Adolescentes: por qué necesitan adultos disponibles que sepan escuchar
La adolescencia es una etapa de profundos cambios emocionales y psíquicos, atravesada hoy por las redes sociales, la tecnología y nuevas formas de vincularse. Comprender qué les sucede a los chicos, sin minimizar sus dificultades ni patologizar cada comportamiento, es uno de los grandes desafíos de las familias, las escuelas y los profesionales de la salud.
La salud mental de niños y adolescentes ocupa un lugar cada vez más relevante en las consultas profesionales. Las problemáticas vinculadas con los consumos, los trastornos de la conducta alimentaria y el suicidio adolescente plantean la necesidad de fortalecer la prevención y generar espacios de escucha y acompañamiento.
En diálogo con Eco Salud de El Eco Multimedios, Florencia Brivio, psicóloga especialista en niños y adolescentes y magíster en Educación, reflexionó sobre los desafíos actuales de la adolescencia y el papel que deben asumir los adultos frente a las dificultades emocionales de las nuevas generaciones.
“Sí es cierto que a la hora de escuchar la adolescencia de hoy es necesario contextualizarla, pensar qué tipo de adolescente se está produciendo en la sociedad actual”, señaló.
La especialista explicó que la adolescencia es un momento de transformación en el que conviven numerosos sentimientos y pocas herramientas para expresarlos. “Puntualmente en la adolescencia, que justamente es un momento psíquico de duelos, de irrupción de algo nuevo, es donde la persona se encuentra con pocas palabras, con gran cantidad de sentimientos y muy pocas posibilidades de explicarse o explicarle a los otros qué es lo que le sucede”.
En ese proceso, los jóvenes atraviesan cambios físicos y emocionales, revisan el vínculo con sus padres y comienzan a buscar respuestas fuera del ámbito familiar, explicó Brivio, sin embargo, aclaró que esa búsqueda de autonomía “no significa que cuenten con todas las herramientas para afrontar las decisiones y las exigencias que se les presentan”.
“Suponemos un adolescente un poco adulto, que puede tomar decisiones, que es muy responsable de sus acciones, a pesar de que los psicólogos y los profesionales de la salud sabemos que no es así, que no es enteramente responsable de sus acciones, que hay cierta responsabilidad, pero que esa responsabilidad se está construyendo”, advirtió la profesional.
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Redes sociales, tecnología y nuevas formas de vincularse
La presencia permanente de la tecnología es uno de los factores que atraviesan las experiencias adolescentes. “Las redes sociales y los entornos digitales ofrecen espacios de intercambio, pero también pueden exponer a los jóvenes a contenidos inadecuados, situaciones de violencia y consejos potencialmente peligrosos”, destacó la psicóloga.
En este punto, la especialista manifestó que “la tecnología hoy aparece, por lo menos en las consultas, como una vía de escape”, y agregó: “algo que los adolescentes dicen que es un poco preocupante es que la tecnología siempre está disponible para ellos, que la tecnología es empática, que encuentran que la IA les responde lo que ellos de alguna manera buscan”.
Para Brivio, esta disponibilidad requiere una mirada atenta de las familias y de los profesionales, especialmente cuando los jóvenes recurren a herramientas digitales para encontrar respuestas a situaciones complejas.
“Tenemos que preguntarnos como papás, como profesionales, qué lugar ocupa hoy la tecnología que no puede reemplazar lo que se da en el vínculo”, sostuvo.
La especialista también señaló que, en ocasiones, la virtualidad se confunde con la realidad. Por eso, “no alcanza con observar cuánto tiempo pasan conectados los adolescentes, es necesario prestar atención a cómo se sienten, con quiénes se relacionan y qué lugar ocupan los encuentros presenciales en sus vidas”, remarcó.
Y planteó un escenario al describir que “si ese niño o adolescente, supongamos que tenga sus horas de conexión en lo que fuese, pero a su vez se encuentra aislado, triste, solo, no tiene un grupo de pares, no complementa su vida también con encuentros con otros, ese también es un factor de alarma”, remarcó.
¿Cuándo es necesario consultar?
Uno de los principales desafíos para los adultos consiste en diferenciar los comportamientos propios de esta etapa de aquellas manifestaciones que pueden indicar un sufrimiento emocional que necesita atención.
“Discutir con los padres, tomar distancia durante un tiempo o atravesar momentos de retraimiento no necesariamente significa que exista un problema de salud mental”, apuntó Brivio. Sin embargo, aclaró, que “es importante observar la duración, la intensidad y el contexto en el que aparecen esos cambios”.
En este sentido, la especialista explicó que “las conductas de aislamiento son un motivo de gran consulta cuando los papás por ahí registran que hace tiempo que se dan”, al tiempo que precisó que “si eso en el tiempo se dilata, si realmente la tristeza, la apatía, el vacío, la mirada vacía, el aislamiento es sostenido en el tiempo, es un motivo de consulta”.
La psicóloga planteó la importancia de evitar dos extremos: considerar que todo comportamiento adolescente es una patología o naturalizar cualquier señal de malestar por el solo hecho de que se trate de una persona que está creciendo.
“El silencio, por ejemplo, puede responder a diferentes situaciones. Un adolescente puede necesitar tiempo para comprender lo que le pasa, tener dificultades para encontrar las palabras adecuadas o no contar con un entorno en el que se sienta seguro para expresarse”, describió la especialista.
Por eso, “antes de sacar conclusiones, es necesario escuchar, observar y construir condiciones para que pueda hablar de lo que le sucede”, afirmó.
