La genética de la papa actúa como motor invisible de la agricultura regenerativa
En el marco del Regen Summit, un encuentro sin precedentes organizado por McCain en la ciudad de Mar del Plata, la industria fue testigo de cómo la ciencia y la naturaleza se entrelazan para proponer un sistema productivo más resiliente.
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Entre las exposiciones más destacadas se encontró la de Santiago Remón, director de Drakar, quien presentó una ponencia titulada: “Genética como motor de la agricultura regenerativa, impacto en rendimiento, eficiencia de recursos y huella ambiental en papa”. Durante su intervención, Remón desglosó cómo la selección estratégica de variedades no solo mejora los balances económicos, sino que se posiciona como el puntapié inicial indispensable para cualquier sistema que aspire a ser verdaderamente regenerativo.
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Para comprender el impacto de la propuesta de Remón, es necesario analizar el ADN de su empresa. Drakar es una firma familiar fundada en 1995 que ha logrado un diferencial competitivo único en el país: la integración total de sus etapas productivas. Desde la producción de la plántula in vitro hasta la comercialización final de la semilla, todo el proceso ocurre en un mismo lugar bajo gestión propia, lo que otorga la máxima trazabilidad al producto.
La ubicación geográfica juega un rol determinante en esta estrategia de sostenibilidad. La empresa opera dentro de la denominada “zona diferenciada” de la provincia de Buenos Aires, que abarca los partidos de Gonzales Chaves, San Cayetano y Tres Arroyos. En esta región, existe una prohibición legal para producir cultivos destinados al mercado fresco, lo que reduce drásticamente las fuentes de inóculo de enfermedades críticas como los virus PBI y PLRB. Esta seguridad fitosanitaria es el primer paso de la agricultura regenerativa: producir con sanidad desde el origen para minimizar intervenciones posteriores.
Innovación
Santiago Remón detalló cómo la filosofía regenerativa se aplica en cada eslabón de la cadena de Drakar, mucho antes de que la semilla llegue a manos del productor comercial. En su laboratorio, producen anualmente unas 500.000 plántulas utilizando luces LED de bajo consumo con espectros específicos para el crecimiento vegetal. En la etapa de invernadero, la empresa ha migrado hacia técnicas de aeroponía e hidroponía, logrando una reducción sustancial en el consumo de agua y fertilizantes.
Incluso en la fase de almacenamiento, la tecnología se pone al servicio del medio ambiente. Drakar emplea sistemas inteligentes de automatización que priorizan el uso de aire exterior cuando las condiciones son óptimas, reduciendo el gasto energético. Un cambio técnico fundamental mencionado por Remón es la sustitución de refrigerantes tradicionales como el amoníaco o el freón por glicol en las cañerías, lo que impacta positivamente en la huella ambiental del proceso. "El objetivo... es lograr producir semilla de buena calidad, de forma tal de darle el puntapié inicial al productor en lo que es agricultura regenerativa", enfatizó el ejecutivo.
Multiplicador de eficiencias
El núcleo de la presentación de Remón fue la capacidad de la genética para "elevar el techo" de la productividad y la sostenibilidad. Según el director de Drakar, la genética es la responsable directa de factores agronómicos clave como el rendimiento, la eficiencia en el uso de nitrógeno, la calidad comercial, la resistencia a enfermedades y la eficiencia hídrica.
El impacto ambiental de estos factores es masivo. Remón explicó que un mayor rendimiento genera un "efecto de dilución" en todas las eficiencias: si una variedad produce más por unidad de superficie, permite realizar rotaciones más largas, utilizar menos suelo y fomentar una mayor biodiversidad de cultivos.
Especial atención recibió el metabolismo del nitrógeno. El óxido nitroso es un gas de efecto invernadero 300 veces más potente que el dióxido de carbono. Por ello, seleccionar variedades con menor requerimiento de nitrógeno y mayor eficiencia en su uso no es solo una cuestión de costos, sino una medida directa de mitigación climática que reduce la lixiviación de nutrientes. Además, la calidad industrial asegura que, por cada tonelada transportada hacia la fábrica, se obtenga una mayor proporción de producto final, optimizando la logística y reduciendo la huella de carbono post-cosecha.
Resultados que hablan
Para ilustrar estos conceptos, Remón presentó los resultados de la variedad DRK12, desarrollada en conjunto con el breeder holandés Agrico. Esta variedad destaca por su alta productividad, niveles estables de materia seca y una notable resiliencia ante estreses abióticos, como se comprobó durante la severa sequía de 2023.
Los datos comparativos frente a la variedad control (Innovator) son contundentes. La DRK12 ofrece un 30 por ciento extra de productividad total en sólidos.
Ese rendimiento superior implica una reducción directa del 30 por ciento en el uso de insumos por tonelada producida, en tanto que al analizar los resultados industriales planteó que en ensayos realizados en 2024 en la zona de Tandil, la variedad superó a Royal con un 22% más de producto útil por hectárea.
El impacto económico para el productor es igualmente atractivo. Remón precisó que sembrar DRK12 en lugar de variedades tradicionales podría representar una renta superior de unos 3,000 dólares por hectárea. Al integrar todas estas variables -menor densidad de siembra, menor necesidad de nitrógeno y mayor eficiencia industrial-, se estima que esta variedad tiene el potencial de reducir la huella ambiental global entre un 30 y un 40 por ciento.
"Riesgo cero" y estabilidad
Drakar no se detiene y actualmente, la firma testea alrededor de 50 variedades de orígenes tan diversos como Estados Unidos (Universidad de Idaho), Escocia y Holanda, todas evaluadas bajo la estricta "tarjeta de puntaje" (scorecard) de McCain.
Entre las nuevas promesas se encuentran materiales con alta resistencia a Phytophthora, virus PVY, Fusarium y Alternaria, lo que permitiría producir con una utilización mínima de pesticidas. Remón concluyó su intervención con una visión potente sobre el futuro del agro: la búsqueda de la estabilidad interanual.
Al contar con variedades genéticamente estables y resistentes, el productor puede abandonar la gestión basada en "actuar de forma preventiva" ante el estrés o las enfermedades. “Nos permite producir sin tener que gestionar el riesgo. Evitamos agregarle insumo 'por las dudas' a las variedades, porque sabemos que se van a comportar de forma estable”, afirmó.
De esta manera, la genética se consolida en el Regen Summit como el verdadero motor invisible que permitirá a la agricultura regenerativa pasar de ser una aspiración a una realidad rentable y sostenible para toda la cadena de la papa.
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