¿Y si la verdadera escala de Tandil no encajara dentro de sus propios límites?
Para alcanzar el desarrollo proyectado en Tandil 2050, resulta imperativo trascender la mirada localista y fomentar la planificación regional. Integrar a los municipios vecinos es la clave para consolidar una escala competitiva en la región bonaerense.
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"Pensar en grande" es una frase muy trillada y común, ya lema de los anuncios de uno de los bancos de primera línea del país. Pero es, además, algo que me desafía en lo personal y en lo profesional.
Para quienes emprendemos con la mirada en el mediano y largo plazo, es quizá lo que más nos motiva. Es tener siempre un objetivo, y otro, y otro… Y no es ambición desmedida: es visión (o hambre) de futuro.
Aquellos que vienen siguiendo mis columnas sabrán que el verdadero motor detrás de cada proyecto que impulsamos es una convicción innegociable: la obsesión por mantener la relevancia y trascender.
No trabajamos para la foto de hoy ni para el aplauso de los demás, ya que emprendemos y gestionamos para que lo que construimos hoy siga siendo útil, sólido y valioso los próximos 20, 30 o 50 años.
Y esa trascendencia no es cuestión de mero entusiasmo o de voluntad: radica, fundamentalmente, en la perspectiva. En la altura desde la cual estamos mirando la realidad (y que, desde ya, sabemos que no es única).
Si algo aprendí este último tiempo es que cuando te quedás atrapado en el día a día, cualquier meta u objetivo parece inalcanzable y cada obstáculo, por más pequeño que sea, se transforma literalmente en una montaña.
Cuando mirás desde abajo, la coyuntura te tapa el horizonte y terminás gestionando la urgencia en lugar de construir el destino (la clásica trampa de mirar solo la punta del iceberg).
Llevándolo a un extremo muy claro, es lo que experimentan los astronautas cuando observan la Tierra desde el espacio: el famoso Overview Effect (efecto panorama). Al elevar la mirada y contemplar la totalidad del planeta desde las alturas, todas las fronteras desaparecen. Los conflictos, las divisiones y los problemas que desde el suelo parecían gigantescos, de repente se tornan comprendidos en su justa dimensión y se vuelven sumamente abordables.
Entonces, cambiar de altura es también “subir la vara” para tomar decisiones con la verdadera dimensión del territorio. Y eso es lo que tenemos que hacer.
Infraestructura local, talento y el inversor global
Hace unos meses, hablando en un evento con un conocido que hacía años no veía y que había estado viviendo en Europa, la charla derivó en cómo escalar los proyectos de la ciudad. En un momento me preguntó: "Rodri, ¿por qué no podemos traer a un inversor global a que invierta en Tandil? ¿Qué nos frena?"
La respuesta cómoda es echarle la culpa a la macroeconomía nacional: la inflación, la falta de crédito o las reglas de juego impredecibles. Sin embargo, cuando elevás la perspectiva y analizás la dinámica real de los negocios, aún con la macro jugándonos 100% a favor, la pregunta que debemos hacernos es otra: ¿está Tandil verdaderamente estructurada para absorber y canalizar una inversión de 100, 200 o 500 millones de dólares?
Seamos pragmáticos. Si mañana baja un fondo global con 200 millones de dólares para inyectar en la economía local, ¿dónde los volcás sin romper el mercado?
¿En nuestro Parque Industrial? ¿En nuestro sector de salud o en desarrollos urbanos, que rápidamente ven el límite en el cuello de botella de la infraestructura actual? ¿O en nuestra industria del conocimiento?
El caso del Cluster Tecnológico (ex CEPIT) fue un orgullo y un motor extraordinario que nos llevó al pleno empleo en el sector. Pero hoy, con la disrupción masiva de la Inteligencia Artificial, el modelo tradicional tambalea y se reconfigura en tiempo real. Y esta cuestión no es exclusiva de los programadores, ya que atraviesa a todas las profesiones por igual.
Volviendo al tema, caemos en el eterno dilema del huevo y la gallina: ¿no hay empresas de gran escala porque falta masa crítica de profesionales calificados, o no hay profesionales de vanguardia porque faltan empresas que los demanden?
Es en este punto donde la Universidad y el sistema educativo regional tienen que (volver) asumir un rol protagónico y disruptivo: debemos dejar de formar profesionales para la foto de hoy —que ya quedó vieja antes de entregar el título— y empezar a preparar el talento estratégico para la región que viene. Si la “academia” sigue educando para la economía actual, estamos formando talento para el pasado.
Como sostuve en columnas anteriores, para crecer sin deformarnos necesitamos mantener un "cuerpo disponible": una ciudad ágil, flexible, con infraestructura holgada y un mercado de talento dinámico listo para absorber escala sin bloquearse.
Hoy, mirados hacia adentro y en soledad municipal, el cuerpo puede que nos quede chico. Sin esa masa crítica regional, cualquier inversión de verdadera envergadura internacional nos queda ridículamente gigante.
Acá es cuando chocamos contra la pared de nuestra propia dimensión. Pero solo si nos quedamos mirando con la lente corta del partido de Tandil.
La Región del Centro
Un inversor global no busca operar en un municipio aislado de 150.000 habitantes que se debate en discusiones superfluas. Lo que busca son nodos territoriales dinámicos, ecosistemas con escala de mercado, logística pesada, masa crítica de talento y servicios sofisticados.
Si de verdad queremos mantener la relevancia en el mapa, ¿hasta cuándo vamos a seguir creyendo que podemos competir solos contra las grandes metrópolis del país desde el territorio municipal?
Cuando levantás la cabeza de la coyuntura diaria y mirás la cartografía del centro de nuestra provincia con la perspectiva del astronauta, te das cuenta de que la distancia que nos separa de Azul, Olavarría, Rauch, Ayacucho o Benito Juárez es, en términos de mercado global, absolutamente insignificante. Y, además, estamos en Argentina, donde las distancias geográficas son una ventaja si se saben articular.
Dicho de otra forma, estamos a menos de dos horas de viaje entre cabeceras. Si cambiamos la escala y consolidamos una mirada de bloque regional, pasamos de ser un municipio aislado a configurar la “Región del Centro Bonaerense”: un mercado integrado de 350.000 a 400.000 habitantes.
El jardín es para todos
Sé que al plantear esto más de uno me tildará de fabulero o fantasioso. "¿Región del centro? ¿De qué habla este muchacho? ¿No le alcanza con hablar de Tandil que ahora suma a la región?".
Pero es que, precisamente, se trata de no perderse en el trailer o en la película corta. El desafío no está en querer refundar el mundo desde cero por vanidad localista, sino en tener la lucidez de aplicar la perspectiva de lo que funciona en los ecosistemas más prósperos del mundo.
Para lograrlo, el concepto central sobre el cual debemos pivotar es la coopetencia: cooperar institucionalmente de manera abierta para hacer crecer la escala de toda la región, mientras competimos sanamente en el mercado para elevar los estándares de calidad.
Acá es donde considero que Tandil tiene una gran oportunidad de demostrar verdadera grandeza directiva e institucional: debemos ser los primeros en dar el paso, tomar la iniciativa y proponer esta alineación estratégica regional.
No esperemos a que venga otra ciudad “a pedir la reunión” por necesidad, en caso de que se la planteen. Justamente, liderar la convocatoria no es imponer nada, sino demostrar que entendimos la foto completa y que el jardín es para todos, no solo para uno.
Mirado desde arriba, este movimiento activa el principio fundamental de la plusvalía urbana y territorial ampliada: cuando a un municipio vecino le va bien, atrae inversiones y genera infraestructura, el derrame positivo beneficia a toda la micro-región.
Y del mismo modo, si a una ciudad vecina le va mal, sufre la “aridez” económica o cae en la vulnerabilidad social, tarde o temprano el impacto negativo nos termina tocando la puerta a nosotros por pura proximidad geográfica.
Dicho de otra forma, nadie se salva solo ni logra trascender en una isla próspera rodeada de estancamiento.
Todo muy bien hasta acá. ¿Pero desde dónde podría aportar cada municipio a este nuevo ecosistema?
- Olavarría, como potencia industrial y minera (y seguro me quede corto)
- Azul como eje de descentralización (término que ya abordé anteriormente). El ejido sobre la Ruta 3 para captar nodos logísticos pesados y plantas agroindustriales, descongestionar la presión sobre el suelo de Tandil y evitar que nuestra ciudad se vuelva inaccesible (como Pilar, para Capital Federal).
- Benito Juárez, como nexo agroindustrial y corredor hacia el sudoeste. Clave en el eje agrícola-ganadero hacia Tres Arroyos y Bahía Blanca, aportando suelo estratégico para la transformación primaria.
- Rauch y Ayacucho, corazón ganadero y potencial laboratorio a campo abierto (además de la industria, incipiente, pero que ya la hay).
