El girasol recupera terreno clave y redefine la rentabilidad en diversas zonas del país
Con genética de punta y el impulso de la industria aceitera, el girasol expande su frontera hacia zonas no tradicionales y propone un esquema de rotación sustentable.
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El sector agropecuario argentino asiste a lo que los especialistas denominan una "revolución del girasol", impulsada por una combinación de mejora genética, estabilidad económica y una demanda industrial en crecimiento.
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En el marco de Expoagro 2026, los principales referentes del sector destacaron que el cultivo está incursionando nuevamente en regiones que habían sido abandonadas hace dos décadas.
Esta transformación no solo implica un aumento en la superficie sembrada, sino también un cambio profundo en la mentalidad del productor, quien ahora prioriza la eficiencia productiva por sobre la especulación financiera. El regreso del girasol a zonas centrales de Buenos Aires, Córdoba, San Luis y Entre Ríos marca un hito en la actual campaña agrícola.
El fin de la hegemonía de la soja
Pablo Colomar, responsable comercial de Nidera, explicó que el girasol había desaparecido de la zona central del país tras la aparición de la soja resistente al glifosato. Durante años, la competencia por superficie y los daños causados por las aves limitaron su presencia en los lotes de la pampa húmeda.
Sin embargo, la genética moderna ha logrado que el capítulo de la planta se incline de tal manera que las palomas ya no pueden generar daños significativos. Este avance, sumado a precios competitivos de los commodities, ha devuelto al girasol a lotes de productividad mediana o baja donde hoy ofrece márgenes positivos.
"Estamos viendo una revolución del girasol en estas regiones, lo cual incrementa el área productiva en lotes que antes eran dudosos o netamente ganaderos", afirmó Colomar. Para el directivo, esta tendencia es sustentable gracias a la mejora en el manejo de malezas y al conocimiento técnico acumulado.
Productividad versus finanzas
Un factor determinante en esta nueva era es la previsibilidad económica observada en los últimos dos años. Colomar señaló que la tranquilidad en los mercados permite al productor enfocarse en lo que mejor sabe hacer: producir más por unidad de superficie.
"El negocio ya no es financiero, sino que es productivo; el productor se anima a invertir porque sabe que la clave está en incrementar el rinde", subrayó el vocero de Nidera. Esta estabilidad fomenta un clima de negocios donde la inversión en tecnología y genética se vuelve el motor principal de la rentabilidad.
En este contexto, la industria aceitera juega un papel fundamental al valorar y pagar sobreprecios por la calidad del grano. La genética actual ha cambiado la ecuación, entregando un producto más atractivo para el procesamiento local y la exportación de aceite de alta calidad.
El rinde oculto de la materia grasa
Desde el plot de NK Semillas, los especialistas también resaltaron la importancia de la calidad intrínseca del grano. Andrés Caggiano, gerente de Desarrollo de Producto de la firma, introdujo el concepto de "rinde oculto" para referirse al contenido de aceite del cultivo.
Según Caggiano, los nuevos híbridos alcanzan niveles de materia grasa de entre el 53 y 54 por ciento en promedio. Este valor representa un beneficio directo para el productor, ya que cosecha un plus de rendimiento por el que no debe pagar costos logísticos ni fletes adicionales.
"Es un rinde que el productor cosecha, pero no paga camiones por él; se entrega y se recibe un plus por la bonificación de aceite", detalló el especialista. Este diferencial posiciona al girasol como una opción sumamente competitiva frente a otros cultivos de verano.
Un nuevo pilar genético para el país
Francisco Pérez Brea, gerente de Marketing de NK Semillas, destacó que la marca presenta en esta edición el NK 3949 CLS, un híbrido que busca convertirse en el nuevo pilar de la compañía. Este lanzamiento es el resultado de un largo proceso de investigación para superar estándares internos muy altos.
Andrés Caggiano explicó que este material logra superar a sus antecesores con un punto más de rendimiento y una estabilidad excepcional. El híbrido está diseñado para adaptarse a todos los ambientes productivos de Argentina, sin restricciones geográficas desde el norte hasta el sur.
"Superar un híbrido interno nuestro es difícil porque son muy competitivos, pero este producto lo logra con mayor estabilidad en ambientes de baja productividad", afirmó Caggiano. Además, el nuevo material destaca por su sanidad foliar y su respuesta ante enfermedades comunes del cultivo.
El sueño de la rotación equilibrada
Más allá de los lanzamientos, el objetivo de fondo es alcanzar un sistema productivo equilibrado y sustentable. Pablo Colomar compartió su visión de una rotación dividida en tercios: un tercio de soja, un tercio de maíz y un tercio de girasol o trigo/soja.
Este esquema permitiría incorporar mucha gramínea y girasol al sistema, otorgando una estabilidad de rindes similar a la que se observa en países líderes como Estados Unidos. "Un tercio de cada cultivo le da opción y estabilidad al sistema, mejorando la economía por todos lados", aseguró Colomar.
El impacto económico de esta rotación es masivo, considerando que una hectárea de maíz o girasol moviliza tres veces más logística que una de soja. Esto dinamiza el transporte, el uso de fertilizantes y la actividad comercial en los pueblos del interior.
Manejo digital para cerrar brechas
La tecnología digital es el complemento necesario para que esta revolución genética alcance su máximo potencial. Francisco Pérez Brea enfatizó que, si bien la genética es clave, el manejo es lo que realmente hace la diferencia en el lote.
A través de herramientas como Cropwise, NK Semillas ofrece recomendaciones precisas de densidad y fertilización para cada lote de sus clientes. Estas prescripciones digitales permiten achicar la brecha entre el potencial de la semilla y el rendimiento real obtenido por el productor.
"Entendemos que la tecnología es clave, pero el manejo transforma esa genética en resultados concretos", señalaron desde NK. La integración de herramientas digitales e inteligencia artificial se perfila como el estándar para las próximas campañas girasoleras.
Un futuro con bases sólidas
La revolución del girasol parece tener bases firmes para continuar expandiéndose en las próximas campañas. La combinación de una genética que protege al cultivo de las aves y una industria que premia la calidad aceitera genera un escenario de optimismo compartido.
Con el lanzamiento de nuevos materiales y la consolidación de zonas productivas, el girasol reafirma su rol como aliado estratégico del productor argentino. La apuesta por la sustentabilidad y el rinde por unidad de superficie marcarán el ritmo de lo que viene para el campo nacional.
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Andrés Caggiano.
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Francisco Pérez Brea
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil