Lucía Rojas pasó por Zip Unplugged con sus canciones y un llamado a construir redes culturales
La artista compartió un encuentro acústico y repasó el recorrido que la llevó de Puerto Madryn a La Plata y Tandil. Habló de la naturaleza como refugio, de su trabajo entre distintas disciplinas y de la necesidad de fortalecer los vínculos entre artistas y espacios.
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Lucía Rojas protagonizó este martes el segundo encuentro de la edición de noviembre de Zip Unplugged, el ciclo de música en vivo de Cultura Zip, por El Eco Streaming. Con su voz y su guitarra, compartió composiciones propias y una conversación que atravesó su historia, los procesos detrás de sus canciones y su mirada sobre el trabajo cultural.
En su primera visita al programa, la artista nacida en Puerto Madryn y radicada desde hace cuatro años en Tandil mostró una propuesta en la que la naturaleza, las emociones y la búsqueda de encuentros ocupan un lugar central. Entre canciones, defendió la importancia de construir redes y de encontrar formas de crear que respondan a una necesidad propia.
La presentación dio continuidad a la semana que abrió Francisco Margueritte junto a Trueno González. Tal como informó El Eco, se trata de la anteúltima edición del año, que completarán Emilia Inclán, el jueves 5, y Pedro Moreno, el viernes 6 de noviembre.
El mar como refugio
Las primeras interpretaciones abrieron una conversación sobre las circunstancias que dan origen a sus canciones. Rojas contó que una de ellas apareció en un momento de enojo y angustia, cuando comenzó a silbar y descubrió que ese gesto le permitía aliviar lo que sentía.
Al detenerse en esa experiencia, reconoció que detrás de la rabia había miedo a no encontrar personas con quienes sentirse acompañada. La canción surgió de esa posibilidad de seguir caminando y encontrar cierta tranquilidad.
Otra composición nació durante la pandemia, mientras vivía en una zona de campo de Berisso y extrañaba el mar. Haber crecido en Puerto Madryn, cerca del agua, las ballenas y el olor a sal, había construido un vínculo cuya importancia comprendió con mayor claridad a la distancia.
“No te resuelve los problemas, pero te tranquiliza”, explicó sobre esa cercanía. Para componer, imaginó un camino hacia el mar que había recorrido muchas veces: la canción le permitió recuperar algo de aquella sensación.
De Puerto Madryn a La Plata y Tandil
La música estuvo presente desde su infancia. Rojas recordó una casa con discos, una abuela que toca el piano y una tía directora de coros, además de amistades que también hicieron de la música parte de su vida.
Entre esas primeras escuchas, identificó un momento particular: tenía alrededor de nueve años cuando puso un disco de Oasis y comenzó a bailar en el living mientras el resto de la familia dormía la siesta. Recordó aquella experiencia como un descubrimiento de la intensidad que podía provocarle una canción.
Más adelante llegaron los fogones, las reuniones con amigos y los coros improvisados. Antes de tocar la guitarra, ya disfrutaba de cantar y participar de esa experiencia colectiva, en la que el encuentro tenía tanto valor como lo que sonaba.
Su camino la llevó luego a La Plata, donde vivió durante diez años y estudió Artes Visuales en la Universidad Nacional de La Plata. Allí amplió su formación y se vinculó con proyectos y espacios que influyeron en su manera de entender el trabajo artístico.
A Tandil comenzó a viajar en 2017, para tatuar, trabajar y participar de ferias. Con el tiempo decidió instalarse, buscando también una escala de vida diferente a la del centro platense.
Una trabajadora de la cultura
“Me considero una trabajadora de la cultura”, expresó Rojas, que además de hacer música dibuja, tatúa y trabaja con serigrafía.
En su mirada, esas disciplinas pueden encontrarse y nutrirse mutuamente. Mencionó, por ejemplo, la experiencia de ilustrar la tapa de un fanzine realizado por amistades de La Plata, que también incorporó una canción suya mediante un código QR.
Ese cruce resume parte de lo que le interesa: que una imagen, un libro y una canción puedan formar parte de una misma búsqueda y acercar a personas de distintos ámbitos.
También valoró los vínculos que construyó en Tandil, tanto dentro como fuera del circuito artístico. Destacó la creatividad de quienes trabajan en actividades como la indumentaria y agradeció los espacios que permiten conocer esas producciones.
“Solo no vamos a poder”
Una parte importante de la entrevista estuvo dedicada a las dificultades para articular entre artistas, productores y centros culturales.
Rojas recordó las redes que conoció durante su etapa platense, con reuniones periódicas para coordinar actividades, evitar superposiciones y responder a necesidades compartidas. Explicó que llegó a Tandil con el deseo de impulsar formas similares de organización y que encontró obstáculos para concretarlas.
Aun así, sostuvo que es posible reunir espacios que ya trabajan con compromiso y construir iniciativas comunes. “Solo no vamos a poder como espacios, como artistas, como productores”, afirmó.
Desde su perspectiva, los desencuentros personales no deberían impedir proyectos que podrían beneficiar a comunidades más amplias. La necesidad de fortalecer esos vínculos atravesó su reflexión sobre el presente cultural y sobre las condiciones en las que se sostiene la actividad independiente.
Las canciones y el cuerpo
Durante el encuentro también interpretó “Táctica”, una composición que vinculó con una separación y con un momento de soledad, incertidumbre y búsqueda de propósito.
Al explicar su origen, habló de la dificultad de encontrarse con otras personas que atraviesan dolores similares y, aun así, no conseguir transformar esa cercanía en una fuerza compartida. La canción fue parte de su manera de salir de ese momento.
La conversación volvió entonces sobre las imágenes sensoriales de sus letras: el viento, el frío, el agua, los pasos y las sensaciones del cuerpo. Rojas contó que cantar puede conmoverla hasta las lágrimas y que esas emociones también intervienen en su forma de interpretar.
El vivo es el ámbito en el que se siente más cómoda. La grabación, explicó, todavía le presenta desafíos. Le gustaría avanzar en ese camino, aunque necesita encontrar seguridad y disfrutar del proceso.
Recordó con especial cariño una actuación a beneficio de una murga, en un entorno familiar y con infancias entre el público. Esa posibilidad de compartir canciones y recibir una devolución cercana aparece entre las experiencias que más valora.
El cierre de su visita reunió una canción propia todavía sin nombre con “Barro tal vez”, en un último momento de música antes de la despedida.
Emilia Inclán y Pedro Moreno completan la semana
La programación continuará el jueves 5 de noviembre con Emilia Inclán, que llegará para compartir sus nuevas canciones. La cantante y compositora cuenta con un recorrido propio dentro de la escena local y con trabajos como “Las canciones posibles”, “Trinchera” y “Borde”. Su paso por el ciclo permitirá conocer el material que se suma a ese camino.
El viernes 6 será el turno de Pedro Moreno, quien regresará a Cultura Zip luego de haber participado de los festejos por los 300 programas. Tal como adelantó este medio, su presentación se dará en la previa del lanzamiento de su primer álbum de estudio. En la despedida de este martes, el equipo anticipó que el piano tendrá un lugar en ese encuentro.
Las presentaciones de Zip Unplugged pueden seguirse desde las 15 por las plataformas de El Eco, con música en vivo y conversaciones que permiten conocer las historias y los procesos creativos de cada invitado.
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