Marcelo Aba convocó a planificar el futuro de Tandil con una mirada colectiva: “Que no sea un debate político, sino un debate de la ciudad que queremos”
El rector de la Unicen planteó los desafíos que afrontan la Universidad, la educación y la ciudad. Además destacó la necesidad de alcanzar acuerdos para definir el Tandil de las próximas décadas.
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En el marco del ciclo de entrevistas Tandil 2050, impulsado por Grupo Rotonda para promover una reflexión colectiva sobre el futuro de la ciudad, el rector de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen), Marcelo Aba, compartió su mirada sobre los desafíos que enfrenta Tandil y las oportunidades que se abren hacia las próximas décadas.
La entrevista fue realizada por Rodrigo Rotonda, director de Grupo Rotonda, quien destacó que la propuesta busca “visibilizar el trabajo, abrirlo a la comunidad y, sobre todo, construir esa visión compartida que nos permita ser los verdaderos protagonistas de nuestro futuro”.
Médico veterinario, docente e investigador formado en el exterior, Aba desarrolló buena parte de su trayectoria en la Facultad de Ciencias Veterinarias y luego asumió responsabilidades en la conducción de la Unicen hasta llegar al Rectorado.
En su recorrido, atravesó períodos de pandemia, inflación y dificultades para el financiamiento universitario, aunque reivindicó como uno de sus principales logros haber conseguido sostener el funcionamiento de la institución en tiempos de crisis.
Con la Universidad como uno de los ejes de la conversación, Aba también reflexionó sobre las transformaciones que impone la tecnología, el vínculo con las nuevas generaciones y el rol que deben conservar los espacios de encuentro. Y al proyectar el Tandil de 2050, imaginó una ciudad pujante, con una matriz productiva diversificada, universitaria y del conocimiento, que preserve su identidad y su entorno natural.
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Para Aba, alcanzar ese horizonte dependerá de una condición central: que los tandilenses puedan ponerse de acuerdo y planificar colectivamente el futuro de la ciudad.
-¿Quién es Marcelo Aba?
-Un tandilense nacido y criado que estudió Medicina Veterinaria. Ingresé como docente en la Universidad, me formé en el exterior, pero volví a nuestra ciudad e inicié una carrera como investigador, carrera que siguió hasta que ingresé en la conducción del Rectorado como vicerrector. Allí ya empecé a tener menos participación tanto en docencia como en investigación, y más en lo que es la conducción de la Universidad, donde hoy tengo el orgullo y el honor de ser el rector.
-¿Por qué te formaste el exterior?
-Yo trabajaba en mediciones hormonales. Medicina veterinaria no era una disciplina que estuviera desarrollada en el país. En muchos casos no son compatibles los sistemas de medición entre un medio de origen humano y uno animal. Y surgió una posibilidad, a través de la Agencia Internacional de Energía Atómica, de ir a Suecia. Así que fui, hice una Maestría y luego me invitaron a terminar de hacer el PHD -lo que sería el equivalente al Doctorado- en lo que yo quería hacer, que era Endocrinología Clínica, que es toda la parte de dosajes hormonales, tanto de la reproducción como de otros sistemas.
-Y volviste a Tandil.
-Volví a Tandil ya a poner en funcionamiento el laboratorio. Tuve acompañamiento desde el exterior para los primeros proyectos y luego siempre trabajé con un sistema científico que, en ese momento, acompañaba.
-¿Te puedo preguntar el motivo del regreso a Tandil?
-Fue una decisión familiar: yo había llevado a la familia con tres chicos, estábamos en viviendo en Suecia. Llegaba el momento de analizar si era una opción seguir viviendo en Suecia o volvernos. Tampoco era que teníamos algo concreto, pero era una opción poder seguir. Los chicos estaban ya en una edad en la que había que definir dónde se iban a criar, porque fueron chiquitos, pero ya estaban siendo un poquito más grandes. Y, si bien estábamos muy bien -la verdad que no tengo absolutamente nada que decir de lo que vivimos en el extranjero- la decisión fue regresar para continuar la crianza y el armado de la familia en nuestra ciudad de origen. Desde entonces estamos acá.
