Sandra Mordentti: “Hay que revalorizar la presencia del docente en un aula”
La docente imaginó el Tandil de 2050 con más población, expansión urbana y un polo tecnológico fortalecido.
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En el marco del ciclo Tandil 2050 impulsado por Rodrigo Rotonda, director de Grupo Rotonda, Sandra Mordentti se puso el casco de realidad virtual para imaginar cómo será la ciudad dentro de un cuarto de siglo.
Docente universitaria y del nivel secundario y exdirectora del Instituto Superior de Formación Docente 10, Mordentti recorrió distintos sectores de la ciudad y proyectó una ciudad más extendida, con un Campus convertido en un polo de innovación y una mayor presencia de vegetación.
Pero la mirada hacia el futuro también estuvo puesta en la educación.
En ese sentido, Mordenti destacó el valor de la formación de nuevas generaciones, advirtió sobre la necesidad de capacitar a los docentes en inteligencia artificial y señaló la pérdida de interés de parte de los estudiantes y de valoración social de la profesión.
También planteó la necesidad de revisar la oferta de carreras para acompañar los cambios tecnológicos y de preservar aquello que considera central para el futuro de Tandil: su polo universitario y la calidad de vida.
-Para quienes no te conocen, ¿quién es Sandra Mordentti?
-Soy profesora, originalmente profesora de Geografía, después hice la licenciatura. Creo que me conocen por ser docente en escuelas secundarias de distinto ámbito. Después, como directora y secretaria en el Instituto 10 y además como profesora universitaria en la Facultad de Humanas, en la materia Climatología para la carrera de Geografía y de Gestión Ambiental.
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-Dentro de tu trayectoria, ¿qué es lo más importante que hiciste para Tandil?
-Creo que formar alumnos en Geografía, pero teniendo en cuenta que la geografía es una materia que engloba un montón de aspectos: lo urbano, lo económico, lo industrial, lo ambiental, lo físico, lo turístico. Creo que haber formado a cerca de 30 generaciones de personas -de alumnos, de alumnas- que han tenido una mirada distinta de esta perspectiva es lo más importante.
-Como educadora, ¿qué desafíos ves hacia el futuro?
-Creo que el mayor desafío es ver cómo el docente se para frente al alumno, cómo trata hoy de brindarle el conocimiento. Creo que tenemos un alumnado totalmente distinto a las generaciones que teníamos cuando vos ibas a la escuela, con otras características. Y hay docentes que nos tenemos que ‘aggiornar’ a ese tipo de características; creo que ese es el gran desafío de cara a lo que viene, a lo tecnológico y a esta cuestión de la inteligencia artificial.
-¿Consideras que la educación en Tandil está bien?
-Si tenemos que decir si Tandil tiene oferta educativa, sí, la tiene. Tiene oferta en preescolar, en Inicial, en Primaria, en Secundaria. Dentro de la secundaria tenés la modalidad técnica, agropecuaria, artística, con una escuela como Polivalente. Y en lo que es el ámbito Superior, tenés la universidad que es un gran polo educativo, no solamente para la ciudad, sino para la región. Y tenés cuatro institutos superiores de formación docente y técnica. O sea que hay una oferta muy variada. En lo que es cantidad, yo creo que Tandil está bien. Es una ciudad que cumple con las expectativas, más allá de que Tandil está creciendo poblacionalmente y crece mucho más que lo que se construye en nuevas escuelas. Eso tal vez es algo para pensar. Y en cuanto a calidad, me parece que cada escuela, cada institución, es un organismo que hay que analizar individualmente. Pero en líneas generales, creo que hay una buena educación en Tandil.
-¿Hay algún tema que considerás que se deba abordar desde el punto de vista de los educadores?
