Entrenar no es solo correr: fuerza, salud y bienestar en cada etapa de la vida
Puede ser una herramienta para mejorar la calidad de vida, pero requiere objetivos claros, estímulos adecuados y acompañamiento profesional. La fuerza, la coordinación, la flexibilidad y la resistencia son capacidades que deben trabajarse y sostenerse a lo largo del tiempo.
Empezar a entrenar no debería reducirse a perseguir un número en la balanza ni a exigirse resultados inmediatos. El ejercicio implica mucho más: preservar la masa muscular, cuidar los huesos, mejorar las capacidades físicas y también encontrar un espacio de encuentro, recreación y bienestar emocional.
Antes de comenzar cualquier actividad física, es necesario definir qué se busca modificar. “No existe un entrenamiento universal que sirva de la misma manera para todas las personas”, manifestó Walter Otharán, profesor de Educación Física, guía de grupos de entrenamiento.
En diálogo con Eco Salud de El Eco Multimedios, el profesor sostuvo que “si una persona viene a entrenar la pregunta es cuáles son tus objetivos, y a partir de ahí nosotros empezamos a programar la mejor forma de llegar a cumplirlo”.
El punto de partida, según planteó, debería ser una entrevista que permita conocer las necesidades y motivaciones de quien se acerca. “Puede tratarse de alguien que busca modificar hábitos, controlar su peso, recuperarse después de una enfermedad o prepararse para una competencia”, describió.
En ese sentido, Otharán recomendó “comenzar por algo tan sencillo como incorporarse a un grupo de entrenamiento. La compañía puede convertirse en una herramienta para sostener la actividad y evitar las excusas que muchas veces aparecen frente al frío, el calor, los horarios o el cansancio”.
Entrenar es mucho más que salir a correr
La actividad física no debería limitarse a una única capacidad, entiende el especialista, y en ese punto refirió que fuerza, resistencia, coordinación, reacción, potencia y flexibilidad forman parte de un conjunto que necesita ser estimulado.
“Como persona tenemos un montón de capacidades: coordinativa, fuerza, reacción, potencia, flexibilidad y deberíamos entrenarlas en forma particular”, sostuvo Otharán.
Con el paso del tiempo, esas capacidades tienden a disminuir si no son trabajadas. Por eso, “incorporar diferentes estímulos permite sostener la autonomía y la funcionalidad durante más años”.
Entre esas capacidades, el profesor de Educación Física resaltó que la fuerza ocupa un lugar central. “La pérdida progresiva de tejido muscular, conocida como sarcopenia, puede afectar la capacidad de desenvolverse de manera independiente y también tener consecuencias sobre la salud ósea”, apuntó.
“Hoy si vos me dijeras cuál es el tejido que tiene más valor en el mundo, que es impagable, sería el tejido muscular. Hay que mantenerlo estable en el hombre y en la mujer”, afirmó.
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Fuerza para cuidar músculos y huesos
El trabajo de fuerza puede realizarse mediante ejercicios con sobrecarga, siempre con una adecuada supervisión. “La ejecución correcta del movimiento y el control de la biomecánica resultan fundamentales para evitar sobrecargas y lesiones”, indicó.
En el caso de las mujeres, además, “el entrenamiento de fuerza adquiere particular importancia durante las etapas de cambios hormonales”.
“El músculo se agarra del hueso. Entonces, si tengo buen músculo, tengo buena estructura ósea, porque el hueso no es una estructura rígida, es una estructura flexible”, explicó.
Por eso, el objetivo no debería ser solamente ganar fuerza para realizar determinadas actividades, “sino conservar una estructura corporal que permita sostener la autonomía y la calidad de vida”.
La balanza no siempre cuenta toda la historia
Uno de los errores frecuentes al comenzar un entrenamiento con el objetivo de bajar de peso es medir todo el progreso exclusivamente a través de la balanza, destacó Otharán.
El trabajo de fuerza puede incrementar la masa muscular y, por lo tanto, hacer que el peso corporal no disminuya inmediatamente o incluso aumente. “Eso no significa necesariamente que no haya cambios positivos”.
Y en este punto, el profesor manifestó que “la balanza es el peor enemigo de la persona que quiere bajar de peso y está entrenando, que empieza a hacer fuerza, porque debe hacer fuerza, porque si yo aumento el tejido muscular, aumento el consumo”.
La transformación, explicó, también puede observarse en los perímetros corporales y en la composición del cuerpo. Por eso, “perseguir únicamente un número puede generar frustración y llevar a abandonar un proceso que sí está produciendo resultados”.
