Movilidad, edificios y sierras, bajo la mirada de Nicolás Guadagna
El arquitecto y urbanista planteó la necesidad de repensar la movilidad, el crecimiento de la ciudad y la relación con las sierras.
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Nicolás Guadagna es arquitecto y urbanista tandilense. Después de estudiar en la Universidad de Buenos Aires y vivir durante 15 años en la Capital Federal, regresó a su ciudad natal, donde actualmente desarrolla su actividad profesional.
En el marco de Tandil 2050, el ciclo de entrevistas que lleva adelante Rodrigo Rotonda, director de Grupo Rotonda, compartió su mirada sobre los desafíos que enfrenta Tandil y las decisiones que considera necesario abordar para proyectar su crecimiento.
Entre los temas que destacó, la movilidad ocupa un lugar central. Guadagna cuestionó la preponderancia del automóvil en una ciudad que conserva condiciones para favorecer los desplazamientos a pie y en bicicleta.
En ese sentido, consideró que la incorporación de bicisendas y el fortalecimiento del transporte público deberían formar parte de una discusión más amplia sobre el modelo urbano.
También se refirió a las características de las nuevas construcciones, con una propuesta orientada a preservar espacios abiertos, ventilación e ingreso de luz natural, sin perder de vista la necesidad de compactar la ciudad y evitar una expansión desordenada.
Con el casco de realidad virtual, y de cara a 2050, estimó que Tandil continuará creciendo y podría alcanzar los 450.000 habitantes si se mantiene la tendencia demográfica.
En ese sentido, sostuvo que será necesario definir hacia dónde orientar ese crecimiento y concentrar allí infraestructura, servicios y equipamiento.
Además, planteó la importancia de repensar el acceso a las sierras, a las que identificó como parte fundamental de la identidad local.
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-Para quienes no te conocen, ¿quién es Nicolás Guadagna?
-Soy tandilense, de formación arquitecto urbanista. Estudié en la Universidad de Buenos Aires, viví 15 años en Buenos Aires. Entrando en la pandemia dije: ‘Che, yo acá no me quedo’, porque me dio miedo. Y me vine a Tandil, a mi forma de entender por 15 días. Pero me quedé seis meses y dije: ‘Acá está pasando algo, mejor me vuelvo’. Y después de varias idas y vueltas, vine a vivir y a ejercer a Tandil.
-Contame un poco de tu pasado, a qué colegio fuiste…
-Fui a la Escuela 34, después terminé en San José. Fui al Club Independiente, te conocí ahí. Mi grupo de amigos es diverso. Cuando terminé el colegio tenía muy claro que iba a estudiar Arquitectura. Me fui a Buenos Aires, a pesar de que mi papá era el decano del Mar del Plata, y estudié ahí. Fue una gran decisión porque Buenos Aires es una ciudad única.
-¿Y hoy te gusta Tandil?
-Sí, es mi lugar en el mundo probablemente, y es una ciudad espectacular para vivir. Hay que seguir puliendo la piedra, hay que seguir trabajándola. Pero me gusta Tandil, me gusta mucho.
-Bueno, sabiendo que te gusta, ¿qué es lo que no te gusta? O ¿qué te gustaría que se hiciera mejor?
-La movilidad es algo que verdaderamente me impacta. Me acuerdo de que con los chicos lo hablábamos siempre: En Tandil en cinco minutos estás en todos lados. Bueno, eso para mí ya no es real. En Tandil hay muchos autos, se maneja muy rápido. Creo que hay un promedio de dos autos por familia y si todo el tiempo nos jactamos de que es una ciudad de escala humana, considero ridícula tanta preponderancia al auto. A pesar de que las cuadras son más largas, es una ciudad caminable, el paisaje es lindo, las veredas en líneas generales están bien. Entonces me parece que esa situación, sin duda alguna, merece una reflexión.
-Con eso estás diciendo que tranquilamente se podría invertir en bicisendas.
-Me encantaría. Es un sueño, la verdad. Más de una vez he escuchado –y yo también lo digo a veces-: Tandil es el Silicon Valley de la región en función del ecosistema tecnológico. Bueno, pensar una movilidad sostenible, una movilidad donde el peatón o ciclista esté en primer plano por sobre el tráfico rodado, es un desafío. Además es una infraestructura de bajo costo y de gran impacto. Obviamente que hay que tener los consensos y hablar con la gente, pero es de bajo costo y se puede hacer tranquilamente.
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-¿Qué ciudad tenés como referencia?
