Alimentación, inflamación y salud articular: cómo influye lo que comemos en las enfermedades crónicas
Una alimentación variada, basada en alimentos naturales y con menor presencia de productos ultraprocesados puede contribuir a reducir la inflamación y favorecer la salud. La microbiota intestinal, la actividad física y los cambios propios de cada etapa de la vida también forman parte de este abordaje.
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La relación entre nutrición y enfermedades articulares es cada vez más estudiada. El equilibrio de la microbiota intestinal, el consumo de azúcares refinados y el movimiento cotidiano son algunos de los factores que ayudan a comprender cómo los hábitos pueden influir en la salud. Reconocer los síntomas y consultar a tiempo también es fundamental para cuidar las articulaciones y los huesos.
Lo que comemos y la respuesta del organismo
“Somos lo que comemos” es una frase que se repite con frecuencia, pero que cobra especial relevancia al analizar la relación entre alimentación y salud. Los hábitos alimentarios pueden influir en distintos procesos del organismo, entre ellos la inflamación, un mecanismo que interviene en numerosas enfermedades crónicas.
La doctora Maríángeles Alzogaray, médica clínica y reumatóloga que integra los Consultorios de la Familia de AMEMT, explicó cómo se estudia la relación entre nutrición, microbiota intestinal y enfermedades autoinmunes.
En diálogo con Eco Salud de El Eco Multimedios, la profesional explicó que “estas últimas se producen cuando el sistema inmunológico, encargado de defender al organismo, reacciona contra sus propios tejidos. En el campo de la reumatología, algunas de estas enfermedades pueden afectar las articulaciones, aunque también comprometer otros órganos, como los ojos, los pulmones y los riñones”.
Entre los ejemplos que citó, se encuentran el lupus y la artritis reumatoidea. La especialista también abordó la artrosis y las enfermedades relacionadas con la acumulación de ácido úrico, “que presentan mecanismos diferentes, pero pueden afectar la movilidad y la calidad de vida”, remarcó.
Alzogaray señaló que “todavía no se conocen por completo las causas de las enfermedades autoinmunes. Si bien existen distintas hipótesis sobre los factores que intervienen en su aparición, la alimentación y la microbiota intestinal son objeto de investigación”, sostuvo.
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Microbiota intestinal: el equilibrio también importa
La microbiota “está formada por microorganismos, entre ellos bacterias y hongos, que habitan en distintas partes del cuerpo en contacto con el exterior, como el tubo digestivo, la piel y el sistema respiratorio”, detalló la médica.
Y agregó que “en el intestino, estos microorganismos cumplen funciones importantes para el organismo. Hay bacterias, hay hongos y son normales”, explicó la médica, al referirse a la presencia de estos microorganismos y a la importancia de mantener un equilibrio.
“Cuando esa composición se altera, puede producirse una condición denominada disbiosis. Este desequilibrio se estudia por su posible relación con cambios en la barrera intestinal y con la activación del sistema inmunológico”, agregó.
La especialista utilizó una comparación sencilla para explicar el funcionamiento de las defensas del organismo: “el sistema inmunológico es nuestro sistema de defensa, nuestro ejército”.
En este contexto, una de las líneas de investigación analiza si una alimentación saludable puede favorecer el equilibrio de la microbiota y contribuir a reducir algunos procesos inflamatorios.
Sin embargo, la relación entre estos factores y el desarrollo de enfermedades autoinmunes es compleja y no permite afirmar que una dieta, por sí sola, pueda prevenirlas o evitarlas.
Menos ultraprocesados y azúcares refinados
Uno de los aspectos centrales de la entrevista fue la importancia de revisar los hábitos alimentarios cotidianos y reducir el consumo de productos ultraprocesados y azúcares refinados.
“Lo más importante es no consumir azúcares refinados”, sostuvo Alzogaray, quien advirtió sobre la presencia de estos ingredientes en numerosos productos de consumo habitual.
La médica reconoció que modificar costumbres arraigadas no siempre resulta sencillo. “Sacar eso de la cabeza es difícil”, señaló al referirse a una forma de alimentación que muchas personas mantienen durante años.
No obstante, destacó que “prestar atención a lo que se come puede favorecer la salud”. En ese sentido, recomendó “priorizar alimentos naturales e incorporar vegetales variados, que aportan fibra y otros nutrientes importantes”.
Entre los ejemplos mencionó la remolacha, la calabaza y el zapallo. La fibra, además de favorecer el funcionamiento intestinal, sirve de sustrato para determinados microorganismos beneficiosos de la microbiota, agregó.
También explicó la diferencia entre prebióticos y probióticos: “mientras los primeros son componentes, como ciertas fibras, que sirven de alimento para microorganismos intestinales, los segundos son microorganismos vivos que, en cantidades adecuadas, pueden aportar beneficios para la salud”.
En relación con productos como el kéfir y la kombucha, que ganaron popularidad en los últimos años, “su incorporación debe considerarse dentro de una alimentación equilibrada y no como una solución aislada para prevenir o tratar enfermedades”, advirtió.
