Alimentación: los mitos que todavía condicionan nuestra forma de comer
¿Hay que hacer dieta para alimentarse saludablemente?. ¿Cuántos huevos se pueden comer?. ¿Las personas con diabetes deben eliminar los carbohidratos?. ¿Todos necesitamos hacer la misma cantidad de comidas?. Muchas de las ideas instaladas sobre nutrición no tienen una única respuesta y deben pensarse desde las necesidades de cada persona.
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Durante años, la alimentación estuvo rodeada de prohibiciones, cantidades rígidas y reglas que parecían aplicables a todos por igual. Sin embargo, comer saludable no significa necesariamente hacer dieta ni eliminar alimentos.
La organización, la calidad de lo que se consume, la combinación de nutrientes y la relación emocional con la comida son algunos de los aspectos que hoy permiten repensar viejas creencias sobre la alimentación.
Comer es mucho más que alimentarse
La alimentación atraviesa distintos aspectos de la vida cotidiana. No se trata únicamente de incorporar nutrientes, sino también de considerar dónde, cuándo, cómo y con quién se come.
“En realidad comer o el acto de alimentación es mucho más allá de llevarse un alimento a la boca. Hay algo que se llama comensalidad, que es el hecho de con quién comemos, cuándo comemos, si lo hacemos solos, en familia, frente a una pantalla, en el trabajo”, explicó Mercedes Bohigues, licenciada en Nutrición de Nos, Usina de Ideas, Consultorio de Neurorehabilitación Integral para Adultos.
En diálogo con Eco Salud de El Eco Multimedios, la licenciada remarcó que “cada persona construye además una relación particular con los alimentos, atravesada por su historia, sus horarios, sus actividades y sus costumbres”. Por eso, remarcó que adaptar la alimentación a la vida cotidiana resulta fundamental.
“El acto de comer es más allá de nutrirse, es darse amor también. Yo siempre les digo, no es lo mismo comer algo al paso, levantarse, comer, salir rápido para el trabajo que hacerte tu plato, que te guste, que entra por los ojos también, que sea colorido”, señaló.
En ese sentido, aparece un concepto cada vez más presente: la alimentación consciente. Prestar atención al momento de comer, registrar lo que se está haciendo y conectar con ese acto también forma parte de una alimentación saludable.
Alimentación saludable no es sinónimo de dieta
Uno de los primeros conceptos que busca desterrar es la idea de que para alimentarse bien necesariamente hay que hacer una dieta.
“No, un rotundo no. Yo estoy bastante en contra de la palabra dieta. No me gusta para nada. Siempre digo que la dieta es algo que tiene un principio y un final”, sostuvo.
La propuesta pasa por construir hábitos que puedan mantenerse a lo largo del tiempo y que sean compatibles con la vida de cada persona. “Una alimentación saludable son hábitos y sostenidos en el tiempo. Que lo pueda sostener, que sea adaptado a tu vida, a tus gustos, a tu situación económica”, explicó.
De esta manera, no existe una única fórmula válida para todos. La alimentación debe contemplar las necesidades individuales y también las posibilidades concretas de cada persona.
El paladar también se entrena
Otro de los mitos que aparecen alrededor de la alimentación es que todo aquello que resulta rico necesariamente es poco saludable.
“Hay formas de hacer cosas saludables, comidas saludables y que sean ricas también. Siempre les digo que el paladar se entrena”, afirmó.
Ese entrenamiento comienza desde la infancia y puede continuar durante toda la vida. “Los hábitos alimentarios incorporados en los primeros años pueden influir posteriormente en la aceptación o rechazo de determinados alimentos”, apuntó Bohigues. Pero también resaltó que “los adultos pueden ampliar sus preferencias”.
Probar nuevos alimentos puede ampliar progresivamente el abanico de opciones y permitir descubrir sabores que antes eran rechazados simplemente por desconocimiento.
No existe una cantidad de comidas que funcione para todos
Tres, cuatro o cinco comidas al día. El debate sobre cuántas veces hay que comer también forma parte de la gran cantidad de información que circula actualmente.
“Hay mucha sobreinformación en nutrición. Cualquier persona que tiene un celular abre redes sociales. Por eso es tan importante adecuar la persona”, planteó la nutricionista.
No necesariamente todos necesitan realizar la misma cantidad de comidas. “Quizás yo te digo: sí, tenes que comer las cuatro comidas en el día. Otra persona necesita más comidas. Quizás otra elige un ayuno y saltea un desayuno, una cena y tal vez con el acompañamiento de un profesional también está bien y es respetable”, explicó.
La clave, entonces, está en abandonar las reglas universales y pensar qué necesita cada persona. “No hay una ley general, sino que se tiene que adaptar a la persona con la que estoy planeándolo”, remarcó.
La nutrición dejó de estar asociada solamente al descenso de peso
Durante mucho tiempo, la consulta nutricional estuvo fuertemente vinculada con el sobrepeso. Sin embargo, las demandas actuales son mucho más amplias.
“Hoy al consultorio, por suerte, la nutrición ha ido cambiando mucho y cada vez hay más consultas de patologías en sí”, destacó.
Personas con enfermedades intestinales, deportistas que necesitan planificar su alimentación, mujeres que atraviesan la perimenopausia o la menopausia y quienes simplemente quieren aprender a alimentarse mejor forman parte de las consultas actuales, describió la nutricionista.
“Puede ser una mujer perimenopáusica o menopáusica que también está con hormonas y todos esos cambios y requiere adecuar consumo de proteínas, por ejemplo”, señaló.