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El rol de los adultos: estar disponibles para escuchar
Para Brivio, la disponibilidad de los adultos es una de las claves del acompañamiento durante la adolescencia. “No se trata de tener todas las respuestas ni de evitar los conflictos, sino de sostener el vínculo incluso cuando aparecen discusiones, cuestionamientos y diferencias”, indicó.
“El adulto tiene que estar disponible para el adolescente”, afirmó la psicóloga, quien describió que “las exigencias laborales, las dificultades económicas y el ritmo de la vida cotidiana pueden dejar a los padres agotados y con menos tiempo para escuchar”.
Sin embargo, “advirtió que los adolescentes necesitan adultos que puedan sostener su lugar y acompañarlos en la construcción de su autonomía”.
“Es cierto que el adolescente, a diferencia del niño, necesita confrontar con sus padres y hay que estar disponible. El adolescente necesita confrontar, necesita dirigir esa agresión hacia sus padres y el padre o la madre poder sostener ahí eso sin desmoronarse”, explicó.
En ese sentido, las discusiones, destacó, “no deben interpretarse automáticamente como una falta de afecto o respeto. También forman parte de un proceso en el que los jóvenes necesitan cuestionar, diferenciarse y encontrar su propia identidad, con adultos capaces de establecer límites y sostenerlos”.
Brivio advirtió que, cuando los padres quedan ubicados en un lugar de pares y no pueden sostener esa función, el adolescente puede perder un espacio necesario para expresar sus emociones y tramitar sus conflictos.
“Perdemos esa simetría totalmente necesaria y constitutiva del psiquismo. Lo que nos encontramos ahí, que es toda esa agresión que debe ser volcada hacia los padres y sostenida por los padres sin desmoronarse, vuelve hacia ellos”, señaló, al referirse a situaciones que pueden derivar en autolesiones, agresiones hacia otras personas o, en los casos más graves, conductas suicidas.
La escuela y los espacios de encuentro también protegen
Además de la familia, la escuela y otros ámbitos comunitarios cumplen un papel importante en la vida de niños y adolescentes. Son lugares donde pueden encontrarse con sus pares, compartir experiencias, jugar, discutir y aprender a resolver conflictos.
“Las escuelas, los colegios siguen siendo un medio exclusivo para el intercambio de pares. Por eso es tan importante la escuela”, destacó la psicóloga.
En esos espacios se construyen vínculos y circula la palabra. No obstante, algunas situaciones de crueldad entre compañeros pueden continuar a través de WhatsApp y las redes sociales, incluso cuando termina la jornada escolar, indicó Brivio.
Frente a ese escenario, la profesional consideró “necesario promover un pensamiento crítico sobre los contenidos que circulan en internet y las interacciones digitales. Si ellos van a usar la tecnología, que se establezca también un pensamiento un poco crítico respecto de lo que ellos escuchan, de que quizás no todo es verdad, que puedan adquirir lo que se llama pensamiento digital crítico”, sostuvo.
El acompañamiento adulto, por lo tanto, también implica conversar sobre lo que sucede en los entornos virtuales, conocer las experiencias de los adolescentes y ayudarlos a reconocer situaciones que pueden resultar dañinas.
Escuchar el sufrimiento detrás de los síntomas
La tristeza y la sensación de vacío son algunas de las emociones que aparecen en las consultas, apuntó Brivio, para quien, para comprenderlas, “es importante conocer la historia de cada adolescente, los acontecimientos que atravesó durante su infancia y los recursos con los que cuenta para afrontar las dificultades”.
En este proceso, el trabajo con las familias resulta fundamental. “La consulta no consiste solamente en intentar que desaparezca una conducta que preocupa, sino en comprender qué expresa ese síntoma y qué circunstancias pueden estar sosteniéndolo”, explicó la profesional.
“Poner a trabajar el síntoma no significa tratar de suprimirlo ni mucho menos, sino justamente el síntoma está tratando de hacernos entender cómo llegamos hasta acá, y por qué aparece, bajo qué lógicas”, afirmó.
La especialista destacó que, a partir de ese trabajo conjunto, pueden revisarse dinámicas familiares y construirse nuevas formas de relacionarse. También es importante que los adolescentes cuenten con un espacio propio, en el que puedan hablar de sus preocupaciones y elaborar aquello que les sucede, apuntó la psicóloga.
Prevenir también es construir vínculos
La prevención en salud mental no se limita a reconocer situaciones de riesgo. También supone crear entornos en los que los chicos puedan expresar sus emociones, sentirse escuchados y pedir ayuda cuando la necesitan.
“Para las familias, esto implica estar atentas a los cambios persistentes en el comportamiento, no minimizar el sufrimiento, sostener límites y habilitar conversaciones sin juzgar”, describió Brivio, y agregó que “para las escuelas y los profesionales, significa generar espacios de confianza y trabajar de manera articulada”.
La adolescencia es una etapa de transformación que requiere tiempo y acompañamiento. Comprenderla en su complejidad permite evitar etiquetas apresuradas y, al mismo tiempo, no pasar por alto señales que merecen atención, resaltó la especialista.
Como planteó Brivio, “acompañar a los adolescentes también supone que los adultos puedan revisar sus propias dificultades y reconocer cuándo necesitan ayuda para sostener ese proceso. Porque escuchar, estar disponibles y consultar a tiempo son formas concretas de cuidar la salud mental”, concluyó.
A la psicóloga Florencia Brivio la pueden encontrar en el número 0249 622099 o a través de su Instagram @freudyco