Entre los años del documento y la edad que sentimos: el desafío de desterrar mandatos en la adultez
Más allá de la fecha de nacimiento guardada en el documento, la forma en que cada persona percibe el paso del tiempo responde a un mapa emocional dinámico. En una era de longevidad inédita, el verdadero desafío de la salud radica en desmontar la exigencia del ‘envejecimiento perfecto’, reconectar con los propios recursos y habitar entornos comunitarios que le devuelvan el sentido al proyecto de vida.
El reloj biológico marca un ritmo ineludible, pero la vivencia interna del tiempo transcurre por andariveles completamente distintos.
Por eso resulta indispensable abrir el debate sobre un fenómeno cada vez más extendido en la sociedad contemporánea: la brecha entre la edad cronológica y la edad subjetiva. ¿Por qué la cifra inscrita en el documento pocas veces coincide con cómo nos sentimos al despertar? ¿Qué peso ejercen las expectativas externas en nuestro bienestar diario?
La edad subjetiva: una respuesta emocional genuina
La cantidad de años acumulados en el calendario no siempre refleja el estado de ánimo ni la energía vital. La gerontología denomina ‘edad subjetiva’ a esa vivencia interna que varía según las circunstancias diarias.
"En realidad, la edad subjetiva es cómo me siento yo en este momento. Cuestión que varía mucho incluso a lo largo del día, de la semana, pero que en realidad es una respuesta emocional genuina", explicó Karina Alejandra García, licenciada en Gerontología y responsable de Nos, Usina de Ideas.
Esta percepción se construye en permanente interacción con el entorno y la comparación con los pares. "¿En relación a qué me siento más joven o más viejo? ¿A lo esperado, a cómo veo a mis compañeros del secundario veinte años después?", planteó.
Frente a generaciones anteriores, el contexto actual ha cambiado de manera sustancial: "la expectativa de vida avanzó muchísimo. Hoy se viven más años con otras posibilidades porque hay enfermedades que tenían carácter mortal y hoy tienen tratamiento o cura. Hay un pensamiento mucho más libre y amplio sobre cómo quiero vivir, y eso cambia la regla, cambia la vara".
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Los nuevos mandatos y la trampa del envejecimiento exitoso
Aunque la sociedad ha flexibilizado ciertas estructuras tradicionales, la adultez contemporánea enfrenta la presión de imperativos renovados.
Se exige estar eternamente activo, delgado, hiperproductivo y visiblemente feliz. En este sentido, “la definición clásica de la Organización Mundial de la Salud que interpreta la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social resulta difícil de sostener en lo cotidiano. "¿Quién lo tiene? ¿Cuántas veces en la semana o en el mes te sentiste así?", reflexionó la profesional.
La imposibilidad de alcanzar metas utópicas suele derivar en altos niveles de frustración. "Cuando uno no llega a ese mandato impuesto de tener que ser joven, delgado, estar siempre feliz, queda mucha gente que la pasa mal, que siente que fracasó en el trabajo, en la familia o en lo social. Y eso va a dar por respuesta un tipo de envejecimiento distinto", advirtió.
Para desarmar esta presión, la licenciada enfatizó que la madurez es una construcción paulatina: "uno no es que envejeció de un día para el otro, sino que fuiste acumulando éxitos, fracasos, decisiones y soluciones. Cuando decido comprar una galletita con azúcar o sin azúcar, o cuando decido que es bueno para mi vida hacer actividad física o no, ahí estoy construyendo mi envejecimiento", apuntó.
El freno del ‘a mi edad’ y la demanda en el consultorio
Uno de los mayores obstáculos para encarar nuevos proyectos en la madurez es el prejuicio social interiorizado.
"Está mucho esto de 'a mi edad qué voy a empezar, a mi edad qué voy a hacer'. Ese es el mandato: 'ya no tenes edad para esto, no da que te vistas de esa manera, no da que salgas de noche'", señaló la gerontóloga.
Y en este punto, García indicó que esa autoexigencia suele llevar a las personas a buscar acompañamiento profesional cuando el agotamiento resulta insostenible.
"Lo que más se escucha en consultorio es esto, el no alcanzar. En esa vara tan alta de lo que tenes que alcanzar, cuando sentís que no llegas, es cuando realmente venís a consultar. Mientras podes con todo, seguís en la maratón. El tema es qué hacemos para que no te quedes al final de la carrera, sino que te des cuenta en el intermedio de decir: 'ya lo que estoy haciendo no me alcanza y quiero más'".
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Salud mental: desarmar tabúes, la culpa y la responsabilidad de nuestras palabras
El abordaje de la salud mental en la adultez es una de las asignaturas pendientes más urgentes dentro de la salud comunitaria, un terreno a menudo atravesado por el tabú, la culpa y la falta de escucha.
"Hay tanto trabajo para hacer en términos de salud mental, desde darnos cuenta por un lado de que sentir emociones no es estar enfermo, es habilitar lo que realmente te pasa", enfatizó Karina García.
Y remarcó la responsabilidad compartida: "no solo hacia uno, sino hacia el otro; la responsabilidad que tenemos sobre lo que le decimos o cómo actuamos con otra persona. Ahí tenemos muchísimo por construir".
En este trayecto vital, el propio proceso de envejecer representa una transición natural con sus propios desafíos.
"El crecimiento no deja de ser una crisis vital más de la que podemos salir más o menos preparados. En ese vivir se van a dar momentos de estar mejor y momentos de más conflicto", aclaró la especialista.
Sin embargo, advirtió que es fundamental no patologizar las altibajos cotidianos: "hay que recordar este concepto que decimos siempre: la salud es un estado en el que uno entra y sale constantemente, estamos enfermos y sanos”.
Y agregó que la salud mental “es una característica más dentro de nuestro estado de salud. Yo me puedo sentir muy mal hoy porque no me salió algo, porque no alcancé a hacer esa tarea del trabajo o quizás porque no tuve la mejor devolución que esperaba de alguien, y eso no quiere decir que yo esté depresivo, angustiado o que no sirva para nada, porque eso se lleva la autoestima".
Uno de los grandes escollos para externar el sufrimiento psicológico es la sobrecarga de deber ser. "Nosotros vivimos la salud mental con mucha culpa. Si estoy bien, estoy bien para los demás; y si estoy mal, me tengo que arreglar para estar bien para los demás. Cuesta mucho hablarlo, justamente por el peso que tiene para los demás y porque quizás decirlo, ponerlo sobre la mesa, es dar lugar a que el otro pueda opinar. Y a veces eso es lo que más miedo nos da", señaló.
Frente a la mirada ajena que a veces juzga con ligereza, García invitó a ejercitar la empatía, recordando que muchas veces “la conducta o el aspecto físico de alguien esconde batallas invisibles”.
"A veces la asociación no es tan directa. Me pueden estar pasando un montón de cosas y quizás lo que estás viendo de mí en ese momento es el mayor esfuerzo que pude haber hecho. Entonces nuestros comentarios, las palabras que usamos, nos pueden agredir realmente y hacer que ese día que venía bien sea terrible".
Por este motivo, la comunicación entre las personas adquiere un valor terapéutico que no debe minimizarse.
"Las palabras no son inocuas, tienen un gran valor. Es casi como una pastilla, es un superpoder si queremos. Yo te puedo hablar de una determinada manera en que a vos te ayude; así como te puedo hacer muy mal, también tengo que pensar que esa herramienta de comunicación puede ser una herramienta para que estés mejor. ¿Por qué no hacer eso y compartirlo como una vitamina con todo el mundo? Hablarnos bien no nos cuesta nada", reflexionó la licenciada sobre la necesidad de aflojar la tensión y la actitud defensiva con la que muchas veces transitamos el día a día.
La fuerza de la red social y las comunidades convivenciales
Sostener la autonomía y la motivación requiere de un entorno afectivo que brinde contención y seguridad. "Se han hecho muchísimos estudios que demuestran que las personas que se mantienen en entornos vincularmente saludables tienen una mejor expectativa de vida, aún con enfermedades crónicas complejas. Reconocer que estar con personas que te traten bien es una ganancia en términos de salud", destacó la especialista.
Esta búsqueda de espacios seguros ha impulsado nuevas modalidades de vivienda comunitaria y cohousing para adultos mayores. "Lo que tienen de positivo estas viviendas es volver al barrio, al club, a generar eso de pertenecer a un lugar. Estas alternativas buscan la participación activa y protagónica. Es como vivir en la vecindad del Chavo, pero de verdad", graficó García.
Para concluir, la especialista invitó a bajar las expectativas desmedidas y aprender a valorar los avances cotidianos: "el mayor estado de bienestar es la felicidad. Hay muchos pasos que tengo que ir dando antes y que tengo que ir valorando mientras suceden para llegar a ese gran objetivo. La vida tendría que ser como estar en vacaciones, como estar todo el tiempo con esas ganas renovadas de querer estar bien".
A la licenciada Karina Alejandra García la pueden encontrar en Nos, Usina de Ideas: Consultorio de Rehabilitación Cognitiva Integral, ubicado en la calle 14 de Julio 178. O a través de Instagram como @envejesiendonos