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Ácido úrico: no todo depende de lo que comemos
El ácido úrico es otro de los temas que genera dudas frecuentes en el consultorio, especialmente entre quienes padecen gota o presentan valores elevados en sangre.
Según explicó Alzogaray, “durante mucho tiempo se puso el foco casi exclusivamente en la alimentación y en la necesidad de restringir determinados productos, en particular las carnes”. Sin embargo, apuntó, “la cantidad de ácido úrico en el organismo también depende de factores individuales y de la capacidad de los riñones para eliminarlo”.
La especialista lo explica a sus pacientes con una comparación cotidiana: “hay personas que nacen con menos obreros para limpiar el ácido úrico en el riñón”.
De esta manera, busca transmitir que no todas las personas procesan y eliminan esta sustancia de la misma forma. “La predisposición individual puede influir en la acumulación de ácido úrico y en el riesgo de desarrollar gota, una enfermedad que puede provocar episodios de dolor intenso e inflamación articular”, explicó.
Por eso, los cambios en la alimentación deben adecuarse a cada situación y acompañarse de la evaluación médica correspondiente.
Artrosis y artritis: diferencias que es importante conocer
Aunque suelen confundirse, la artrosis y la artritis reumatoidea son enfermedades diferentes.
La artrosis “es una afección articular en la que intervienen el deterioro del cartílago y cambios en las estructuras que forman la articulación. Puede provocar dolor, rigidez y, en algunos casos, deformidades, especialmente en las manos, las rodillas, las caderas y la columna” describió.
La artritis reumatoidea, en cambio, “es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunológico ataca tejidos propios y provoca inflamación articular”, indicó.
Alzogaray explicó que “las articulaciones inflamadas pueden presentar dolor, enrojecimiento, aumento de temperatura y de tamaño, además de limitaciones para realizar actividades cotidianas”.
El sobrepeso, las cargas mecánicas sostenidas, determinadas alteraciones en la postura y la forma de caminar pueden influir en la salud articular, subrayó la especialista, al tiempo que agregó que “existe una predisposición genética que puede aumentar el riesgo de desarrollar artrosis”.
En este escenario, una alimentación equilibrada y el mantenimiento de un peso adecuado pueden formar parte de las medidas destinadas a cuidar las articulaciones. La especialista señaló que “reducir los procesos inflamatorios puede ayudar a mejorar algunas molestias, aunque el abordaje depende de la enfermedad y de las características de cada paciente”.
Menopausia, osteoporosis y cuidado de los huesos
Los cambios que se producen durante la menopausia también requieren atención. La disminución de los estrógenos acelera la pérdida de masa ósea y aumenta el riesgo de desarrollar osteoporosis.
La médica remarcó que “esta enfermedad no afecta únicamente a las mujeres, aunque es más frecuente en ellas, y que los hombres también pueden desarrollarla”.
Además, diferenció la osteoporosis de la artrosis. Mientras que “la artrosis compromete las articulaciones y se relaciona con cambios degenerativos, la osteoporosis disminuye la resistencia de los huesos y aumenta la posibilidad de sufrir fracturas”.
La pérdida de masa ósea puede avanzar sin síntomas evidentes hasta que ocurre una fractura, describió la médica especialista. Por eso, “la evaluación de los factores de riesgo y los controles indicados por los profesionales de la salud son importantes para detectar la enfermedad a tiempo”, subrayó.
Ante la aparición de dolores articulares nuevos, especialmente durante la menopausia, “es importante no atribuirlos automáticamente a la edad y consultar para determinar su origen”, aconsejó.
El movimiento también fortalece los huesos
La actividad física fue otro de los ejes destacados durante la entrevista. El movimiento y la acción de los músculos contribuyen al mantenimiento de la masa ósea y muscular, mientras que la inmovilidad prolongada puede acelerar su pérdida.
La médica insistió en “la importancia de sostener alguna actividad física de manera regular y adaptada a las posibilidades de cada persona. El tipo de ejercicio y su intensidad deben adecuarse a la edad, la condición física y las enfermedades preexistentes”.
La combinación de movimiento, alimentación adecuada y controles médicos constituye una estrategia importante para cuidar los huesos y las articulaciones a lo largo de la vida, resaltó.
Alzogaray recordó que “el dolor articular persistente merece atención, especialmente, cuando se acompaña de inflamación, enrojecimiento, aumento de temperatura o dificultades para realizar actividades habituales”.
La recomendación es “no acostumbrarse al dolor ni postergar indefinidamente una consulta con la expectativa de que las molestias desaparezcan por sí solas. Identificar su causa permite orientar el tratamiento y evitar demoras en el abordaje de enfermedades que pueden afectar la movilidad y la calidad de vida”, concluyó.
A la doctora Mariángeles Alzogaray la pueden encontrar en los Consultorios de la Familia de AMEMT, en la calle San Martín 822. (0249) 4431806 / (0249) 4475065