- Balcarce, como plataforma de “ciencia aplicada” y conector marítimo. El INTA para proveer profesionales y para testear ciencia de vanguardia, sumado a su rol estratégico sobre la Ruta 226 como la puerta de salida logística natural hacia Mar del Plata y el puerto.
El "Efecto 500.000" y la escala del millón
El año pasado, en la charla Flama, tiré al pasar una sola cifra, una sola meta ambiciosa para detonar la conversación: imaginemos un Tandil 2050 con 500.000 habitantes.
Lógicamente, dicho así, a secas, sonó desmedido, irreal y prácticamente imposible. La reacción inmediata de muchos fue: "¿Cómo metés medio millón de personas sin colapsar el agua, el tránsito y los servicios?".
Y fue una pregunta válida, pero vuelve a ser una pregunta formulada desde el llano.
Si ese escenario hipotético o esa tendencia de crecimiento se cumple, ¿qué debemos hacer? ¿Cómo opera ahí la escala regional?
Acá es donde el cambio de perspectiva hace estallar el mapa tradicional.
Si Tandil en 2050 proyecta medio millón de personas, estamos hablando de que la Región del Centro Bonaerense pasa a articular un mercado de casi 1 millón de habitantes.
Ahí la pregunta ya no es cómo sobrevivimos apretados dentro de la circunvalación de Tandil, sino si estamos apuntando conscientemente hacia ese lado o si nos va a pasar por encima el futuro sin haber planificado una sola red de transporte regional o un solo nodo logístico compartido.
Cuando entendés que el escenario de fondo es ese millón de personas entre el centro bonaerense y la costa, las decisiones de hoy cambian radicalmente:
- Servicios de salud de alta complejidad: Ya no dependemos de derivaciones a Capital, ya que justificás polos médicos regionales de vanguardia (como el proyecto del hospital privado).
- Conectividad y movilidad inteligente: Trenes regionales de cercanía, autopistas de carga y conectividad aérea secundaria se vuelven proyectos rentables con tasa de retorno para capitales privados.
- Densidad urbana y valor del suelo: Planificás ciudades satélite y corredores industriales regionales en lugar de sobredimensionar el centro urbano de una sola ciudad.
Como dije en columnas anteriores, siempre estarán quienes argumenten que "hay cosas mucho más urgentes en el día a día como para estar pensando a 25 años".
Pero caer en esa encrucijada es caer en la trampa de la baja altitud. La respuesta a esta gestión no es "esto o lo otro", tiene que ser "ESTO Y AQUELLO OTRO".
Eso implica que debemos tapar el bache de hoy mientras diseñamos la red de los próximos 30 años. Si solo apagamos incendios diarios, pasaremos la vida quemándonos con esas chispas que pudimos haber previsto si tan solo hubiésemos levantado la mirada a tiempo.
Elevar la mirada para cambiar la escala
En definitiva, ¿es la escala de Tandil demasiado grande o somos nosotros los que la estamos mirando desde muy abajo?
Todo depende de la perspectiva. Como hemos visto, si te quedás en el llano, atrapado en el día a día y en la coyuntura municipal, hablar de medio millón de personas o de liderar un nodo regional de un millón suena a delirio inalcanzable.
Pero cuando te animás a subir un par de escalones, a cambiar la lente y a mirar el mapa desde las alturas, descubrís que la dimensión real de las cosas cambia. Lo que desde abajo parecía una locura irrealizable, desde arriba se transforma en un plan de negocios lógico, coordinado y urgente.
No se trata de vender fantasías ni de esperar a que una burocracia resuelva el territorio por decreto. Se trata de entender que las grandes transformaciones de las ciudades siempre las empujó la iniciativa privada en alianza estratégica con la gestión pública (y sumo el tercer sector).
Tandil 2050 no es un folleto ni un catálogo de buenas intenciones para la foto. Tiene que ser un Plan Estratégico vivo para nuestra ciudad y nuestra región en los próximos 25 años. Y la única forma de que los números cierren, las inversiones lleguen y la infraestructura se concrete es animándonos a liderar esta escala regional que hoy roza los 400.000 habitantes y que mañana puede bordear el millón.
Al fin y al cabo, lo que hoy parece gigante solo lo es por el lugar desde donde elegimos mirarlo.
Te invito a sumarte, a ser parte activa de este espacio en www.tandil2050.com y a que a diario te hagas la siguiente pregunta: ¿desde qué altura estoy mirando el futuro de Tandil?
Hasta la próxima columna.
Director de Grupo Rotonda. Impulsor de Tandil 2050.