-Yo creo que lo que vamos a necesitar es ir un poco de la mano de la modernización y de la tecnología. Esto que ahora estamos viendo como un gran desafío: El uso de la inteligencia artificial como herramienta. Es necesario que los formadores nos formemos en el uso de la inteligencia artificial, no solamente para nosotros, sino para que esa inteligencia artificial sea una herramienta y no sea un recurso que el alumno tiene para entregarnos a nosotros un trabajo, para dejarnos contentos, entre comillas, con lo que uno pide, sino que sea una herramienta de uso para el docente y para el alumno. Y que los docentes estemos preparados para eso.
-¿Vos creés que hoy no están preparados?
-No, yo creo que no. Para mí falta mucha capacitación de formadores, o sea que nos formemos nosotros para después usarla. Creo que es y ha sido intuitivo el uso de la inteligencia artificial en los docentes. Por ahí para los alumnos también. Porque uno conoce la herramienta y la aprende a usar y usa una, usa otra, pero ¿realmente estamos formados y especializados en usar una herramienta digital como esa? Me parece que no, que falta, que es algo que hay que enfrentar y medio rápido. Porque va todo muy rápido en función de lo que después nosotros tardamos en formarnos.
-¿Considerás que la calidad educativa ha mermado en los últimos años?
-Puede ser. Pero también hay que analizar cada situación. Porque hay distintas escuelas, hay distintos docentes. En todas las escuelas hay distinto tipo de alumnos. De hecho, cuando uno tiene muchas escuelas -yo he andado por muchas escuelas juntas a la vez- los grupos son distintos. Entonces hay que analizar mucho más los detalles. En líneas generales no sé si bajó la calidad; lo que sí ha bajado es la manera en que el alumno toma ese conocimiento y después lo usa. Es como que hay un mayor desinterés en lo que es la educación. Hay un falso mito de que el teléfono, la tablet o la computadora van a reemplazar toda la información. ¿Entonces para qué voy a la escuela? Voy porque hay que ir, porque tengo que tener el título, para poder ir después a la universidad. Pero se cree que yo voy a encontrar toda la información que el docente me da en un aula en una computadora. Que en parte es cierto, pero para la explicación, la manera de trabajar y la utilización del criterio para elegir información, siempre será necesario el docente.
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-¿Crees que también se ha perdido un poco el respeto por el docente?
-Sí, eso sí.
-¿Y a qué crees que se debe?
-Se podría estudiar la cantidad de factores que pueden influir, pero si yo tengo que elegir uno, para mí el valor que le da la familia al docente dentro del hogar lleva a que después el alumno o la alumna repliquen ese valor. Lo que veo es que no está muy bien considerado el docente, como que se le ha perdido el respeto de otras épocas, no porque lo que decía el docente era palabra santa y no se podía discutir. No voy por ahí, sino que el docente tenía un valor en la escuela, en la sociedad, que la familia transmitía y el alumno tomaba. Entonces, ante la presencia de un docente, uno respetaba esa figura. Y creo que hay algo que se ha perdido, que es el sentido de comunidad educativa. Nuestros padres, si tenían que dedicar un domingo o un sábado, a ir a pintar la escuela, ir a arreglarla o hacer un evento para juntar fondos, iban. Hoy en día no, eso se ve en muy pocos lugares. O sea, el sentido de pertenencia a una comunidad educativa es lo que creo que se perdió. Son muy poquitos los casos en donde escuchás: ‘vamos a hacer esto para la escuela’. Porque está la mirada de que el Estado tiene que hacerse cargo de todo y a veces sabemos que no se puede. Antes eso se reemplazaba; entonces se juntaba dinero y, si había que pintar porque había que tener mejor la escuela, se pintaba. Se iba un sábado, se iba un domingo, iba toda la familia, se hacía toda una jornada. Y eso ahora es casi imposible. Hace mucho que no se ve.
-¿Crees que eso también está en línea o impacta directamente en que quizá hoy haya menos jóvenes que quieran ser educadores?