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-Sos un tandilense que vivió la experiencia del extranjero y así todo eligió volver a Tandil. Eso habla bien de vos.
-Hoy, casualmente, lo hablábamos con alguien que nos está dando en comodato una casa en la ciudad de Azul, algo que como Universidad nos llena de orgullo. Hablábamos de lo importante que es tener una experiencia fuera del país para aprender a valorar lo que tenemos. Hay cosas que hay que reconocer, que afuera se hacen mejor y es bueno tratar de copiarlas, de aprenderlas, de adquirirlas. Pero hay muchas cosas acá que son muy buenas y que, cuando uno está fuera, las extraña y piensa que sería bueno tenerlas otra vez.
-Hoy rector, y haciendo una recapitulación muy rápida de toda tu carrera, si tenés que elegir qué fue lo más importante que construiste a lo largo de toda tu trayectoria. ¿Qué crees que es?
-Dependería un poco del ámbito; tal vez a nivel profesional, fue haber logrado armar un grupo, un laboratorio, una estructura que dio sus resultados, que formó gente, que doctoró gente y que hoy sigue funcionando. Pero tal vez más desde el lado del Rectorado, haber transitado –y seguimos transitando- épocas muy difíciles sin haber tenido grandes tropiezos. Yo me hice cargo del Rectorado al inicio de la pandemia, luego vino una época con una inflación bastante descontrolada y luego vino una etapa en la que las políticas no apoyaron fuertemente a la Universidad. Y pese a esto hemos logrado sostener la Universidad. Creo que allí hay un mérito que es difícil de medir porque es más fácil cuando uno hace obras. Así y todo, hemos logrado hacer obras: hemos inaugurado hace muy poquitos días un gimnasio en Olavarría y estamos invirtiendo mucho en mantenimiento. Creo que ahí hay un mérito importante, en lograr que la Universidad siga funcionando a pesar de las adversidades.
-¿Y qué hay de Marcelo en la Universidad hoy? En el sentido de ¿qué queda de la Universidad sin Marcelo?
-Una forma de trabajo, entiendo. Cada uno va dejando su impronta. Eso no quiere decir que quienes lo sigan a uno la tengan que adoptar, pero sí creo que una impronta de búsqueda de consensos, de un trabajo coordinado donde todo el mundo es escuchado, donde se trata de compartir entre todos tratando siempre de acompañar todas las iniciativas. Me parece que allí hay algo que a lo que le di las primeras formas cuando fui decano en la Facultad y luego lo traje a la Universidad. Eso de no tener diferencias o tener preferencias, siempre tratar de buscar lo mejor para la institución. Creo que eso es una forma de conducir. Hay muchas maneras de hacerlo; esa es una y creo que, si algo puedo decir que dejo, es haber conducido una Universidad sin ningún tipo de desviaciones voluntarias.
-¿Hay algo que te hubiese gustado impulsar o hacer y que por distintos motivos no pudiste hacer?
-Sí, tal vez volviendo a la parte de la Universidad, hoy no estamos teniendo el crecimiento que la Universidad quisiera tener. No estamos pudiendo lanzar nuevas carreras que sabemos que se necesitan, que sabemos que hacen falta. Lo mismo tal vez con la parte de la infraestructura: ya llevando unos cuantos años en el Rectorado y todavía con tres por delante en este mandato, creo que estamos con mucha dificultad para crecer. Así como planteaba el mérito de lograr seguir funcionando en situaciones adversas, creo también que es muy difícil crecer y la verdad es que la Universidad siempre pretende ir a más, siempre busca más. Hoy eso nos cuesta mucho. Lo hacemos con el esfuerzo de la gente, con el acompañamiento de la gente, pero hoy, por ejemplo, plantearse crear una Facultad nueva es un desafío que la universidad no puede darse.
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-¿Cómo ves a la juventud?