Caminar también es entrenar, pero el cuerpo necesita nuevos estímulos
Para quien está comenzando, caminar puede ser una excelente puerta de entrada a la actividad física, apuntó Otharán. Sin embargo, agregó que, “a medida que el organismo se adapta, es necesario modificar los estímulos para continuar progresando. Caminar está bueno, pero tiene sus limitaciones”, planteó.
Una posibilidad es alternar diferentes ritmos, incorporando progresivamente momentos de mayor intensidad. “No necesariamente significa empezar a correr: puede tratarse de caminar más rápido, disminuir el ritmo y volver a aumentarlo”, enumeró.
También pueden aparecer molestias, como el dolor de rodillas. “En esos casos, el trabajo de fuerza puede ser una herramienta para preparar el cuerpo antes de aumentar la intensidad”.
No hay una receta que funcione para todos
Un mismo ejercicio puede generar respuestas diferentes en personas de la misma edad. Por eso, la planificación debe contemplar las características individuales.
“Un mismo ejercicio tiene diferentes respuestas dependiendo de la persona”, explicó Otharán, por eso, “la consecuencia es clara: si un estímulo funciona para una persona pero no produce la respuesta esperada en otra, es necesario modificarlo”.
De allí la importancia de contar con un profesional formado, capaz de evaluar, adaptar y acompañar el proceso.
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El entrenamiento también tiene una dimensión emocional
La mirada sobre el ejercicio físico también cambió. Hoy, el bienestar emocional ocupa un lugar mucho más importante dentro de la actividad.
“La gente que se acerca a entrenar quiere un cambio y eso te está diciendo algo”, afirmó Otharán.
No todas las personas llegan con el objetivo de competir o alcanzar una determinada marca. Algunas buscan caminar, conversar, encontrarse con otros o simplemente salir de sus casas.
“Porque mucha gente llega simplemente para caminar y charlar con alguien. Ya eso es saludable, está dentro de lo que nosotros como profesionales les brindamos: un ámbito saludable”, indicó.
El propio entrevistado reconoció que su mirada sobre este aspecto también fue cambiando con los años. Proveniente de un ámbito competitivo, inicialmente le costaba comprender a quienes no buscaban correr o superarse permanentemente.
“Yo decía: ‘quiero que este corra, no quiero que camine, quiero que corra y que le gane al otro’. Después de un tiempo dije, bueno, no, pará, no es así. Eso es lo que quiere Walter, pero lo que Juan quiere es otra cosa”, referenció.
La conclusión fue aceptar que cada persona tiene una motivación diferente y que el entrenamiento debe poder alojar esas diferencias.
Tandil, un escenario privilegiado para moverse
El entorno natural de la ciudad ofrece, además, múltiples posibilidades para realizar actividad física. Sierras, caminos, espacios para caminar, correr o pedalear permiten combinar diferentes estímulos.
“Nosotros somos privilegiados en cuanto al entorno que tenemos”, destacó el profesor, quien consideró que la ciudad es un lugar especialmente favorable para quienes realizan deporte.
Pero más allá del lugar elegido, el aspecto social también puede convertirse en un motor para sostener la actividad. Los grupos permiten que cada integrante encuentre su propio ritmo y objetivo.
“Hay gente que va a caminar, hay gente que va a hablar, hay gente que va a competir. Y está perfecto. Son necesidades que hay que saber verlas”, remarcó.
Ver a la persona y no solamente su rendimiento
El rol del profesor de Educación Física excede la indicación de ejercicios. También implica observar cómo se mueve una persona, cómo se para, cómo habla y cómo se relaciona con la actividad.
“El profesor siempre tiene que tener la formación de vida, tiene que saber ver y no mirar”, expresó. Esa observación “permite detectar información que puede ser relevante para comprender el proceso de cada persona y adaptar el acompañamiento”.
A su vez, Otharán remarcó la importancia de la formación permanente y del trabajo interdisciplinario. “Yo debo tener 40 años de formación y todavía hoy en día me sigo formando porque obviamente las cosas van cambiando.”
En esa evolución también cambia la manera de entender el entrenamiento: “ya no se trata solamente de rendimiento físico, sino de una herramienta que puede contribuir a la salud, la autonomía, los vínculos y el bienestar”, afirmó.
Empezar acompañado
La invitación final es a animarse a dar el primer paso, sin esperar transformaciones inmediatas y sin convertir la balanza en el único indicador de progreso.
“Todo lo que se haga para uno, porque es para uno, es beneficioso”, resumió, al tiempo que agregó que entrenar, entonces, puede significar correr, caminar, hacer fuerza, pedalear o simplemente compartir un momento con otros. Lo importante es encontrar aquella actividad que permita sostener el movimiento y construir, de manera progresiva, una mejor relación con el propio cuerpo”.
Al profesor Walter Otharán lo pueden encontrar en Avenida Lunghi 1071 o a través de su cuenta de Instagram @activoentrena