Sí, creo que sí. De hecho yo trabajo en la universidad y en el Instituto docente y la matrícula de los chicos que egresan del secundario y eligen la formación docente es cada vez menor. También leí un artículo que decía que es una cuestión una tendencia mundial, pero no creo que sea porque la IA va a reemplazar al docente, sino más bien por todo esto otro, por la desvalorización del docente. Y el docente hoy se encuentra con un alumnado distinto; no estamos muy preparados, sobre todo los de algunas generaciones. Entonces se encuentra con un alumnado mucho más desinteresado. Uno va al salón y quiere contar todo lo que sabe y que el alumno aprenda y que estudie y que se interese para que después pueda tener una carrera, pero te encontrás con alguien que te mira como diciendo: ‘¿Cuándo te vas?’ Eso te empieza a frustrar.
-¿Hay algo que te hubiese gustado hacer y que por diversos motivos no pudiste concretar?
-No. Yo no quería quedarme con dar clases en un solo tipo de escuelas porque necesitaba la mirada de todo. Y tuve la posibilidad de trabajar en Normal, en Comercio, en San José, en Sagrada Familia, en San Ignacio, en Nuestra Tierra, en Polivalente; en el barrio La Movediza, en Arco Iris. Eso te da una perspectiva y un abanico de lo que ocurre. Y tengo el orgullo de decir que respondí de la misma manera a un colegio privado, con las exigencias y la mirada que tienen en los colegios privados, que a un colegio público. No hice esa diferencia que a veces suele ocurrir. Eso para mí es un orgullo.
-En esa línea, ¿qué valores te gustaría que el día de mañana una Sandra Mordentti -que se va llamar de otra manera- mantenga y transmita a sus alumnos?
-Yo creo que el docente tiene que transmitir el conocimiento porque para eso se preparó, pero no tiene que olvidarse de que, más allá de ser docente, es un ser humano y que no tiene que perder la empatía, ni el respeto, ni la capacidad de debatir de buena manera con el alumnado. En el camino docente me he encontrado con gente que me ha levantado la mano y me ha dicho: ‘Yo en eso no coincido’. ‘Bueno, 'contame qué es lo que no te gusta o qué es lo que vos pensás de diferente’. No me gustaría que los docentes lleguen a que ‘lo que yo digo está bien y me repetís lo mismo porque, si no, no te apruebo’. Se tiene abrir el abanico y esa posibilidad de discernir y debatir, pero sana y académicamente para llegar a un punto de acuerdo. Las ideas mías pueden ser las ideas de otro y podemos conciliar alguna idea que sea diferente.
-Y está bueno esto de que todo argumento-contraargumento parta desde el respeto, que es lo que se está perdiendo...
-Es que se está perdiendo en muchos ámbitos, pero en la docencia, en la escuela, es en uno de los lugares donde creo que se visibiliza. De hecho tenemos episodios en Tandil que nos muestran esto y me parece que el respeto es algo que no debemos perder como especie.
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-¿Cómo afecta la ludopatía hoy?
-Es un tema que afecta un montón. ¿Por qué estamos hablando de ludopatía? Yo creo que desde el momento en que los adolescentes tienen una cuenta en un teléfono -si bien a los padres nos facilita porque están en un lugar y les podés pasar plata-, está toda esta otra movida atrás de la ludopatía. De hecho en las escuelas se están dando muchas charlas, se está hablando y visibilizando el tema porque una cosa es que tengas la posibilidad de jugar a un jueguito, pero otra cosa es cuando eso ya lleva a la apuesta, a otras cosas que después se hacen inmanejables. Y si bien cambiar los planes de estudio es una movida muy importante, lleva tiempo porque tiene que pasar por diversas instancias, me parece que tiene que haber una materia en las escuelas que se llame Educación financiera. Porque como ya desde los 13 años tienen acceso a una cuenta bancaria en su teléfono, necesitamos que los alumnos y las alumnas aprendan a usarla.
-A mí me gusta decir que tenemos un presente complaciente. ¿Qué te gustaría mantener -siempre desde la óptica educativa- del Tandil actual?
