Alimentación y suplementos: decisiones que necesitan información y orientación profesional
El consumo de suplementos nutricionales impulsado por publicidades en redes sociales, las recomendaciones de influencers y la búsqueda de soluciones rápidas plantean nuevos desafíos para la alimentación. La importancia de consultar a profesionales, evitar la automedicación y comprender que la nutrición va mucho más allá de lo que ponemos en el plato.
El cansancio, la falta de energía o las molestias digestivas suelen llevar a muchas personas a buscar respuestas en suplementos que prometen mejorar el bienestar.
Sin embargo, no siempre son necesarios y su consumo sin una evaluación previa puede resultar contraproducente. También es fundamental revisar los hábitos cotidianos, la relación emocional con la comida y los tiempos que dedicamos a alimentarnos.
La oferta de suplementos nutricionales crece al ritmo de las recomendaciones que circulan en las redes sociales. Magnesio, vitaminas y distintos productos se presentan como respuestas casi inmediatas frente a síntomas cotidianos. Sin embargo, detrás de esas propuestas aparece una pregunta fundamental: ¿realmente necesitamos consumirlos?
La consulta surgió a partir de una situación que se repite cada vez con mayor frecuencia en los consultorios: personas que llegan preguntando si está bien el suplemento que compraron o cuál podrían incorporar para sentirse mejor, muchas veces sin una consulta médica previa ni estudios que permitan determinar si existe alguna deficiencia.
La nutricionista Antonela Scaglia advirtió sobre esta tendencia y destacó “la importancia de recuperar el valor de la alimentación y los hábitos diarios como punto de partida para cuidar la salud”.
En diálogo con Eco Salud de El Eco Multimedios, la profesional manifestó que "últimamente llegan muchas personas consultando sobre esto, si está bien este suplemento que compré o cuál podría comprar para estar mejor nutrida o para sentirme mejor".
En ese sentido, señaló que muchas de esas decisiones “están motivadas por publicidades o recomendaciones de influencers que promueven el consumo de determinados productos”, como sucede actualmente con el magnesio, por ejemplo.
La profesional aclaró que “no se trata de estar en contra de los suplementos, sino de comprender que deben incorporarse cuando existe una necesidad concreta. No digo yo que ese suplemento no haya que consumirlo, el que lo necesite. Pero no comprarlo porque lo vi en una publicidad", advirtió.
Uno de los riesgos de estos mensajes es generar la sensación de que siempre falta algo en el organismo y que cada malestar tiene una solución en forma de pastilla.
"Se genera ese miedo de: estoy desnutrida, ¿cuántas cosas me faltan? Porque si me duele la cabeza tengo que tomar esto, si tengo constipación tengo que tomar esto. Si para todo hay una solución en forma de pastilla. Y ahí también nos hace olvidar un poco de la base, que está en la alimentación o en los hábitos diarios", puntualizó Scaglia.
La nutricionista remarcó que los suplementos no son inocuos y que su consumo requiere una evaluación individual. "Los requerimientos tuyos no son los mismos que los míos, no son los mismos que una persona de otro rango etario o situación biológica, una persona que está embarazada, una persona que está amamantando. Entonces, no es lo mismo", destacó.
También advirtió que “algunas vitaminas pueden acumularse en el organismo cuando se consumen en exceso y que determinadas condiciones de salud, como los problemas renales, pueden contraindicar ciertos suplementos”.
"Por eso es importante siempre hacer la consulta para ver si realmente necesito eso", recomendó.
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Antes de sumar un suplemento, revisar los hábitos
El cansancio, los problemas digestivos o la falta de energía no necesariamente se resuelven incorporando un producto. Para la nutricionista, es necesario mirar primero qué está sucediendo en la vida cotidiana.
"Muchas veces tenemos que partir por algo que está más abajo, que es el cambio de hábitos. Empezar a repensar", sostuvo.
En ese análisis “aparecen cuestiones que suelen pasar inadvertidas: cuánto dormimos, si realmente descansamos, cuánto tiempo destinamos a las comidas, cómo nos alimentamos y qué lugar ocupa la actividad física”, apuntó.
Y agregó cuestiones como: "¿me tomo un tiempo para hacer las comidas diarias o ando a las corridas? Porque también hay que pensar en ese proceso digestivo, para ver si se están absorbiendo o no los nutrientes".
La actividad física, el sedentarismo y el tiempo que pasamos frente a las pantallas también forman parte de los factores que deben evaluarse antes de decidir incorporar un suplemento.
La profesional explicó que, cuando se indica uno, debe existir un seguimiento y un período de consumo definido. "Siempre son períodos de dos o tres meses", indicó.
Y agregó una reflexión sobre lo que sucede una vez que finaliza ese tratamiento: "cuando lo termines, vos tenes que saber que hay que continuar con los hábitos".
Una alimentación variada y el lugar de las legumbres
Frente a la búsqueda de soluciones rápidas, Scaglia volvió a destacar la importancia de sostener una alimentación variada y equilibrada, que incluya hortalizas y legumbres.