Y también existe otra demanda que define como especialmente valiosa: aprender a comer. “Gente que también simplemente quiere aprender a comer. A mí me gusta enseñar a comer o alimentarse o qué es lo importante y que después cada uno mantenga sus hábitos”, expresó.
Organización: una herramienta clave
La planificación cotidiana puede ser determinante a la hora de sostener una alimentación saludable. “La organización es la clave”, resumió, Bohigues.
Tener disponibles los alimentos que se necesitan permite reducir la improvisación y evitar que la falta de opciones termine llevando a elegir lo más rápido o accesible en ese momento.
“Si uno da esa charla de que tengo que consumir, por ejemplo, una proteína, una carne, pollo, pescado, huevos y llego en el almuerzo, abro la heladera y no tengo nada de todo eso, es muy probable que en mis almuerzos no esté presente”, explicó.
Por eso, la licenciada propone pensar las compras en función de la semana: supermercado, dietética y verdulería pueden convertirse en aliados para anticipar las comidas y facilitar la incorporación de determinados alimentos.
El huevo y el final de un viejo mito
Durante años, el huevo estuvo asociado a restricciones vinculadas con la suba del colesterol. Sin embargo, esas recomendaciones cambiaron.
“Eso también es otro de los mitos de nutrición. Y no hace tanto porque recuerdo estar en la facultad y alguna que otra recomendación era no más de dos, tres huevos por semana”, recordó.
Actualmente, el huevo puede formar parte de diferentes comidas y constituye una fuente de proteínas y grasas. “Los huevos son excelentes. Es un alimento muy rico, de alto valor, que tiene proteínas, grasas buenas, es muy versátil”, destacó.
Su versatilidad también permite incorporarlo en desayunos, meriendas y distintas preparaciones.
Diabetes: no se trata solamente de eliminar el azúcar
Uno de los puntos centrales de la alimentación vinculada con la diabetes es comprender que la enfermedad no se reduce simplemente a evitar el azúcar.
“La diabetes es una condición que afecta los niveles de glucemia en sangre. Y la alimentación lleva un papel muy fundamental también, muy importante, más allá del medicamento”, explicó.
En ese contexto, reemplazar el azúcar por edulcorante no necesariamente convierte una comida en adecuada.
“No es solamente controlar el azúcar. Una persona puede decir que consume edulcorante y ya. Pero quizás está desayunando una bomba de carbohidratos que también es similar”, ejemplificó.
La clave está en aprender a combinar los alimentos y prestar atención a la presencia de fibra, proteínas y grasas. “Yo siempre hablo mucho de la fibra, que es algo que ayuda siempre a bajar las glucemias”, señaló.
Por eso, alimentos como la papa o las legumbres no necesariamente tienen que desaparecer de la alimentación de una persona con diabetes. “No es no podes comer más o tenes que eliminar ese alimento, sino quizás sabiendo combinarlo con ciertos otros nutrientes, con proteína, por ejemplo, con grasas”, explicó.
También mencionó una técnica culinaria que puede modificar la respuesta del almidón de la papa: cocinarla y dejarla enfriar. “Al enfriar un carbohidrato baja ese índice glucémico, por la retrogradación del almidón”, indicó.
La clave está en agregar antes que sacar
Frente a las restricciones que suelen acompañar a determinadas enfermedades, la propuesta apunta a cambiar la lógica. “La clave está en saber agregar antes que sacar”, afirmó Bohigues.
En lugar de construir una alimentación alrededor de una larga lista de prohibiciones, se trata de incorporar nutrientes y combinaciones que permitan mejorar la calidad de lo que se come.
Las legumbres aparecen como un ejemplo. Lentejas, arvejas, garbanzos y porotos aportan carbohidratos, pero también una importante cantidad de fibra.
Así, “una ensalada que combine lentejas, huevo y diferentes vegetales puede convertirse en una alternativa nutricionalmente completa y, al mismo tiempo, alejada de la lógica de prohibición”, apuntó la especialista.
Las emociones también forman parte de la alimentación
La relación con la comida no puede analizarse dejando afuera las emociones. “Somos seres integrales. Somos seres que tenemos emociones. No somos una maquinita, no comemos solo porque tenemos hambre”, expresó.
El alimento también está relacionado con el placer, el encuentro y el bienestar. Un día agotador puede llevar a buscar determinados alimentos que generan satisfacción inmediata.
“El alimento da placer”, afirmó. Por eso, el objetivo no debería ser instalar culpa frente a determinados alimentos, sino comprender qué lugar ocupan dentro de la alimentación cotidiana. Y resumió esa mirada con una frase: “Todo lo que haga bien al corazón, les digo yo, también está bueno”.
Alimentación, movimiento y contexto
La alimentación tampoco puede pensarse de manera aislada del resto de los hábitos. “El plan de alimentación o lo que charlamos en consultas siempre tiene que estar acompañado de actividad. El cuerpo está preparado también para moverse”, explicó.
Caminar, sumar pasos y elegir una actividad física que resulte agradable son algunas de las posibilidades. En ese sentido, el entorno también puede favorecer la incorporación de hábitos saludables. La posibilidad de realizar actividad al aire libre y acceder a distintas propuestas deportivas puede convertirse en un estímulo para mantenerse activo.
“Siempre consultar con un profesional que va a hacer lo correcto y cómo debe adecuarse esa alimentación”, concluyó la nutricionista.
A la licenciada Mercedes Bohigues la pueden encontrar en Nos, Usina de Ideas, Consultorio de Neurorehabilitación Integral para Adultos, ubicado en la calle 14 de Julio 178.