Celiaquía: cuáles son las alarmas que suelen ignorarse y retrasan el diagnóstico
En el marco del mes de la celiaquía, especialistas advierten sobre la importancia de identificar síntomas que no son estrictamente digestivos para reducir el alto índice de subdiagnóstico que afecta a la población y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
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Durante mayo se conmemora el mes de la celiaquía, una oportunidad clave para visibilizar una condición que, según las estadísticas sanitarias, afecta aproximadamente a una de cada cien personas. Sin embargo, el mayor desafío para la salud pública radica en que una gran proporción de los casos permanece sin diagnosticar, debido principalmente a que las señales de alerta suelen ser ignoradas o confundidas con otras afecciones.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa celiaquía es una enfermedad autoinmune caracterizada por la intolerancia permanente al gluten, una proteína presente en el trigo, la avena, la cebada y el centeno (TACC). Si bien históricamente se la asoció de forma exclusiva con problemas gástricos, la realidad clínica actual muestra un panorama mucho más complejo. Muchas de las manifestaciones de esta patología no se relacionan de forma directa con el consumo de alimentos, lo que suele demorar la consulta médica y prolongar el tiempo hasta llegar a un diagnóstico certero.
Al respecto, el médico gastroenterólogo de Boreal Salud, Alberto Suasnaba, explicó que la presentación de la enfermedad ha mutado en la percepción médica. “La celiaquía ya no se presenta únicamente con síntomas digestivos clásicos. Hoy vemos muchos pacientes con manifestaciones más inespecíficas, lo que hace que el diagnóstico se retrase”, señaló el profesional, quien subrayó la necesidad de estar atentos a señales que van más allá del dolor de estómago.
Las señales de alerta más allá de lo digestivo
El retraso en la detección de la celiaquía no es un hecho menor, ya que implica convivir durante años con síntomas que deterioran el bienestar general sin identificar su causa raíz. Entre las manifestaciones más frecuentes que pueden indicar la presencia de la enfermedad se encuentran la distensión abdominal, la diarrea o la constipación, pero también aparecen cuadros como la fatiga persistente y la anemia, que muchas veces son tratados de forma aislada sin sospechar de una intolerancia al gluten.
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Otras señales que suelen pasar desapercibidas incluyen el dolor de cabeza recurrente, la irritabilidad y problemas dermatológicos como lesiones en la piel o la caída del cabello. En el caso de los niños, el retraso en el crecimiento es un indicador fundamental, mientras que en las mujeres adultas, la infertilidad o los abortos espontáneos recurrentes pueden ser la única manifestación de una celiaquía no tratada. Esta diversidad de síntomas hace que el recorrido del paciente por los consultorios sea, en ocasiones, largo y frustrante.
“Muchos pacientes llegan después de haber consultado por separado por anemia, cansancio o dolores frecuentes, sin que se conecten esos cuadros. Cuando se arriba al diagnóstico y se elimina el gluten, la mejoría suele ser muy clara”, señalaron. El objetivo primordial de los especialistas es acortar ese camino y lograr que tanto la comunidad médica como la sociedad en general piensen en la enfermedad ante la aparición de estos síntomas inespecíficos.
El impacto emocional y el riesgo de la automedicación
Además de las consecuencias físicas, la celiaquía no diagnosticada genera un fuerte impacto emocional. La incertidumbre de padecer malestares constantes sin una explicación clara suele derivar en cuadros de frustración o ansiedad. El bienestar general se ve comprometido no solo por la dolencia en sí, sino por la falta de respuestas ante un organismo que no funciona correctamente.
Por otro lado, existe una advertencia recurrente entre los profesionales: el peligro de la eliminación del gluten de forma voluntaria antes de realizar los estudios correspondientes. Los especialistas advierten que la automedicación o la modificación de la dieta sin diagnóstico previo puede dificultar seriamente la detección de la enfermedad. Esto ocurre porque la ausencia de gluten en el organismo altera los resultados de los análisis de sangre y las biopsias necesarias para confirmar la patología, ocultando la verdadera condición del paciente.
Desafíos en el tratamiento y la vida cotidiana
Una vez alcanzado el diagnóstico, el tratamiento consiste en una alimentación estricta y de por vida libre de gluten. Aunque parece una solución sencilla, el mayor desafío suele estar en sostenerla en la vida cotidiana. La contaminación cruzada, que ocurre cuando un alimento libre de gluten entra en contacto con trazas de TACC, es uno de los riesgos más difíciles de controlar para el celíaco.
A esto se suma la falta de información en establecimientos gastronómicos y las dificultades que surgen al momento de comer fuera de casa o participar en eventos sociales. Estas barreras continúan siendo obstáculos frecuentes que requieren de una mayor conciencia social y un compromiso de las instituciones para garantizar la seguridad alimentaria de quienes padecen esta condición.
En este contexto, la detección temprana se posiciona como la herramienta más eficaz para prevenir complicaciones a largo plazo. Reconocer los síntomas, evitar la exclusión del gluten por cuenta propia y realizar una consulta médica a tiempo son los pilares para transformar la realidad de miles de personas que aún desconocen su condición y buscan recuperar su calidad de vida.