Lentejas, porotos y arvejas son algunos de los alimentos que, según señaló, deberían tener mayor presencia en la mesa familiar. "Deberíamos consumir, los adultos, por lo menos tres, cuatro veces por semana legumbres. Sería un lindo número", sostuvo.
La profesional reconoció que “muchas veces su incorporación se dificulta por cuestiones culturales, falta de costumbre o tiempos de preparación”. Sin embargo, consideró que “actualmente existen numerosas recetas y alternativas para facilitar su consumo”.
También planteó la necesidad de revisar las dietas que eliminan grupos completos de alimentos y luego intentan compensar esas restricciones mediante suplementos.
Las decisiones alimentarias, explicó, “deben analizarse de manera individual, teniendo en cuenta las necesidades, las posibilidades y el entorno de cada persona”.
La alimentación también está atravesada por las emociones
Comer no es solamente una necesidad fisiológica. “Las emociones, los recuerdos y las experiencias personales también influyen en la relación que cada uno construye con los alimentos”, destacó la nutricionista.
En el consultorio, una situación frecuente aparece en las personas que atraviesan momentos de ansiedad, enojo o tristeza y encuentran en la comida una forma de respuesta.
Frente a esos casos, Scaglia explicó que “el abordaje no consiste simplemente en reemplazar un alimento por otro, sino en tratar de comprender qué está pasando”.
Y en ese sentido, la profesional indicó que "no abordo solamente eso, sino: ¿qué está pasando en tu casa? ¿Qué está sucediendo? Si en en el día a día me peleé con tal, renegué de tal cosa en el trabajo, me pasó así".
La propuesta es identificar qué situaciones disparan determinadas conductas y encontrar herramientas para afrontarlas de otra manera. "No es que reemplazo, por ejemplo, en vez de comer un alfajor, voy a comer una gelatina. Está bien, al principio sí, pero después hay que seguirlo trabajando", indicó.
Para la nutricionista, esos procesos requieren tiempo y paciencia, dos aspectos que muchas veces quedan relegados frente a la búsqueda de resultados inmediatos.
También destacó la importancia de recuperar actividades que generen placer y satisfacción, sin que necesariamente estén relacionadas con la comida.
“La idea es encontrar otros espacios de disfrute que permitan construir una relación diferente con la alimentación”, recomendó.
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Comer con atención: un hábito que también hace a la salud
Otro aspecto que aparece con frecuencia es la falta de tiempo y la costumbre de comer mientras se realizan otras actividades, como trabajar frente a una computadora o mirar el celular.
Esta modalidad puede hacer que “no registremos cuánto estamos comiendo ni prestemos atención al momento de alimentarnos”, destacó Scaglia.
"Estar con la computadora trabajando y comiendo y al rato advertir 'ay, terminó la comida' y no te diste cuenta. El cerebro no lo registra. Entonces, seguimos ingiriendo comida", describió.
Frente a esto, Scaglia propuso recuperar pequeños momentos de pausa durante el día. "Parar un ratito, comer y después sigo. A veces son diez minutos, aunque sea, pero realmente prestarle atención al plato".
No se trata de alcanzar una alimentación perfecta ni de eliminar todos aquellos alimentos que producen placer. De hecho, la nutricionista cuestionó las restricciones estrictas y las prohibiciones que suelen aparecer en las dietas.
"Si yo te digo, por ejemplo, de acá a un mes no vamos a comer helado, es lo primero que vas a tener ganas de comer cuando nos dicen que no", sostuvo.
En cambio, propuso incorporar cambios progresivos y buscar actividades recreativas que resulten agradables, entendiendo que “el bienestar también se construye fuera de la mesa”.
De las dietas estandarizadas a una alimentación personalizada
Durante la entrevista, la profesional también destacó un cambio en la manera de abordar la nutrición: dejar atrás los planes rígidos y estandarizados para poner en el centro a cada persona y su historia.
La alimentación “no responde únicamente a una necesidad biológica. También está vinculada con las emociones, las costumbres familiares, las experiencias de la infancia y las posibilidades de cada entorno”, apuntó la profesional.
"Porque no comemos por una cuestión fisiológica solamente, sino emocional", apuntó, y en ese sentido explicó que “el trabajo nutricional puede requerir un abordaje interdisciplinario, con la participación de médicos, psicólogos y otros profesionales, de acuerdo con las necesidades de cada consultante”.
"Yo estoy para ayudar y para acompañar, pero a mí no me gusta decir: tenes que hacer esto, comer esto el lunes, esto el martes. No, porque el día que yo no esté o que no nos veamos, ¿qué vamos a hacer? Lo importante es aprender qué me hace bien a mí", resaltó.
La reflexión que atraviesa toda la entrevista apunta a recuperar una mirada integral de la salud: “los suplementos pueden ser necesarios, pero no reemplazan una alimentación adecuada ni los hábitos cotidianos”, reflexionó Scaglia.
Y agregó que “escuchar al cuerpo, consultar a profesionales y construir cambios posibles y sostenibles son parte de un camino que requiere tiempo, acompañamiento y conocimiento de las propias necesidades”.
A la nutricionista Antonela Scaglia la pueden encontrar en el número 2494 567807 o a través de su Instagram como: @nutricionistantoscaglia