"Cuando la sangre manda", una radiografía de una violencia rural que no conoce tiempos
Navegando entre el rigor del periodismo policial y la profundidad de la narrativa literaria, el periodista agropecuario Horacio Ortiz explora los rincones más oscuros del alma humana en el ámbito rural en su libro “Cuando la sangre manda”.
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En la vasta llanura bonaerense, donde el horizonte parece fundirse con el pastizal y el silencio solo se interrumpe por el silbido del viento, laten historias que la historia oficial a menudo prefiere olvidar. Son relatos de una violencia latente que, en momentos de máxima tensión, estalla de forma irreversible.
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Horacio Ortiz, periodista con tres décadas de trayectoria, ha decidido rescatar estas crónicas del olvido en su obra "Cuando la sangre manda".
El título de la obra, lejos de ser un mero recurso de mercadotecnia, encierra una visión antropológica sobre la condición humana. Ortiz sostiene que en cada ser humano habita un "espíritu violento" en algún rincón del alma, un impulso que la mayoría logra sofrenar durante toda una existencia. Sin embargo, existen circunstancias donde la naturaleza humana alcanza lo que él denomina el "punto de explosión del combustible".
Este punto de ignición, alimentado por la bronca acumulada, el dolor profundo, las ambiciones desmedidas o las miserias más básicas, desencadena tragedias que alteran para siempre la paz de los parajes rurales. "Es cuando el impulso nos supera", explica el autor, refiriéndose a esos hechos ocurridos mayormente entre las décadas del 40, 50 y 60, aunque su investigación se extiende incluso hasta el siglo XIX para rescatar personajes que marcaron a fuego la identidad de la provincia.
El periodista que nació en un puesto de campo
La legitimidad de Ortiz para contar estas historias no proviene solo de sus 30 años en el oficio periodístico -aniversario que celebró el pasado primero de mayo-, sino de sus propias raíces. Nacido en un puesto del paraje Canal 15, en el partido de Castelli, Ortiz se crio escuchando las historias que circulaban de boca en boca entre los paisanos de la zona.
"¿Qué tengo para contar? Tengo para contar lo que le escuché a estos paisanos", se preguntó al momento de encarar el libro. Esa herencia oral, recibida durante su infancia y adolescencia, es el cimiento de una obra que busca validar si aquellos relatos de fogón siguen resultando interesantes para el lector contemporáneo.
Con 18 años dedicados específicamente al periodismo agropecuario, Ortiz ha logrado amalgamar su conocimiento técnico del sector con una sensibilidad especial para el drama humano.
Crónicas de sangre
Uno de los relatos más estremecedores incluidos en el libro es el de Luis Fernando Iribarren, tristemente célebre como "el carnicero de Giles". Ortiz reconstruye este caso que comenzó en un establecimiento rural de Tuyutí, donde Iribarren asesinó a sus padres y hermanos, presuntamente por motivos económicos.
Lo más impactante de esta crónica es la frialdad del engaño: durante casi diez años, el asesino sostuvo que su familia se había marchado del país debido a una supuesta deuda de juego de su padre.
La impunidad se rompió una década después, cuando Iribarren asesinó también a su tía en el pueblo de San Andrés de Giles. Tras ser descubierto por los vecinos y confesar sus crímenes anteriores, fue condenado a cadena perpetua.
Sin embargo, la historia sumó capítulos cinematográficos en prisión: Iribarren estudió abogacía y comunicación social, convirtiéndose en un "colega" de los periodistas que cubrían su caso.
Ortiz detalla con particular énfasis su fuga final, un evento que encendió las alertas en toda la provincia. Lo curioso es que el asesino no huyó solo; lo hizo seguido de su perro, un pequeño animal que incluso lo acompañaba a las clases presenciales en la facultad gracias a un programa de reinserción.
Fue precisamente la presencia de su fiel compañero canino lo que permitió a las autoridades localizarlo en el norte del país, entre Córdoba y Santiago del Estero, poniendo fin a la vida de un hombre que, según Ortiz, representa un grado de violencia difícil de comprender: el de quien ultima a su propia sangre.
Héroe y marginal muerto en Tandil
Para los lectores de la región de Tandil, el libro rescata una figura ambivalente del siglo XIX: José Luis Molina.
Capataz de la estancia Miraflores, propiedad de Francisco Ramos Mejía, Molina protagonizó una metamorfosis incomprensible para muchos.
Tras ver cómo las autoridades asesinaban a peones indígenas y detenían a su patrón -quien moriría de depresión poco después-Molina lideró malones sangrientos y destruyó la localidad de Dolores en represalia.
Sin embargo, este "guía bilingüe" y conocedor profundo de la geografía pampeana también prestó servicios para el bando de los blancos, defendiendo Carmen de Patagones de una invasión luso-brasileña en 1827.
Esta dualidad lo llevó a ser calificado como un "personaje héroe y marginal".
Su final fue tan silencioso como su vida había sido rimbombante: murió envenenado de forma sutil mientras prestaba servicios en el fuerte de Tandil, víctima de una cuenta pendiente que alguien cercano decidió cobrar en la sombra.
Identidad regional
Ortiz se apoya en la máxima de Tolstoi: "pintando una aldea se pinta el mundo".
Aunque las historias se centran en la "quinta sección electoral" y la Cuenca del Salado, el autor ha descubierto que el hombre rural se parece en toda la geografía argentina. Lectores de lugares tan distantes como Gualeguay han manifestado encontrarse reflejados en estas crónicas, confirmando que las ambiciones y dolores del campo son universales.
El libro no es un esfuerzo solitario. Cuenta con un prólogo de Oche Califa, destacado escritor de Chivilcoy, e ilustraciones de Silvia Antonelli, cuyos dibujos capturan la esencia rústica y trágica del ámbito rural. Publicado por la editorial Servicop de La Plata, "Cuando la sangre manda" ha iniciado un recorrido de presentaciones que ya ha pasado por Castelli y Dolores, con planes de desembarcar próximamente en Tandil y la costa atlántica.
Para obtener un ejemplar de "Cuando la sangre manda", los interesados pueden contactar directamente a la editorial Servicop de La Plata, la cual se encarga de realizar los envíos a domicilio. Asimismo, es posible comunicarse con el autor, Horacio Ortiz, a través de sus redes sociales bajo el usuario Ortizhfo en Instagram o buscando su nombre en Facebook para coordinar la entrega.
Para Horacio Ortiz, esta obra es el corolario de 30 años de observar el campo, no solo como una unidad productiva, sino como un escenario de pasiones humanas donde, a veces, la sangre toma el mando y escribe su propia historia.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil