"Estamos perdiendo la capacidad de la espontaneidad"
El psicólogo y escritor Pablo Mariosa analizó la complejidad de las relaciones en la era de la hiperconectividad.
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Pablo Mariosa, psicólogo y escritor radicado desde hace algunos años en Tandil, participó de una entrevista en Cultura Zip, programa que se emite por El Eco Streaming, Eco TV y Tandil FM 104.1. Durante el encuentro, el profesional brindó su punto de vista sobre las dificultades de los vínculos en esta época y cómo impactó el aislamiento en la pandemia, señalando que la sociedad atraviesa un momento de hiperconectividad que, paradójicamente, dificulta la construcción de relaciones duraderas.
El especialista explicó que la cultura de la inmediatez acostumbró a los individuos a obtener respuestas instantáneas para cualquier consumo, una lógica que choca de frente con la naturaleza de los vínculos reales. Según Mariosa, las relaciones profundas requieren pausa, tiempo y procesamiento, elementos que hoy se perciben como una "montaña difícil de escalar". Para el psicólogo, la percepción de que todo debe estar al alcance de la mano generó una impaciencia estructural que atenta contra la solidez de los lazos afectivos.
En ese sentido, Mariosa sostuvo que hoy rige la lógica del algoritmo, donde el sujeto se acostumbra a filtrar contenidos según su placer inmediato, evitando cualquier contacto con la frustración. "Las personas buscamos cada vez menos pasarla mal. Estamos perdiendo la capacidad de la espontaneidad", describió.
Esta tendencia se trasladó a lo vincular, especialmente a través de las aplicaciones de citas, donde se busca un "match" perfecto basado en una imagen recortada. El escritor advirtió que, al reducir tanto el abanico de posibilidades a través de filtros previos, se pierde lo impredecible y fortuito del encuentro cara a cara, que es donde históricamente surgieron las grandes amistades y amores.
Al profundizar en la naturaleza de estas uniones, el profesional citó el concepto de "amor líquido" del sociólogo Zygmunt Bauman, una obra que, aunque tiene más de dos décadas, mantiene una vigencia absoluta. La metáfora describe vínculos que, por la forma en que vivimos, se escurren como el agua entre las manos. Mariosa indicó que existe una mercantilización de las personas, donde se aplica una lógica de mercado de "uso y desecho". Esta dinámica hace que se pierda de vista la empatía y el valor de dar por sobre el recibir, priorizando la satisfacción de una necesidad inmediata sobre el compromiso a largo plazo.
El impacto de la pandemia
Respecto a la salud mental y el contacto social, el profesional destacó que la pandemia marcó un antes y un después en la comunidad. Mariosa afirmó que todavía existen secuelas sociales del daño que produjo aquel aislamiento, tales como el temor al contacto físico o la dificultad para mantener la distancia mínima permitida. Este fenómeno fue especialmente crítico para personas que ya lidiaban con cuadros de ansiedad o depresión, a quienes les costó meses, e incluso años, volver a reinsertarse plenamente en la vida social activa de Tandil.
Durante el periodo de restricciones, el psicólogo trabajó intensamente en la generación de rutinas para sus pacientes, fomentando objetivos pequeños para romper el encierro doméstico. "Había que empezar desde cositas chiquitas para lograr que las personas salieran de sus casas", recordó. Sin embargo, advirtió que la comodidad de la pantalla, profundizada en aquellos años, generó una resistencia al encuentro presencial que todavía se percibe en la baja convocatoria de eventos culturales o espacios de participación ciudadana que no son masivos.
Este desafío es todavía más acentuado en los adultos de la tercera edad. El psicólogo señaló que el vertiginoso avance de la digitalización, desde las billeteras electrónicas hasta las redes sociales, suele descolocar a quienes tienen más de 70 años. En este punto, remarcó que las empresas tecnológicas deben trabajar con mayor fuerza en la accesibilidad, pero también hizo un llamado a los adultos mayores a no abandonar los espacios físicos de pertenencia, como centros de jubilados o talleres culturales, para combatir la soledad.
Finalmente, Mariosa instó a la comunidad a recuperar la capacidad de habitar los espacios públicos y de participación, asumiendo el riesgo de que un encuentro pueda no ser perfecto. El escritor concluyó que la clave para mejorar la calidad de los vínculos actuales reside en la transparencia y la apertura, aceptando que la vida tiene momentos de dolor y crisis que no pueden ser resueltos con la inmediatez de un filtro digital, sino con la presencia real y sostenida.
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