Claves de Inta para blindar la producción de carne con pasturas y tecnología de precisión
El ingeniero Guillermo Marrón analiza los componentes críticos de la sembradora, el potencial de la nueva variedad Sainfoin y el manejo de los suelos con "tosca" en el sudoeste bonaerense.
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La implantación exitosa de una pastura es mucho más que un simple paso agronómico; es el cimiento de toda la cadena forrajera, según lo señalado en la reciente Jornada a Campo que llevó adelante el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) en Bordenave.
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El objetivo central es que la semilla germine y se transforme en una planta productiva en el menor tiempo posible. Lograr esta velocidad de crecimiento permite que el ganado aproveche el recurso de forma temprana y eficiente.
Guillermo Marrón es un referente clave en la Argentina cuando se habla de maquinaria agrícola y mecanización, especialmente vinculado al Inta (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria). Su perfil combina la investigación técnica con una fuerte impronta en la extensión, es decir, bajar el conocimiento al campo.
El profesional explicó que la rapidez del proceso tiene un impacto directo en la estructura de costos. El especialista advierte que demorarse en la implantación puede resultar más caro que la inversión en los herbicidas necesarios para el mantenimiento inicial del lote. Una pastura que "vuela" desde el inicio aprovecha mejor el crecimiento primaveral.
En los sistemas productivos del sudoeste, la tecnología de siembra bajo el sistema de directa exige una configuración milimétrica de la maquinaria. No se trata solo de tirar semilla, sino de asegurar que cada componente mecánico cumpla su función para proteger el potencial genético del cultivo.
El éxito nace en el surco
Existen piezas en la sembradora que Marrón define como "claves" para garantizar una correcta implantación en ambientes desafiantes. Cuando se trabaja en siembra directa, la cuchilla de corte es el primer eslabón para abrir el camino sin remover excesivamente el suelo.
Posteriormente, entran en juego el control de la profundidad y el sistema de pisado de la semilla. Este último es vital para asegurar un contacto íntimo entre la semilla y el suelo, favoreciendo la absorción de humedad necesaria para la germinación. Estos elementos mecánicos son los que permiten que el vegetal logre expresar su máximo potencial.
Sin embargo, la precisión mecánica debe estar alineada con una definición previa del ambiente. El suelo, el clima y la ubicación geográfica definen el "techo" productivo, marcando las posibilidades máximas a las que puede aspirar un vegetal para crecer en una región determinada. Una vez definido este escenario, se seleccionan las variedades o híbridos más adaptables.
Sainfoin: la innovación genética que revoluciona el pastoreo
El Inta Bordenave es un centro de referencia nacional en genética forrajera, siendo el origen de la gran mayoría de las variedades de avena que se comercializan en Argentina. El proceso de selección busca responder a las necesidades del ciclo del cultivo y a los requerimientos nutricionales del animal.
En este contexto, la incorporación del Sainfoin representa un hito para la región. Se trata de una especie que ocupa un lugar intermedio muy valorado: tiene la ventaja de no producir empaste -un riesgo común con la vicia- pero mantiene un vigor de crecimiento similar al de la alfalfa.
Esta nueva variedad permite que el productor optimice el momento en que el animal necesita convertir el forraje en músculo o mejorar sus índices de preñez. El rol de la sembradora es, precisamente, depositar este avance genético en las condiciones ideales para que el ganado pueda aprovecharlo lo antes posible.
La limitación de la tosca
Uno de los mayores desafíos para la producción en el sudoeste bonaerense es la presencia de suelos someros. A profundidades que varían entre los 40 y 60 centímetros, se encuentra una plancha endurecida de carbonato de calcio, conocida coloquialmente como "tosca".
Marrón utiliza la metáfora de la "maceta" para describir este fenómeno geológico. Esta capa limita físicamente el volumen de suelo que las raíces pueden explorar, lo que restringe la capacidad de almacenamiento de agua. En consecuencia, el sistema a veces no logra aprovechar la totalidad de las precipitaciones anuales.
A pesar de esta limitante, la región ha mostrado cambios en su comportamiento hídrico. Según investigaciones recientes del Conicet que abarcan 50 años de datos, la zona ha dejado de ser clasificada como semiárida para pasar a ser considerada subhúmeda. Este cambio de paradigma exige un manejo del agua aún más estratégico.
Regla de oro
La distribución de las lluvias es otro factor determinante en la estrategia forrajera. El especialista señala que el 50 por ciento de las precipitaciones anuales ocurren entre los meses de noviembre y marzo. Este es el periodo crítico para la recarga del perfil del suelo, preparándolo para los ciclos de producción venideros.
Dada la variabilidad climática y la limitación de la "maceta" de tosca, la previsión es fundamental. En años climáticamente favorables como el actual, la recomendación técnica es no desperdiciar el excedente. "Si sobra alimento, ese alimento se henifica", afirma Marrón, enfatizando la importancia de las reservas.
Históricamente, el Inta recomienda que cada productor de la región cuente con, al menos, un rollo de reserva por cada vaca para afrontar los "años flacos". Esta reserva es el seguro de vida del sistema cuando el crecimiento de la pastura no alcanza para cubrir la demanda de la carga animal en el lote.
Gestión de la carga
La carga animal por hectárea debe determinarse en función de múltiples variables: el objetivo de ganancia de peso, el rebrote según la época del año y la persistencia de la pastura. Un sobrepastoreo puede comprometer la estructura de la planta y su capacidad de recuperación futura.
Cuando el recurso falta, las alternativas son claras: o se baja la carga animal o se recurre a la suplementación con rollos. La toma de decisiones basada en datos y en el conocimiento del ambiente es lo que permite estabilizar la producción de carne y asegurar la rentabilidad del negocio ganadero.
La integración de una siembra de precisión, el uso de variedades innovadoras como el Sainfoin y un manejo consciente de las limitaciones del suelo son las herramientas que propone el Inta Bordenave para potenciar el sudoeste. El conocimiento aplicado sigue siendo el motor para transformar el forraje en producción ganadera sostenible.
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