-La universidad -el polo universitario- no lo podemos perder. Yo estudié en la universidad pública, en la Universidad Nacional del Centro, me vine de otra ciudad a estudiar y después me quedé acá. Pero creo que es una oferta que no se puede perder. Es muy buena formadora, con todas las carreras que tiene. Sí habría que mejorar algunas cuestiones, apostaría a mejorar la oferta educativa, a que sea distinta, porque hay carreras tradicionales en las que por ahí ya podríamos dejar de pensar. Creo que el mundo está necesitando otras cosas, cuestiones que son más técnicas, más modernas, más tecnológicas. Habría que revisar eso para no quedarnos en una oferta que sea lo mismo de siempre. Tandil es una ciudad muy linda para vivir pero muchos deciden irse a Buenos Aires o a ciudades más grandes. Y la verdad es que si Tandil tuviera una oferta con carreras modernas, no tendríamos que ir a buscar a Buenos Aires. Por ejemplo Negocios Digitales, una carrera que ahora es un ‘boom’, no está en Tandil. ¿Por qué? Si hay un polo informático, un polo tecnológico.
-¿Y por qué crees que no está?
-No sé. Entiendo que en todo lo que es Superior, todos los años hay que pedir las carreras nuevas. La universidad corre por el lado un lado distinto, pero todo se maneja en base a presupuesto. El principal problema que tenemos en Superior para innovar en carreras es que querés una carrera nueva -una carrera distinta- y no tenés gente formada para que la de. Es una cadena: Hay que formar a los formadores para que después podamos dar esa oferta.
- Ahora te voy a poner el casco y te voy a pedir que me digas qué estás viendo. Estás parada en el Tandil del 2050? ¿Qué ciudad estás viendo?
-Estoy viendo una ciudad en la que hay mucha cantidad de población, mucha más que la de ahora. Y la veo más expandida hacia el sur y el este. Veo muchos edificios que, de hecho, hoy en día ya se están armando.
-Te voy a parar en el Campus ¿Qué ves ahí?
-Me lo imagino como un Silicon Valley, con mucha más edificación, muchos más lugares para estudiar, investigar y para hacer cuestiones de innovación tecnológica.
-Ahora vamos a ir para el barrio de La Movediza. ¿Qué ves?
-También veo un lugar que está creciendo y que me imagino que va a seguir creciendo. Veo que es un lugar al que tendría que apuntar más el desarrollo urbanístico.
-Y ahora vamos a ir para el barrio Golf.
-Y ahí veo más acelerado lo que está pasando; es un barrio que se sigue construyendo y también está muy apuntado al turismo.
-Sacate el casco. ¿Te gustó ese Tandil?
Sí, cuando me imagino el Tandil 2050 me imagino un paisaje mucho más verde del que hay. O sea, que me lo imagino como algo lindo para vivir. A las sierras las sigo viendo, a pesar del debate que hay con las sierras, pero me lo imagino mucho más verde.
-¿Más árboles?
-Más árboles, sí, mucha más vegetación. No sé dónde saldría, pero es una postal que tengo: La de un Tandil mucho más verde.
-¿Y lo ves posible?
Sí. Aparte creo que es una ciudad que siempre se elige para venir a vivir. Lo que no me gustaría es que desborde de población y tenga un crecimiento demográfico que nos supere en todo el resto. O sea, que nos supere y que no podamos tener calidad de vida. Sí me gustaría que Tandil siga siendo linda, que la gente venga y diga: ‘Qué ciudad tienen’. Pero que ese crecimiento poblacional no nos desborde, que no perdamos esa calidad de vida que hoy tenemos.
-¿Hay algo urgente sobre lo que consideres que haya que tomar hoy una decisión?
-Esto es a nivel nacional: Habría que revalorizar la educación. Hay que revalorizar la presencia del docente en un aula, hay que justificar ese docente. Para algo tiene que estar el docente, aunque sea para que se revalorice la función, el rol. Si hay un docente que implica respeto en un aula, ese alumno o esa alumna tal vez lo replique en otros lugares. Entonces ahí empieza una cadena.
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