-No sé si voy a hablar de ciudades de esta escala, de ciudades intermedias. Pero todo el tiempo en mi cabeza está que si ciudades de otra escala, con intereses mucho más densos (Buenos Aires, Córdoba, algún sector de Mar del Plata, Rosario), han podido resolver varios de estos problemas, Tandil, justamente por su escala humana, debería poder tener algunas charlas sobre la mesa, e incluso en la gestión pública. Me refiero a los gestores públicos o las oposiciones hablando de estos temas. Entonces esas ciudades sirven. Después Medellín en Colombia, Curitiba en Brasil, han hecho un urbanismo fantástico. No te estoy hablando de ciudades europeas; es Latinoamérica, con recursos parecidos a los nuestros.
-¿Y qué crees que es lo que falta o lo que pasa por lo cual esas cosas no se pueden resolver?
-Creo que hay algo de idiosincrasia y eso de última está bien porque, para hacer urbanismo, primero tenés que observar, no podés venir a hacer ‘tabula rasa’, cargarte todo y proponer. Entonces creo que hay algo de idiosincrasia, de costumbre del traslado en auto, y a veces también la función pública debe hacer algo de docencia. Cambiar el tráfico, cambiar el uso del auto como primera posibilidad de transporte por la caminabilidad, por ejemplo, que tiene múltiples beneficios. Es decir, caminás, andás en bicicleta, minimizás la vida sedentaria, por ejemplo. Eso es un círculo vicioso: Menos enfermedades cardiovasculares, por dar un ejemplo. Creo que sobre todo es costumbre y tal vez no sé si comodidad, pero va a llevar tensión tener estos temas también.
-Creo que también ahí hay un gran desafío en lo que es el transporte público, ¿no?
-Si vos le quitás prioridad al tráfico rodado personal, sin duda que tenés que invertir fuertemente en el transporte público. En un colectivo viaja mucha más gente que en un auto, aunque puedas hacer un pool. Una madre o un padre levantan cuatro o cinco nenes. Un colectivo carga muchas más personas. Sin duda que va de la mano también de inversión pública para el transporte.
-¿Se está construyendo bien en Tandil? Según tu mirada: ¿Se está haciendo bien en el sentido de que va según el PDT (Plan de Desarrollo Territorial) o se podría hacer un poquito mejor?
-Yo me imagino que Tandil, o al menos su casco principal, debería ser algo más poroso. ¿Qué quiere decir? Un edificio al lado del otro a la larga es un cono de sombra impresionante. Yo veo que las inmobiliarias y los desarrolladores venden con mucha potencia la calle Paz, la calle Chacabuco. Pero yo no sé si está bueno un edificio al lado del otro. Casualmente son calles donde creo que nació el viento. Por algún motivo son más ventosas. Entonces caminar por ahí a la larga -diez, doce, quince años- tal vez será un cono de sombra como en Recoleta. No estoy diciendo que Recoleta esté mal, es uno de los barrios más lindos de Buenos Aires, probablemente de Latinoamérica. Pero si nosotros tuviéramos la posibilidad de pensar, de unificar terrenos a los fines de que la tipología torre -es decir cuatro caras libres- vuelva a tener protagonismo, estaríamos logrando aire, ventilaciones cruzadas, ingreso de luz, ventanas a la calle sobre la vereda. Entonces, ¿se está construyendo bien? Está buenísimo porque es una economía del movimiento: Puestos de trabajo directos, indirectos, recaudación para el Estado municipal. En ese aspecto es fenomenal. A la larga, yo no quisiera caminar rápido por estas dos calles, por dar un ejemplo, prefiero una ciudad más porosa.
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-¿Y quizá descentralizada, o sentís que al mismo tiempo también hay que subir la densidad del centro? ¿Cómo lo ves a eso?
-Esa es una buena discusión. No me gustaría perder la visual que tenemos a las sierras. Vos, por ejemplo, vas caminando por Belgrano o en auto -que también sucede a pesar de que prefiero caminar- en el sentido de la calle y cuando estás llegando a Rodríguez o pasando Independencia, ya ves toda una sierra espectacular que aparece como telón de fondo. No quisiera que nada de todo eso se pierda, pero a su vez también la evidencia indica que compactar es mejor que expandir. Entonces las alturas capaz que están bien, pero si hacemos esto que te planteo de incentivar la tipología torre y tenemos estos huecos, me da la sensación de que se pueden mantener las dos cosas.
-¿Cómo ves el Tandil del 2050 en este sentido?
-Con un crecimiento absoluto, los censos mismos lo indican. Tenemos que, con urgencia, empezar a intencionar hacia dónde. Otra vez: La ciudad se proyecta en función de la evidencia y de la observación. Entonces, hoy vemos que la expansión de la mancha urbana es muy grande. Tal vez habrá que incentivar a que sucedan en algunos lugares determinados a los fines de hacia a qué lugar vamos a llevar la infraestructura, los servicios, los equipamientos. Veo una ciudad que no va a parar de crecer, que probablemente llegue a 450.000 habitantes. No es un número a lo loco. En un principio dijimos: ‘Che, ¿estás seguro?’. Pero el censo indica que, si se mantiene la tendencia, va hacia ahí. Vamos a ser muchos y hay que priorizar. El transporte es algo que me preocupa mucho.
