Mirar más allá del síntoma: una nueva forma de pensar la salud
La Medicina de Estilo de Vida busca abordar la salud de manera integral y trabajar sobre aquello que hacemos todos los días: alimentación, actividad física, sueño, estrés, vínculos y consumos.
La Medicina de Estilo de Vida no se trata de una dieta ni de una rutina de ejercicios. Propone incorporar los hábitos cotidianos como parte del abordaje de la salud, acompañando a cada persona para que pueda realizar cambios progresivos y duraderos.
La importancia de la escucha, la reducción de la autoexigencia y el desafío de pensar comunidades más saludables.
Una medicina que mira más allá del síntoma
La Medicina de Estilo de Vida es un enfoque de atención que utiliza los hábitos cotidianos como una herramienta para prevenir enfermedades, acompañar el tratamiento de algunas patologías y mejorar la calidad de vida.
En lugar de concentrarse únicamente en un síntoma o en un resultado de laboratorio, busca conocer cómo vive la persona, qué come, cómo duerme, cuánto se mueve, cómo gestiona el estrés y qué vínculos sostiene.
“Es como una nueva mirada en la cual los hábitos de cada uno de nosotros se utilizan para prevenir la mayor cantidad de enfermedades que se puede, en algunos casos curar enfermedades, pero en todos los casos mejorar la calidad de vida de la persona que viene a consultar”, explicó la doctora María Laura Villalta, otorrinolaringóloga y diplomada en Medicina de Estilo de Vida.
En diálogo con Eco Salud de El Eco Multimedios, la especialista remarcó que “cuando se habla de hábitos es, justamente, de aquellas cosas que las personas hacen todos los días y que muchas veces pasan desapercibidas”.
Sin embargo, apuntó, tienen un impacto directo tanto en cómo nos sentimos en el presente como en nuestra salud futura.
Prevenir enfermedades crónicas
Uno de los principales ejes de este enfoque son las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas la hipertensión, la diabetes, la hipercolesterolemia, las enfermedades respiratorias y las patologías cardiovasculares.
Según explicó Villalta, “muchas de estas enfermedades están relacionadas con múltiples factores y, en determinados casos, los cambios de hábitos pueden contribuir a prevenirlas, mejorar su evolución e incluso revertirlas”.
Por eso, la propuesta no consiste solamente en mirar un valor alterado en un análisis. “Se trata de ver al otro no solamente como ese aumento de los triglicéridos, como ese resultado de laboratorio, sino con todo lo que viene atrás, con su historia, con lo que le pasó, con el miedo que viene de la mano de ‘mi papá también tenía altos estos valores’”, señaló.
En ese abordaje también aparece la genética. Frente a la idea frecuente de que una persona está inevitablemente determinada por sus antecedentes familiares, Villalta planteó que “es necesario mirar qué aspectos sí pueden modificarse a través de las conductas cotidianas”.
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Los seis pilares
La Medicina de Estilo de Vida trabaja sobre seis grandes áreas: actividad física, alimentación, sueño, gestión del estrés, vínculos y sustancias tóxicas, dentro de las cuales también se contempla el uso de pantallas.
El objetivo no es modificar todo al mismo tiempo. Por el contrario, “uno de los principios centrales es comenzar por aquello que la persona está en condiciones reales de cambiar”, subrayó la doctora.
“Si empezamos a querer hacer todos los cambios juntos, vamos a fracasar”, sostuvo la especialista, y explicó que la idea es avanzar de manera progresiva para poder construir hábitos que se mantengan en el tiempo.
Así, “una persona que necesita incorporar más movimiento puede comenzar, por ejemplo, dejando el auto unas cuadras antes del trabajo. Quien quiera mejorar su alimentación puede empezar incorporando una fruta o una porción de legumbres. No se trata de alcanzar un ideal de un día para otro, sino de encontrar un primer paso posible”, aconsejó.
Menos exigencia y más posibilidades
En una sociedad atravesada por la búsqueda de resultados rápidos, la propuesta también pone el foco en la frustración que puede generar intentar modificar demasiadas cosas simultáneamente.
Villalta habló de la necesidad de trabajar sobre “la ansiedad de la perfección” y planteó una idea sencilla: avanzar un uno por ciento cada día.
“Nosotros hablamos mucho de la regla del 1 por ciento: 1% mejor en la comida, 1% mejor en el sueño, 1% mejor en el ejercicio. Y eso hace que esa suma de 1% al fin del día, al fin del mes y al fin del año sea un montonazo”, explicó.
La construcción de un hábito requiere tiempo. “Hay comportamientos sencillos que pueden automatizarse rápidamente, pero otros vinculados con la alimentación, la actividad física, el descanso o el uso de pantallas necesitan procesos más prolongados”, destacó.
El celular, el sueño y la necesidad de poner límites
Entre los hábitos que hoy requieren especial atención aparece el uso de dispositivos electrónicos. El teléfono puede ocupar buena parte del día y, especialmente cuando se utiliza antes de dormir, interferir con el descanso.
