Buenos Aires envejece: los bonaerenses vivirán más años y habrá cada vez menos niños
La caída de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida modificarán profundamente la estructura poblacional bonaerense. Para 2040, las personas de 90 años o más podrían superar las 165 mil.
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La provincia de Buenos Aires atraviesa una transformación demográfica que se profundizará durante los próximos años: mientras la población vivirá cada vez más tiempo, la cantidad de nacimientos continuará disminuyendo. Como resultado, los adultos mayores tendrán un peso creciente dentro de la sociedad bonaerense.
Las proyecciones surgen de un análisis elaborado por el Observatorio de Políticas Poblacionales y Migratorias del Ministerio de Gobierno bonaerense junto al Laboratorio de Investigación de Lazos Socio-Urbanos (Lilsu), que anticipa un aumento sostenido de la esperanza de vida durante las próximas décadas.
Las estimaciones indican que la esperanza de vida se ubicaba en 75,4 años para los varones y 80,8 años para las mujeres. Para 2030, esos valores ascenderían a 76,5 y 81,4 años, respectivamente, mientras que en 2035 alcanzarían los 77,5 y 82,1.
Hacia 2040, en tanto, los varones bonaerenses tendrían una esperanza de vida promedio de 78,5 años, mientras que para las mujeres llegaría a 82,7 años. De cumplirse esas proyecciones, el incremento sería de aproximadamente 3,1 años para los hombres y 1,9 para las mujeres en un período de apenas 15 años.
La tendencia forma parte de un proceso que lleva varias décadas. En 2001, la esperanza de vida en territorio bonaerense rondaba los 70 años entre los varones y los 78 entre las mujeres. Para 2020 había avanzado hasta aproximadamente 73 y 79 años, respectivamente.
Además de una mayor longevidad, las estimaciones muestran otra modificación: la diferencia entre la esperanza de vida de hombres y mujeres se irá achicando. Mientras en 2001 la brecha alcanzaba los ocho años, para 2025 se estimaba en 5,4. En 2030 descendería a 4,9 años, en 2035 a 4,6 y para 2040 quedaría en alrededor de 4,2 años.
El envejecimiento poblacional, sin embargo, no responde solamente a que las personas vivirán más. El otro componente decisivo será la fuerte reducción de los nacimientos que ya registra la provincia.
La tasa global de fecundidad, que en 2010 superaba los dos hijos por mujer, podría acercarse a un hijo por mujer hacia 2040. Al mismo tiempo, la tasa bruta de natalidad cayó desde unos 19 nacimientos cada mil habitantes en 2012 hasta alrededor de 10 por cada mil en 2023.
La combinación de ambos fenómenos comenzará a modificar cada vez más la tradicional pirámide poblacional: habrá proporcionalmente menos niños y adolescentes y más personas mayores.
Las cifras permiten observar la magnitud de esa transformación. En 2001, la provincia contaba con alrededor de 200 mil habitantes de entre 60 y 64 años. Para 2040, las proyecciones indican que esa franja etaria podría superar los 1,1 millones de personas, un crecimiento cercano al 450%.
Todavía más pronunciado sería el incremento entre los bonaerenses de edades avanzadas. En 2001 había aproximadamente 16 mil personas de 90 años o más. Para 2040, esa población podría alcanzar las 165 mil, es decir, multiplicarse por más de diez en menos de cuatro décadas.
En términos porcentuales, la cantidad de bonaerenses de al menos 90 años registraría un crecimiento cercano al 931% respecto de comienzos de siglo.
La tendencia se repetiría, con distintas intensidades, en prácticamente todas las franjas a partir de los 60 años. En sentido contrario, la población menor de 15 años perderá participación dentro del total como consecuencia de la sostenida caída de la fecundidad.
El fenómeno bonaerense se inscribe en una transformación mucho más amplia. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) proyecta que tanto la proporción como la cantidad absoluta de personas de 60 años o más continuarán aumentando durante las próximas décadas en todos los países de América Latina y el Caribe.
El nuevo escenario demográfico planteará además desafíos para las políticas públicas, desde el sistema previsional y sanitario hasta los servicios de cuidado, la vivienda y la organización de las ciudades, que deberán adaptarse a una sociedad con menos niños y una proporción cada vez mayor de personas que alcanzarán edades avanzadas.
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