-¿Y crees que hay que pensar también en las ciudades aledañas a Tandil?
-Yo creo que esas ciudades se ven cien por ciento beneficiadas de lo que sucede acá. Muchas veces con un amigo planteamos que si no se puede seguir durmiendo la siesta en el centro de Tandil, vamos a ir a vivir a Balcarce. En Balcarce veo cosas de Tandil de hace veinte años. No sé si hay que pensar las ciudades periféricas, pero sí, por ejemplo, en la red vial que las conecta. La 226 es una cicatriz absoluta para Tandil y estas ciudades. Por ahora, en función de lo complejo que es pensar esta, imagínate el resto; me quedaría con todas las cosas que están dentro del partido de Tandil: Vela, Gardey, que son lugares divinos, ni siquiera voy a decir detenidos en el tiempo, pero lugares que están creciendo a la altura de donde están.
-Te vamos a poner ahora el casco y acá vas a ver el Tandil del 2050. ¿Qué ciudad ves?
-Creo que todas estas charlas que venimos teniendo desde hace por lo menos dos años -que salieron de los claustros académicos, del Municipio, de funcionarios y que están en los asados de cualquier grupo de amigos- van a valer la pena y va a haber tensión. Entonces, estoy acá mirando una ciudad porosa, una ciudad caminable, una ciudad con árboles. En el centro de Tandil no hay árboles, acá los estoy viendo. Una ciudad con bicisendas, una ciudad que mantiene su escala humana a pesar de que creció demográficamente.
-Si querés sacátelo. ¿Crees posible a esa ciudad con el rumbo que tenemos hoy?
-Insisto con esto: Creo que hay muchos jugadores del sector público, del sector privado, muchos vecinos que empiezan a involucrarse. La veo posible a pesar de la tensión que va que va a traer. De esto estoy convencido porque el hecho de hacer ciudad es complejo. Hay muchos intereses en juego, desde el precio de la tierra al acceso a la vivienda; ahí hay una relación directa. La veo posible porque somos muchas personas e instituciones que quieren defender la ciudad en la que se criaron.
-¿Cuál crees que es el principal rol que tiene una persona como vos? Un arquitecto o un urbanista.
-Esa pregunta me gusta, lo pienso muy seguido. No da igual la arquitectura que uno hace, los proyectos urbanos que uno piensa, porque vos estás implantando una pieza en una ciudad existente. Esas decisiones proyectuales que vos tomás no solo impactan en el comitente, en la persona que te encargó la obra, sino en el resto de la ciudadanía. Hacer arquitectura tiene una responsabilidad ciudadana. Por tal motivo, yo, Roberto mi papá y Eugenia mi hermana, que son parte de nuestro estudio, trabajamos juntos con otros colegas, y tenemos determinada responsabilidad sobre cada pieza arquitectónica que intervenimos.
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-¿Y crees que eso se traslada al resto de los profesionales de Tandil? Sin poner nombre y apellido.
-Hay de todo. La verdad es que hay profesionales que se hacen cargo de su pieza arquitectónica y hay otros que, no digo que no les importa, porque muchas veces también consensuar con el comitente es extremadamente complejo. Pero entre el deseo del proyectista y el deseo del comitente, hay que tratar siempre de llegar a un punto medio.
-Nico, ¿te gustaría que Tandil tuviese algo que hoy no tiene?
-Sí, me gustaría que repensemos nuestra relación con las sierras. Pienso en mi mamá, que su relación con las sierras es como la nuestra, como la mía: Es fabulosa. Cada vez que puede va a las sierras. Pero otras generaciones no tuvieron ese vínculo que nosotros tenemos con ellas. Entonces Tandil con urgencia tiene que definir su relación con las sierras en términos de acceso, de caminarlas, de transitarlas. Cuando hay una carrera, vos podés acceder, pero son caminos privados. Ahora bien, un fin de semana normal, no podés entrar a tal o cual lugar y está bien, la propiedad privada está por sobre todas las cosas. Sin embargo, nuestra identidad está totalmente atravesada por este espíritu serrano. Entonces, sí me gustaría que veamos cómo va a ser nuestra relación. No sé, pienso en Carba, pienso en los espejos de agua de Montecristo. Hay un montón de lugares que hoy están en un gris, en una tensión rara, y creo que eso me gustaría que lo resolvamos.
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