La administración de un establecimiento rural implica compromiso y conocimiento
La explotación agropecuaria, como cualquier tipo de actividad, necesita de varios actores que intervengan para poder funcionar de manera prolija y ordenada.
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Diferentes profesiones interactúan en la cadena para lograr un equilibrio que permita funcionar eficientemente a una empresa rural. Una de las funciones esenciales es la administración y a ella se dedicó un nuevo podcast de El Eco Campo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailJosé María Cano es ingeniero agrónomo y desde hace dos décadas que se desempeña como administrador de explotaciones agropecuarias.
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Cano planteó como un elemento distintivo que las empresas agropecuarias en su gran mayoría son familiares. “Trabajo hace ya más de 20 años. Uno empezó con un cliente, que va creciendo y también ahora trabaja con sus hijos. A muchos chicos los viste crecer”.
En cuanto a la seriedad con que se hace la función, hizo referencia a “puntos que siempre respeté”, entre los que mencionó que “el encontrarme con un cliente en el campo es únicamente fuera de su día libre. O sea, si el día libre va con la familia a disfrutar del campo, yo no trabajo ese día. La propuesta siempre fue ´si querés que nos encontremos en el campo un 24 de Navidad porque te quedó cómodo, ese día no voy´. Así de claro. No voy un sábado, un domingo o un feriado. No por mí, sino porque interrumpís el tema familiar. Siempre lo entendí así y siempre me lo agradecieron -te diría- las mujeres” de los productores.
Es que “si nos encontramos es para trabajar, no para para andar a caballo. Eso hacelo con la familia”.
Acerca de la función planteó que “cuando sos administrador de una empresa, en realidad que te encargas de todo: de las compras, de las ventas, de la relación con los proveedores y con los clientes a los que le vendés. Llevas adelante la empresa como si fuera propia, sabiendo siempre que no lo es”.
Recalcó que “siempre sabés que no es propia, que tenés que dar informes y demás. Por la función, se trabaja en equipo con el contador, con el veterinario y con algún asesor. En los últimos tiempos he sumado un asesor hidráulico por el tema de redimensionamiento de alguna infraestructura del campo y con un arquitecto… Cuando se rompe algo del casco, sos el coordinador de esas tareas”.
Buscar al especialista
Como ingeniero agrónomo, José María Cano actúa también de manera muy consciente de los límites. “Hasta donde me llega el agua lo hago yo, pero contratamos algún ingeniero agrónomo extra, que sabe más o que está más capacitado. Por ejemplo, en el último tiempo, con el crecimiento de los chicos y todo el tema del medio ambiente, empezamos a pensar procesos que tengan que ver con su cuidado”.
Así es que “empezamos a pensar en una ganadería holística y nos fuimos capacitando todos: el veterinario, yo, la gente del campo… Pero nos faltaba un asesor que se haya pasado por todo ese proceso. Y contratamos un ingeniero agrónomo; y actualmente Adrián Soler -que vive en Vidal- nos acompaña de ese proceso en dos de las administraciones que llevamos adelante”.
Similar criterio utilizó con un ingeniero hidráulico de la zona de Coronel Suárez que ha realizado el redimensionamiento de bebidas, bombas solares, etc. “Empezás a entrar en una onda que no podés abarcar todo. Y largarte solo por ahí puede ser muy costoso y generalmente, cuando sos administrador cobrás un porcentaje del resultado, por lo que si tus jefes no ganan, vos tampoco ganás”.
Nuevas tareas
José María Cano recordó que comenzó a trabajar como administrador en 2002, tras ser asesor y realizar capacitaciones.
“Cuando arranqué, la tarea era mucho más sencilla. La AFIP poco a poco te fue trasladando trabajo a vos. Cada tres meses tenés una presentación y los contadores, generalmente de Buenos Aires, no viven del agro ni tienen una cercanía con el sector. Entonces, tenés que educar hacia ambos lados y muchas veces te terminas haciendo cargo y se la entregas redondita el contador para que no cometa errores producto de la falta de vivencia de la actividad”.
Ejemplificó que “muchas veces tenés un grano en una bolsa y calculás el peso. Pero cuando arranqué no había balanzas automáticas y entonces calculábamos a ojo: ´Acá tendré 100 toneladas de trigo´ y capaz que cuando ibas a la bolsa había 80. Contablemente eso es un problema y en el campo es una realidad. Hoy tenemos balanza y sabemos lo que metes adentro de la bolsa son x tonelada de soja o de trigo… Eso fue un avance”.
Otro cambio de la administración comenzó en 2006, cuando “empezamos a tener un software principal en casa que nos aceleró mucho todo. Al tener la base nosotros acá, le damos un link al cliente y puede ver en tiempo real las facturas que cargábamos, cómo las pagábamos, de qué manera… Y también los contadores con un libro de IVA. Sabían todo por ahí”.
Vocación de servicio
Cano, que tiene un hijo de 20 años, que estudia agronomía en Balcarce “y desde muy chico, vio como laburo. En realidad, sos una empresa de servicio en sí misma. Lo mío es 24 por 24, o vacaciones. Atiendo el teléfono siempre. No importa que no vaya, pero si el dueño va y vio algo que no le gustó, sabe que me puede llamar, sea sábado o domingo; o por ahí está en su casa abrió el diario y vio una noticia que le parece que la tiene que compartir y me llama. No hay problema, yo siempre atendí”.
Cano indicó que “eso es lo que vivimos nosotros, es la vocación de servicio”.
Recodó que vivió la seca 08/09, “que fue brutal. En ese momento administraba seis empresas y era mucha más cantidad de gente que trabajaba conmigo. En un momento le habías puesto la cara a 1,5 millones de dólares, y tenías que ir a darle la cara a todos y decirle cómo ibas a refinanciar esa deuda, que no era tuya, sino que estaba asentaba a otra empresa…. Pero vos pusiste la cara y es parte de nuestro laburo. Cuando viene bien todos estamos contentos y cuando viene mal hay que dar la cara”.