-La veo con cierta preocupación, probablemente sea natural en quien ha dejado la juventud. Tengo siete nietos, por lo tanto además de que convivo con juventud, los tengo a nivel familiar. Y tal vez no es tanto la preocupación en la juventud, sino en la sociedad en la que esa juventud está inserta, pensar cómo nos hemos ido corriendo hacia el individualismo. Tal vez las redes contribuyan más a que cada uno esté mirándose a sí mismo y no tanto en la búsqueda de lo social. Por eso valoro tanto espacios, como puede ser la Universidad, un club, una biblioteca, espacios donde se den interacciones humanas, donde no todo sea tecnología. Hoy hay mucho de poner a la inteligencia artificial como la verdad. En esas cosas planteo la preocupación, como al mismo tiempo puedo decir que hay una juventud maravillosa que trabaja, que estudia, que va para adelante, que no tiene ningún tipo de inconveniente. Pero uno observa cuestiones que tienen que ver con la salud mental que van incrementándose. Lo vemos en la Universidad y lo vemos en la sociedad. Cada día tenemos más casos de los que no quisiéramos tener. Esa cuestión más individual, el pensar que la solución la tengo que encontrar por mí mismo cuando tal vez venimos de una sociedad en la que era más común tratar de tirar entre varios, buscar esa solución colectiva. Tal vez esa sea la mayor preocupación pero –insisto- sin dejar de reconocer que hay una juventud hermosa que trabaja, que estudia, que va para adelante.
-Con todo esto que dijiste, ¿crees que el rol de la Universidad debe mutar o debe mantenerse tal como está?
-Creo que el rol de la Universidad sigue siendo fundamental y debería ser el del encuentro, el de formar ciudadanía, el de formar cultura; incluso la vida política -no partidaria-, adentrarse en lo que significa ser parte de un cogobierno, tener la posibilidad de levantar la mano por sí o por no. Me parece que ese rol de la Universidad es y seguirá siendo fundamental. La Universidad va a tener que seguir adaptándose a la nueva sociedad que va apareciendo porque nuestros profesionales también necesitan tener una formación que los haga competitivos en el mercado laboral. Entonces tenemos que pensar un profesional que incorpore las nuevas tecnologías, que sepa adaptarse a las nuevas necesidades, pero que al mismo tiempo conserve cuestiones como la capacidad crítica, la capacidad de deducción, la formación continua. Hoy ya no se piensa en un profesional para toda la vida. Hoy pasó a ser mucho menos, son poquitos años y ya ese profesional empieza a necesitar volver a reforzar su formación. Estamos frente a una tecnología que en principio es una herramienta muy potente, pero con la que hay que saber comunicarse. No sirve de nada si uno se ha acostumbrado a escribir y a hablar con monosílabos y simbolitos y se tiene que comunicar con un sistema al cual hay que explicarle lo que uno quiere que haga. Creo que a las habilidades de la comunicación que comúnmente se conocen como blandas -la escucha, el liderazgo de grupos- las vamos a seguir precisando; incluso a algunas las vamos a tener que reubicar dentro de la Universidad porque también en algún momento la Universidad mutó o viró hacia una formación más profesionalista. Se daba por sentado que esas cuestiones estaban ya incorporadas y hoy nos damos cuenta con las nuevas tandas, los nuevos grupos de alumnos, que no están tan claramente formadas, así que también tendremos que trabajar allí. Creo que la Universidad, al igual que la sociedad, tiene que adaptarse. No pienso en algo absolutamente diferente. Creo que las carreras largas van a seguir existiendo: cuando uno piensa en un médico, en un veterinario, son carreras que van a seguir requiriendo tiempo. Pero hoy está claro que la juventud demanda también, cuando no son esas carreras, formaciones cortas con una salida laboral más rápida. Y en eso nosotros, a través de diplomaturas y tecnicaturas, vamos tratando de poner en nuestra oferta opciones que no representen para un joven que tiene otras urgencias tener que estar cinco o seis años, quizás siete u ocho, para recibirse. Eso es tal vez hoy mucho tiempo para muchos. Los trayectos, la certificación de trayectos es también un camino que estamos tratando de transitar. Es decir, cuando alguien pasa por la Universidad y está dos o tres años y deja, no es la misma persona que hace tres años atrás. Eso queremos certificarlo también. Esas son adaptaciones que vamos camino a incorporar.
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-Viendo a Tandil como un todo, ¿qué crees que le falta en el ámbito educativo?
-Tandil tiene un sistema educativo que responde a las necesidades. Seguramente falte mayor inclusión, mayores oportunidades; tal vez en un desafío a varios años, lograr ofertas más parejas, que no tengamos desniveles entre una oferta privada o de algún colegio en particular y otro; tratar de lograr que, sea donde sea, esa educación sea equivalente, sea similar. Allí tal vez haya una asignatura pendiente que tiene que ver con lo que viene, con cómo se afronta el futuro, pero creo que en general Tandil está con buena capacidad de formación. Tenemos que revisar si tenemos deserción, si tenemos chicos que no llegan a terminar la Secundaria, si tenemos chicos que no llegan a la Universidad queriendo llegar. Todo eso forma parte de una inclusión social que es un pendiente del país.
-Ahora te vas a poner el casco y vas a ver ahí a la ciudad del 2050. ¿Qué ve Marcelo parado hoy en el Rectorado?
-Tal vez veo lo que deseo: Veo una ciudad que es pujante, que es atractiva para quienes nos visitan. Por supuesto que nosotros la queremos y la defendemos, es una ciudad con oportunidades. Aún en épocas difíciles, sigue siendo una ciudad de oportunidades. Claro que tiene esos desafíos que afrontar, pero yo sigo pensando en una ciudad con una matriz productiva diversificada, lo cual es un reaseguro muy importante para cualquier ciudad que quiera crecer, más una ciudad intermedia, una ciudad universitaria. Hoy ya no solo es una ciudad universitaria, sino ciudad del conocimiento. Eso es un valor enorme para una ciudad con buena calidad de vida, por supuesto que no abarcando al 100 por ciento, pero es una ciudad que tiene buena calidad de vida. La miro hacia delante y espero que tengamos esa ciudad: que se identifica con la naturaleza, que se identifica con su serranía, que la cuidemos y que nos permita seguir siendo lo que somos hoy pero todavía más grande.
-Ahora nos vamos al Campus. ¿Qué hay ahora ahí?
-Hoy hay una Universidad muy pujante. Quizá los que la habitamos y quienes vivimos en las ciudades donde está tal vez no tengamos la total noción de lo que la Unicen representa el sistema universitario. Cuando uno por trabajo menciona que viene de la Unicen, se escucha ‘Ah, de la Unicen’. No solo por lo lindo que es nuestro Campus -lo mismo que los otros Campus-, no solo por lo edilicio, no solo porque allí se hace mucha ciencia, porque hay una docencia que es de primer nivel, sino porque allí vamos formando a las nuevas generaciones. Tendremos que ir haciendo adecuaciones, pero estamos seguros de que nuestros profesionales son los que ya están conduciendo los destinos de nuestra ciudad, nuestra región y tenemos el desafío de ser los que formemos a los que lo van a seguir haciendo.
-Ahora nos vamos para el Centro Cultural Universitario. Te parás enfrente y estás en el 2050. ¿Qué hay?
-Más cultura, más deporte. Hoy son cuestiones que estamos trabajando, de las cuales estamos orgullosos, pero que tenemos que profundizar, tenemos que ir por más ofertas en ese sentido. Soy un defensor muy férreo de todo lo que tenga que ver con la salud, el bienestar, el deporte. En eso los clubes juegan un rol fundamental y creo que nosotros como Universidad también tenemos que entrar en eso. Lo estamos haciendo. Tenemos muchísimas disciplinas que se desarrollan en nuestra institución y en el Centro Cultural. Allí tenemos que seguir trabajando para lograr mayor inclusión. Hay un cambio de paradigma en la definición de ir a la Universidad. En mi época, años atrás, ir a la Universidad era ser estudiante de una carrera. Hoy ir a la Universidad tiene muchos formatos, tiene adultos mayores, tiene oficios en la Uni Barrial, tiene deportes, tiene cultura, tiene muchas otras formas donde la ciudadanía se siente parte de la Universidad aunque no esté estudiando una carrera determinada. Creo que eso es algo que tenemos que potenciar muy fuertemente porque hoy sabemos que la ciudad siente que la Unicen le pertenece, que es su Universidad y nosotros queremos devolver eso y potenciarlo a futuro.
