regional, o un recital y show de entretenimiento de primer nivel sin romper la logística de la ciudad.
Pero para que esa Arena o predio ferial traccione ese volumen de eventos, chocamos de frente contra una de nuestras mayores debilidades de oferta: hoy Tandil no cuenta con ninguna cadena de hotelería internacional.
¿Por qué esto, a mi entender, es crítico? Porque no se trata simplemente de un tema de marcas o de estatus visual. Se trata de estándares mínimos de previsibilidad.
Un organizador de eventos masivos, un artista internacional, un inversor global o un ejecutivo que viene a un congreso busca la tranquilidad de saber que contará con ciertos servicios, normativas, conectividad y “seguridad operacional” garantizados bajo marcas de nivel internacional. Si esa oferta no existe, el flujo corporativo, cultural e inversor directamente se desvía hacia otras plazas.
Y acá es donde se plantea esa brecha que antes mencioné: lo que el público cree que quiere, lo que la ciudad proyecta y lo que el privado necesita para ejecutar.
Es esa la conversación (si la hay) que suele caer en un error de diagnóstico: el sector privado suele asumir que es el Estado quien debe generar primero todas las condiciones ideales para que recién después ellos se animen a arriesgar.
Quedarse esperando a que la gestión pública resuelva mágicamente la conectividad, la infraestructura de gran escala y las garantías del mercado antes de poner un ladrillo solo conduce a la inacción (como he dicho en otras columnas).
Y esa inacción la terminamos pagando todos los tandilenses, desestimando un potencial enorme cuyo límite nos lo terminamos poniendo nosotros mismos.
Acá es donde elijo dejar la hipocresía de lado: las condiciones no se esperan, se construyen. Y lo digo desde un lugar de absoluta honestidad. Movido por el deseo innegociable de trascender, tengo un interés personal directo en que un proyecto de esta envergadura sea diseñado, liderado y desarrollado por locales. Debemos querer arriesgar acá, invertir acá y demostrar que los tandilenses tenemos la capacidad técnica y financiera para ejecutar obras con estándares globales sin depender de que vengan de afuera a marcarnos el rumbo (aunque haya que consultarles y, quizá, también hacerlos parte).
En resumen, el salto de escala no vendrá de un Estado paternalista ni de un privado especulador. Nacerá de la sinergia real, donde el privado propone, arriesga y ejecuta proyectos integrales y el público acompaña con visión urbana, reglas claras y normativa.
Del evento "salvador" al modelo de suscripción
Amo las analogías que parecen no estar relacionadas con la temática puntual, pero que me permiten graficar mis pensamientos con absoluta claridad.
En la historia reciente de los negocios, el modelo de suscripción llegó para quedarse y para reemplazar progresivamente a la venta tradicional.
Las marcas globales más importantes entendieron rápido que el secreto del éxito a largo plazo radica en el Customer Lifetime Value (el valor del tiempo de vida del cliente), el cual consiste en potenciar y sostener la relación en el tiempo en lugar de realizar un único impacto puntual.
Pensemos en cómo Apple pasó de depender casi exclusivamente de la venta anual de sus dispositivos a construir un ecosistema gigante de suscripciones mensuales, o cómo la industria automotriz consolidó su producción a través de planes de ahorro que garantizan cuotas continuas y previsibles. En pocas palabras, la suscripción aporta previsibilidad tanto a la oferta como a la demanda. Y la previsibilidad es lo que todos buscamos cuando pretendemos calmar la ansiedad proyectando un futuro cierto.
Hoy la dinámica turística y de eventos en muchas ciudades intermedias sigue funcionando bajo el esquema de la "venta tradicional": esperar ansiosamente el fin de semana largo o la Semana Santa para lograr la "venta salvadora" que equilibre las cuentas del año. Es un modelo agotador, impredecible y sujeto al clima, a la economía o al calendario.
Lo que Tandil realmente necesita es migrar su propuesta de valor hacia un “modelo de suscripción territorial”: preferir siempre el goteo constante de una canilla abierta los 365 días del año antes que un chorro de agua fuerte, torrencial y cíclico que inunde la casa por un fin de semana.
Ahora bien, ¿cómo se lleva esto a la práctica para que la gente de afuera elija Tandil de forma continua?
No se trata de salir a tirar tiros al aire con publicidad. La “suscripción territorial” exige pasar de la improvisación a una “plataforma urbana predictiva” basada en cuatro pilares de experiencia:
- Identidad e imagen unificada: algo parecido a cuando hablé de cómo debería transformarse nuestro centro. Tandil tiene que respirar una sola visión, no ser una suma de iniciativas aisladas que tiran para lados opuestos. Cuando la ciudad logre alinearse bajo un mismo concepto estético, de calidad y de pertenencia, todas las marcas se potenciarán (aún más) solas. Necesitamos que la experiencia de visitar Tandil sea coherente en cada rincón de la ciudad.
- El "Efecto Disney" (la experiencia integral): en un parque de Disney la magia no es solo el show principal o la montaña rusa. Es la limpieza impecable, la calidez en la atención, la estética cuidada y la obsesión por los detalles desde que llegás hasta que te vas. Tandil tiene que construir su propia “cultura de anfitrión” en la que que el visitante sienta esa misma excelencia y estándar de calidad, ya sea en la recepción de un hotel internacional, en una estación de servicio o en el comercio de barrio.