La propuesta no necesariamente es eliminarlo, sino utilizarlo de manera consciente y establecer límites. “Le voy a dedicar tiempo al celular porque por trabajo tengo este tiempo, pero a tal hora lo apago porque sé que la luz azul del celular a mí me afecta en mi calidad de sueño”, ejemplificó Villalta.
La clave vuelve a ser la posibilidad de sostener el cambio. “Hacerlo un día puede ser sencillo; repetirlo cotidianamente hasta convertirlo en un hábito es el verdadero desafío”, indicó.
La salud también se construye con otros
Otro de los pilares es el vínculo con otras personas. Desde esta perspectiva, la salud no se limita a la alimentación o al ejercicio, sino que también incluye la posibilidad de contar con una red de contención y espacios de encuentro.
Villalta destacó el valor de tener un grupo, un club, un hobby o actividades que permitan compartir con otros. También mencionó la posibilidad de participar como voluntario o colaborar con instituciones.
En ese sentido, la gestión del estrés adquiere un lugar central. “No hay que minimizar lo referido al estrés y con la salud mental en general”, advirtió. Y señaló que el estrés sostenido puede tener consecuencias sobre distintos aspectos de la salud.
La especialista propuso distintas herramientas para abordarlo: terapia, vínculos, actividades recreativas, meditación, participación comunitaria y acciones solidarias. “Si no sabemos gestionar el estrés, habrá un montón de otras cosas que no nos saldrán bien”, sostuvo.
De la consulta individual a una ciudad saludable
La mirada de la Medicina de Estilo de Vida también puede trasladarse de la persona a la comunidad. Villalta planteó la necesidad de pensar políticas públicas que faciliten elecciones saludables y no depositen toda la responsabilidad en cada individuo.
En ese sentido, puso como ejemplo “la posibilidad de contar con senderos seguros para caminar o andar en bicicleta, espacios para realizar actividad física y lugares de encuentro”.
“Para que Tandil sea una ciudad saludable tenemos que tener más que algunos senderos para hacer, por ejemplo, ciclismo o para caminar. Que un chico pueda salir de su casa y llegar por un sendero seguro a la escuela, es una política pública”, explicó.
La especialista consideró que para avanzar en ese sentido “es necesario involucrar a distintos sectores de la comunidad y generar datos que permitan medir el impacto de las intervenciones”.
Una ciudad que invita a moverse
En ese desafío, Tandil cuenta con características que pueden favorecer una vida más activa. Las sierras, los espacios naturales y las posibilidades de realizar actividades al aire libre aparecen como recursos que pueden aprovecharse mucho más.
“Tenemos una ciudad que nos invita”, afirmó Villalta, quien destacó que “caminar, salir con amigos, hacer un picnic o realizar actividad física en contacto con la naturaleza también puede contribuir a gestionar el estrés”.
La propuesta, entonces, no pasa solamente por sumar actividades a una agenda ya cargada, “sino por recuperar espacios cotidianos de movimiento y encuentro”.
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Vivir más, pero también vivir mejor
El aumento de la expectativa de vida y los cambios demográficos plantean nuevos desafíos para la salud pública.
En ese escenario, la Medicina de Estilo de Vida propone poner el foco no solamente en cuánto tiempo vivimos, sino también en cómo llegamos a esas edades.
Villalta cuestionó “las propuestas que prometen soluciones rápidas para alcanzar la longevidad” y planteó “volver la mirada hacia prácticas sencillas: moverse más, compartir con otros, trabajar en una huerta, caminar y recuperar actividades que no dependan de una pantalla. Somos un todo y por eso está bueno que nos veamos así”, resumió.
Desde esa perspectiva, la prevención no aparece como una exigencia más, sino como un proceso construido a partir de pequeñas decisiones cotidianas.
“El desafío consiste en encontrar cuáles son posibles para cada persona y sostenerlas en el tiempo”, concluyó la especialista.
Una charla abierta sobre hábitos y longevidad
En el marco de Flama, la próxima semana se realizará una charla gratuita para profundizar sobre Medicina de Estilo de Vida, hábitos saludables y longevidad.
La actividad estará a cargo de la doctora María Laura Villalta y el doctor Guillermo Martínez, médico clínico y diplomado en Medicina de Estilo de Vida, y contará también con la participación de la licenciada en Nutrición, Natasha Dirialdi, quien abordará la alimentación en las llamadas zonas azules.
El encuentro será el 16 de septiembre a las 18:30 en la Escuela Municipal de Talentos, con inscripción previa.
La propuesta busca generar un espacio para conversar, despejar dudas y revisar algunos de los conceptos y tabúes que existen alrededor de la salud, los hábitos y la longevidad.
A la doctora María Laura Villalta la pueden encontrar a través de su cuenta de Instagram: @dra.lauravillalta