-Te invito a que te saques el casco. ¿Ves posible ese Tandil según como se está gestionando hoy?
-Creo que depende de nosotros. Y cuando digo nosotros hablo de todos, no de la Universidad, ni de la clase política, ni de un gobierno. Hay muchas definiciones que deberíamos tomar. Así como uno a veces piensa que hay decisiones que en la familia tenemos que tomar entre todos porque cambiar el auto implica no ir de vacaciones, creo que Tandil tiene un presente muy importante y tiene un futuro muy importante, pero nos tenemos que poner de acuerdo, planificarlo y darle el formato que entre todos decidamos. Hoy la ciudad ha crecido muchísimo, ha tenido un crecimiento de tipo expansivo. Cuando yo era chico, cruzar la ruta era una aventura, era irse lejos. Y hoy tengo a la mitad de mi familia viviendo del otro lado de la ruta. Ya la ciudad está totalmente ampliada. Tenemos que trabajar para preservar la identidad de la ciudad, pero nos tenemos que poner de acuerdo entre todos. Tenemos que definir. Si uno busca protección del ambiente, cuidar las sierras, claramente entre otro tipo de actividades eso va a tener algún impacto negativo. Eso tendríamos que discutirlo. No debería ser una decisión de un gobierno, sea el que fuere, sino algo que los tandilenses nos demos como debate a través del entramado social que mencionaba: los clubes, las cámaras, las ONGs; hay cantidad de estructuras que nos permitirían dar ese debate donde también esté incluida la política, pero que no sea un debate político, sino un debate de la ciudad que queremos. Y yo creo que es posible, tenemos que ponernos de acuerdo y eso implica planificar a largo plazo. Nosotros hemos tenido alguna experiencia: Hace unos años, hicimos un plan de desarrollo institucional y sí, tuvo sus bemoles al momento de construirlo, pero una vez que está construido, después las decisiones cotidianas se van tomando de manera mucho más fácil porque es cuestión de encuadrarse en lo que ya se definió. Si no, corre el riesgo de ir aleatoriamente, unos días para un lado, otros para el otro. Creo que es un gran desafío el tener una planificación que estuviera acordada por la ciudad misma. Si se lograra, creo que podemos tener el Tandil que todos queremos, el Tandil que mantiene su identidad, pero que además sigue creciendo, sigue produciendo, sigue generando calidad de vida como para que todos los tandilenses y quienes quieran venir a vivir a nuestra ciudad encuentren lo que a nosotros nos gustaría que represente Tandil dentro de 25 ó 30 años.
-Para terminar, ¿qué sería de Tandil sin Marcelo Aba?
-Difícil la pregunta. Seguramente no se notaría mucho, pero creo que uno ha dejado su huella, sobre todo en lo que ha hecho, en lo que ha representado -en mi caso- para una institución, primero la Facultad de Veterinaria, después la Universidad. Seguramente sin mi presencia sería distinta, quizá mejor, pero distinta; no tendría eh algunas de las cuestiones que se hicieron mientras estuve al frente, hablo tanto de la Facultad como de la Universidad. Y creo que no hubiera estado una persona con mucha honestidad que ha dejado su vida por la Universidad y que ha recibido muchísimo de la Universidad: He conocido el mundo, crié a mi familia. No digo que dejé demasiado; sí me he dedicado de lleno a trabajar por la Universidad, a darle todo lo que esté a mi alcance. Sin mí, esa persona no hubiera estado y la Universidad sería seguramente un poquitito distinta.
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