Una vida de pasión y disciplina entre el piano y la trompeta
Laura Ravioli repasó su trayectoria en la música y analizó los desafíos de la enseñanza.
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La música y docente Laura Ravioli repasó su trayectoria, analizó las exigencias físicas de la trompeta y reflexiono sobre los retos actuales de la enseñanza frente a la inmediatez de las redes sociales. Su testimonio se dio en una nueva entrega de Parada Cultural, el ciclo de entrevistas realizado por Bici Productora en colaboración con El Eco Multimedios. Allí, la artista detalló su formación, su rol como profesora y el desafío que representa ser trompetista en la actualidad, combinando la rigurosidad de la música clásica con la escena autogestiva regional.
Durante la entrevista, Ravioli recordó que su vínculo con el arte comenzó a los cinco años, influenciada por su tía Susana y por un interés temprano en la lectura y la música clásica. A pesar de haber iniciado su formación con el piano —instrumento que aún la acompaña en su labor docente en el Conservatorio de Música—, la trompeta le brindó una nueva dimensión social y profesional en su adultez.
La infancia de Ravioli estuvo marcada por una curiosidad constante. Según relató, pasaba horas intentando imitar lo que su tía ejecutaba y vinculaba el sonido con el movimiento corporal y la pintura. Sin embargo, sus primeros pasos en la enseñanza formal no estuvieron exentos de dificultades. Tras un breve paso por clases particulares que consideró estructuradas, ingresó al Conservatorio a los diez años. En la institución encontró en la profesora María del Carmen Alonso una guía técnica y humana que marcó su camino.
Del piano a la exigencia física de la trompeta
La transición hacia la trompeta nació de su interés por géneros como la salsa y el jazz, inspirada por figuras como Arturo Sandoval. Ravioli recordó que, a los 19 años, debió enfrentar la resistencia familiar por su elección de vida, lo que la llevó a trabajar en diversos rubros para financiar su carrera. Trabajó en la venta de cuentas bancarias y en la firma Musimundo hasta la crisis económica del año 2001, sin perder de vista su objetivo principal. “Hice todo por la música”, afirmó la instrumentista, quien se recibió de pianista a los 22 años antes de volcarse de lleno al estudio de los vientos.
En la actualidad, su rutina se divide entre las aulas y las horas de estudio personal. Ravioli explicó que la trompeta requiere una preparación física constante, ya que demanda desarrollo muscular facial y capacidad pulmonar. Para ofrecer un espectáculo de una hora y media, aseguró que se necesitan al menos tres horas diarias de práctica en el hogar. Esta disciplina le permite integrar múltiples elencos en Tandil y la región bajo un esquema autogestivo.
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Como docente, Ravioli compartió su visión sobre el impacto de las tecnologías en el aprendizaje. En sus clases observa que los estudiantes suelen buscar resultados inmediatos, una actitud que colisiona con los tiempos naturales que requiere el dominio de un instrumento. Ante esta realidad, aconsejó establecer límites en el uso de redes sociales y priorizar la conexión real con el instrumento. Para captar la atención de sus alumnos, recurre a herramientas actuales como filmar sus manos en acción, generando un puente entre lo digital y la práctica tradicional.
La escena local y la fuerza del camino recorrido
Respecto al panorama cultural en Tandil, la trompetista señaló que, si bien existe una actividad dinámica con la llegada de artistas de Capital Federal que brindan clases magistrales, la ciudad enfrenta una escasez de determinados instrumentistas. Ravioli mencionó la falta de bateristas y pianistas, lo que obliga a que los músicos locales deban multiplicarse en diferentes proyectos. “Somos poquitos, es como un croquis”, graficó sobre la interconexión necesaria para sostener la actividad cultural de la ciudad.
Al analizar la producción musical contemporánea, Ravioli se mostró abierta a la diversidad de géneros, aunque manifestó una visión crítica sobre el desplazamiento de lo instrumental en favor de lo escenográfico. Sin embargo, celebró la vigencia de artistas jóvenes que logran equilibrar ambas facetas. Para la docente, la música es un campo libre de purismos donde la actualización constante constituye una elección personal.
Al reflexionar sobre su propia imagen frente al instrumento, Ravioli reconoció que lo que observa es fuerza. El camino hacia la profesionalización le exigió sacrificios familiares y personales que considera valiosos. Acompañada por su familia, sostiene una labor basada en la autogestión y el compromiso con la enseñanza en la ciudad.