- Calendarización compartida y comercio alineado: la agenda del año no puede ser un secreto guardado en una oficina pública. Si la calendarización de eventos en la Arena o predio ferial se planifica y se comparte con meses de anticipación con toda la comunidad, todo el ecosistema local se alinea. Si es la "Semana AgroTech" o el "Mes de la Medicina", el gastronómico adaptará su carta o temática, el comerciante adaptará su local en sintonía y el prestador de servicios sabrá exactamente cómo prepararse. La ciudad entera actúa como un solo equipo.
- Escucha activa e innovación colaborativa: un modelo de suscripción vivo no se diseña en un escritorio cerrado, sino que debe retroalimentarse permanentemente. Necesitamos canales formales de escucha activa para recibir, evaluar e integrar las ideas y propuestas de comerciantes, vecinos, empresarios, clubes de barrio, deportistas y emprendedores. Muchas de las mejores soluciones de logística, contenido y experiencia urbana van a nacer del conocimiento cotidiano de quienes caminan y atienden la ciudad todos los días.
- Alianzas B2B y flujo corporativo predecible: ir a buscar activamente a las organizaciones, colegios profesionales, cámaras y grandes empresas de CABA, Rosario o Mar del Plata. En lugar de venderles un evento aislado, ofrecerles convenios de fidelización que incluyan paquetes cerrados de hotelería, espacios en la Arena y experiencias locales para sus reuniones directivas, viajes de incentivo u off-sites durante días de semana.
Pero hay algo más. Si aplicamos el clásico Óptimo de Pareto (80/20) —que aprendí en la Facultad en reiteradas ocasiones en voz de mi apreciada profesora de economía María Delia Vacarezza—, el objetivo estratégico de la ciudad no debe ser llenar Tandil al 200% durante cuatro días para luego quedar desierta durante un mes. Debemos perseguir un 80% de ocupación promedio permanente, reservando ese 20% de colchón de infraestructura para absorber los picos eventuales.
Bajo este “modelo de suscripción”, el fenómeno del "atestamiento" desaparece. Los visitantes que llegan para un congreso, una feria o un show en la “Arena multiuso” lo hacen de manera esparcida, consumen en diferentes circuitos, no saturan los mismos tres lugares emblemáticos y permiten que el tandilense residente conserve exactamente la misma libertad de movimiento y calidad de vida.
Todo eso se traduce en prosperidad real y transversal. Tener ingresos constantes y previsibles en la economía local permite que los comerciantes e inversores reinviertan en la ciudad. Y cuando la inversión privada se vuelca en infraestructura local, la generación de riqueza beneficia a toda la comunidad por igual, desde el profesional hasta el trabajador de servicios.
¿Un auto o un caballo más rápido?
Acá es donde debemos romper el paradigma tradicional de la obra pública aislada.
Tandil puede que quiera un Centro de Convenciones tradicional. Pero lo que verdaderamente necesita es un espacio multiusos que sirva para eso y que funcione también como predio ferial, Arena para shows y desarrollo integral de usos mixtos.
Si solo pensamos en una gran caja de cemento o en un salón para hacer un congreso unas pocas veces al año, estamos cometiendo el error del que hablaba Henry Ford: pedir "el caballo más rápido" en lugar de animarnos a diseñar el automóvil.
Es así que considero que un proyecto de esta magnitud solo es viable, sustentable y transformador si se concibe bajo tres pilares fundamentales:
- Descentralización: ubicar esta infraestructura fuera del casco céntrico tradicional —aprovechando arterias como Fleming, por su conectividad, su entorno y su cercanía a la Unicen— para consolidar un nuevo polo de crecimiento, abrir nuevas vías de desarrollo y evitar la saturación del centro urbano.
- Usos mixtos, Arena y estándares internacionales: anexar al espacio de eventos y recitales una propuesta integral que combine hotelería de cadena internacional, oferta gastronómica, residencias, oficinas y comercio de proximidad. Es la mezcla de usos y la versatilidad de la infraestructura lo que le da vida diaria al espacio cuando no hay shows o congresos de gran escala.
- Co-creación Tripartita (Público, Privado y Tercer Sector): romper con el mito de que una parte debe resolverle todo a la otra. Necesitamos esquemas donde el privado lidere la inversión y el modelo de negocio con calidad, y el sector público facilite la visión urbana. Pero sobre todo, resulta indispensable incorporar activamente al Tercer Sector —las instituciones intermedias, ONG, entre otras— para validar socialmente el impacto del proyecto, garantizando que lo acordado entre el privado y el Estado responda de manera genuina al bien común de la comunidad.
Como dije en columnas anteriores, la respuesta al crecimiento no es elegir entre la tranquilidad del vecino o el desarrollo económico. Tiene que ser "ESTO Y AQUELLO OTRO".
Podemos mantener la escala humana y la libertad de nuestra vida cotidiana mientras diseñamos la infraestructura necesaria para sostener el flujo de riqueza de los próximos 25 años.
Tandil 2050 no se construye esperando pasivamente a que las condiciones bajen del cielo ni a que el Estado haga todo el trabajo pesado, sino animándonos a proponer la escala que la región exige y ejecutándola en conjunto.
Te invito a sumarte, a ser parte activa de este debate en www.tandil2050.com y a que a diario te preguntes: ¿Voy a seguir defendiendo la foto de lo que ya conozco o me voy a animar a construir lo que estoy por conocer?
Hasta la próxima columna.
Director de Grupo Rotonda. Impulsor de Tandil 2050.