Escuchar: el nuevo acto de rebeldía en tiempos de ruido
En un mundo que confunde silencio con scroll, escuchar se vuelve una herramienta de liderazgo y humanidad.
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“¡Si te estoy escuchando!” —le respondió.
—A ver… entonces decime qué te dije.
Repitió cada palabra. Exactamente igual. Pero no escuchó.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEscuchar no es lo mismo que oír. Oír es fisiológico. Escuchar, en cambio, es una decisión. Porque cuando escuchamos, ponemos en juego nuestros mapas mentales, emociones, creencias, juicios y miedos. Por eso, aunque dos personas oigan lo mismo, escuchan distinto: cada quien traduce el mundo desde su historia.
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Y, disculpame, pero hay algo peor aún: ni siquiera nosotros mismos nos escuchamos. Siempre aparece la misma excusa —“no tengo tiempo”—, cuando en realidad tiempo hay; lo que falta es prioridad.
Escuchar es abrirse, volverse permeable, disponible. Pero vivimos con la palabra en la punta de la lengua, esperando nuestro turno para opinar, justificar o tener razón.
Quizás al leer esto sientas el eco de esas conversaciones olvidadas, de esos espacios que vienen gritando adentro, o esa soledad de saber que hace rato no sos un lugar seguro para una buena charla.
Vivimos en un mundo que acelera, que sobre informa, que invita a la distracción. Un mundo que confunde silencio con scroll.
Por eso, escuchar se vuelve un acto de rebeldía. Una rebeldía basada en tres pilares:
1. La escucha como la verdadera forma de liderar: Con el coraje de hacer las preguntas necesarias. ¿Y si esta vez, en lugar de decir “lo hiciste mal”, decís “esto salió distinto a lo que esperábamos, cómo podríamos hacerlo mejor”? Escuchar desde el liderazgo no es un gesto pasivo: es abrir caminos donde antes había órdenes.
2. La escucha como motor de cambio: En tiempos donde el cambio es la única constante, escuchar a todos los miembros del equipo se vuelve una ventaja competitiva. En una empresa familiar que acompañé, el dueño repetía: “Mi equipo no se compromete”.
Cuando hicimos entrevistas, descubrimos algo brutal: nadie sentía que su voz tuviera peso real.No faltaba compromiso. Faltaba escucha. Escuchar permite comprender. Escuchar no es “ceder control”, es multiplicar inteligencia. Es construir innovación desde la participación.
3. La escucha como vehículo de conexión: Cuando nos escuchamos a nosotros mismos, recuperamos presencia. Cuando escuchamos al otro, nos construimos mutuamente. Ahí, en ese punto de encuentro, nace un liderazgo más humano, más empático, más real.
En un equipo con el que trabajé, el clima estaba tenso y nadie entendía por qué. No había conflictos abiertos, pero sí, silencios incómodos y reuniones donde todos asentían… y después hacían otra cosa. Cuando abrimos un espacio de escucha real, apareció una frase que desarmó el clima: - “Yo no estaba de acuerdo, pero como nadie decía nada, preferí callarme.” Otro agregó: - “Yo pensé que era el único que lo veía distinto.”
Desde esa conversación cambió la calidad del diálogo, y con eso, cambió el equipo. No faltaban ideas. Faltaba permiso para escucharse.
Escuchar no cambia el mundo, pero cambia el modo en que lo habitamos.
Escuchar no es una habilidad blanda. Es una decisión estratégica. Las empresas que no escuchan, se enteran tarde.Y cuando se enteran tarde, ya están pagando el costo. La próxima vez que algo no funcione en tu equipo, antes de cambiar el plan, cambia la pregunta. Porque quizás el problema no sea lo que dijeron. Sino lo que nunca escuchaste. ¿Estás dispuesto?
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Valeria Stadler
* Consultora en liderazgo, cultura y equipos.
Creadora del método Ser en Acción.
@LIC_VALERIASTADLER
LIC.VALERIASTADLER@GMAIL.COM
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil